Los romanos conocían con el nombre de bárbaros a una serie de pueblos que habitaban la Europa septentrional, más allá de las fronteras del imperio. En el siglo V d. C., aprovechando el período de máxima debilidad y caos político del imperio romano irrumpen en él atraídos por sus riquezas y su superior nivel cultural. Desde antiguo los emperadores habían pactado con algunos de esos pueblos permitiéndoles vivir dentro de los límites del imperio con la finalidad de tenerlos como aliados y protectores de sus vastas fronteras; los romanos preferían verlos como colonos que como hordas errabundas y depredadoras. La mayoría de ellos todavía eran nómadas, cazadores y recolectores.
Las principales de estas tribus bárbaras eran: los burgundos y francos, que ocuparon las Galias; los visigodos, oriundos de las tierras del norte que llegarían a ocupar y establecerse en toda la península Ibérica, la antigua Hispania; los vándalos del Danubio; los germanos de centro-Europa; los lombardos y los anglos, que vivían en las riberas del Elba y que más tarde emigrarían a Britania; los suevos que llegarían a establecerse en Galicia. Posteriormente llegarían a europa hordas que vivían en Asia central, más allá de los Urales, los temidos hunos y mongoles.
Como pueblos cazadores y recolectores, valerosos y guerreros, consideraban una bajeza o cobardía obtener por el trabajo lo que se podía obtener fácilmente por la violencia. Se habían convertido desde antiguo al pastoreo; como no producían suficiente para su subsistencia se vieron obligados a practicar la agricultura pero sin establecerse de modo definitivo, pues abandonaban los campos buscando nuevos pastos cuando las tierras habían quedado esquilmadas. Principalmente cultivaban pequeñas parcelas de avena, cereal que era utilizado conjuntamente por las personas y el ganado.
Con el establecimiento de estos pueblos en los territorios del Imperio Romano, terminaron por romanizarse, es decir por adoptar y adaptar los avances culturales que la tradición romana les legaba, lo que significó un refinamiento de sus costumbres y una mejora en los procedimientos técnicos que les llevaría a aumentar la calidad de su dieta alimenticia.
El reino visigodo arriano
En el 414 comienza a haber presencia goda en Hispania. Tras el foedus de 418 el reino visigodo comienza a configurarse de la mano de Teodorico I (418-451).
El primer código de leyes visigodo, Codex Eurici, promulgado durante el reinado de Eurico (466-484) no parece ningún tipo de legislación en contra de los judíos. No ocurre lo mismo en la Lex Romana Visigothorum (506) de Alarico II (484-507).
El arrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas expuestas por Arrio, un presbítero de Alejandría, probablemente de origen libio. Algunos de sus discípulos y simpatizantes colaboraron en el desarrollo de esta doctrina teológica, que sostenía que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios mismo.
Coronas votivas visigodas del Tesoro de Guarrazar
La conversión de Recaredo, de Antonio Muñoz Degrain, 1887.
Recaredo I (¿? – Toledo, 21 de diciembre del año 601) fue rey de los visigodos desde el 586 hasta el 601, cuando murió en Toledo. Hijo y sucesor de Leovigildo, combatió a los francos, a los bizantinos (aún presentes en el litoral andaluz) y a los vascones, y hubo de sofocar varias revueltas de los nobles visigodos.
El hecho más destacado de su reinado se produjo en 589, cuando convocó el III Concilio de Toledo en el que, junto con varios nobles y dignatarios eclesiásticos, abjuró del arrianismo y se convirtió al catolicismo, con lo que llevó a cabo la unificación religiosa entre visigodos e hispanorromanos, a la que aspiró su padre de forma inversa y quien, al parecer y paradójicamente, le aconsejó esta vía.
