Nuestra vida cotidiana está surcada por pequeñas pausas de silencio.
Todo comienza cuando la noche cede, silenciosamente, su lugar a la luz...
Allí se espejan los infinitos instantes que esperan ser descubiertos
por nuestra mirada atenta, detenida, amorosa, presente.
En esas pequeñas pausas somos restaurados,
somos devueltos a nuestra humanidad.