Y es espejo, Jesús, sigue allí, y nos invita a mirarlo.
El mismo nos corre el velo de nuestros ojos, corre la piedra de nuestros sepulcros, nos despierta a la Vida resucitada que ya está en nosotros, entre nosotros, en la creación entera.
Una Vida y una Presencia que nos habita como la verdad más profunda de nuestra existencia; y que habita todo lo que existe.
Esta es nuestra fe. Esta es nuestra esperanza
Nos detenemos a mirar la belleza de la resurrección