Fíbulas visigodas Museo Arqueológico Nacional
Los visigodos que establecieron su primer reino en el sur de Francia, en Aquitania, y pusieron su capital en Tolosa; fueron expulsados hacia el sur por los francos en el siglo VI y terminaron conquistando nuevos territorios en la península Ibérica, pasando su capital a Toledo. Al contrario de lo que sucedía en los últimos tiempos del imperio romano, en los que se producía una emigración de las gentes campesinas hacia las ciudades, con los visigodos comenzó a darse el fenómeno contrario, pues las familias comenzaron a desplazarse de nuevo hacia el campo, abandonando las costumbres ciudadanas para volver a sus tradicionales costumbres rurales; esto fue debido en parte a que la nobleza invasora gustaban del ámbito campesino, donde podían llevar una vida al aire libre, más propio de sus costumbres nómadas y cazadoras. Estos magnates vivían en amplias posesiones rodeados de su corte y siervos.En el seno de la sociedad hispanogoda, la división que de forma más clara y trascendente dividía a las personas, es la que lo hacía en nobles, libres, semilibres y esclavos. En los nobles, se integraba tanto la antigua nobleza goda, perteneciente a los linajes de más tradición, como aquellos que se habían ennoblecido por su vinculación, mediante un juramento de fidelidad, al rey o a algún noble muy importante, es decir, los fideles o gardingos (los miembros del comitatus) del rey o de los nobles más importantes; en general todos ellos recibían la denominación de seniores. A su lado, la antigua nobleza hispanorromana se había integrado perfectamente en el seno de la nobleza de la sociedad hispanogoda. Estaba constituida, esencialmente, por grandes terratenientes que pertenecían a la clase de los senatores que, en ocasiones, descendían de antiguos comerciantes enriquecidos, transformados en propietarios agrícolas ante el cariz que empezó a tomar la vida comercial a partir de la crisis del siglo III. La mayor parte estaban vinculados —o lo habían estado— a las curias municipales y al gobierno provincial.
Por lo que respecta a las clases o estamentos sociales que sin ser esclavos tampoco eran libres, parece que fueron muy abundantes en la España visigoda las personas, que, siendo en principio libres, veían limitada esa libertad por el hecho de no poder abandonar la tierra que trabajaban o al señor al que estaban encomendados. Así, los bucellarii hispanorromanos del bajo imperio, en virtud de su encomendatio a un latifundista, del que recibían protección, se veías obligados a permanecer junto a éste para prestarle ciertos servicios al margen de que le cediesen o no su tierra (para volver a recibirla luego de él); en virtud de la obligatoriedad de la prestación de estos servicios, losbucellarii, a pesar de ser en principio libres, veían su libertad limitada de hecho por la precisión de permanecer junto a su patrono para prestarle aquéllos.
En el escalón más bajo de la sociedad hispanogoda estaban los siervos o esclavos, caracterizados por carecer, al menos en principio, de personalidad jurídica, siendo considerados como cosas.(http://germanicus.com.ar/Visigodos/cuarta_parte.htm)
Monedas de Recaredo I
Reyes visigodos del Códice Vigilanus
Revueltas bagaudas: rebeliones, conocidas como las revueltas bagaudas, que se dieron en Galia e Hispania durante el Bajo Imperio, y que continuaron desarrollándose hasta el siglo V. Sus integrantes eran principalmente campesinos o colonos evadidos de sus obligaciones fiscales, esclavos huidos o indigentes. El vocablo puede tener un doble origen, bien una raíz latina que significa «ladrón», bien una de origen céltico que significa «guerrero».
Se tienen descripciones documentadas del siglo VII en las «Originum sive etymologiarum libri viginti» (denominado de forma abreviada como: Etimologías) de Isidoro de Sevilla en el libro XX titulado: "Acerca de las provisiones y de los utensilios domésticos y rústicos" menciona las costumbres así como algunas preparaciones culinarias, como la elaboración cocidos y potajes con legumbres (denominadas faselum). Los visigodos preparaban el pulte, un puré a base de harina de trigo o de mijo a la que añadían legumbres machacadas.
Completísima web sobre los visigodos en Hispania.
Los alimentos que se consumían en la España visigótica eran los mismos que en la época romana, constituyendo los cereales una de las bases de la alimentación. Se cultivaban el trigo, el mijo, y otras variedades que eran molidos toscamente para preparar papillas con la harina. También se hacían distintos tipos de pan: cibarius, basto y poco delicado , se daba a los siervos; fermentacius, confeccionado con levadura; azimus, el que no la llevaba; acrozymus, fermentado ligeramente; ribidus, pan moreno y recocido, etc. También se hacían diversas labores pasteleras todas a base de miel que era el único edulcorante conocido. Como cazadores y ganaderos tenían predilección por la carne, tanto de aves como de los animales salvajes. La de cerdo era la más estimada pero también comían la de oveja y vaca. Los visigodos aprendieron de los hortelanos hispano-romanos el cultivo de las legumbres que adaptaron a su dieta rápidamente y en toda su diversidad. Lo mismo ocurrió con las hortalizas y las frutas. Parece que puede apuntarse la posibilidad de que fueran ellos los que introdujeron en la Península el cultivo de las alcachofas, las espinacas y también el lúpulo, con el que perfeccionaron la elaboración de la cerveza. También fomentaron, mediante ciertas disposiciones oficiales, el cultivo del manzano para la fabricación de sidra. Sin duda fueron grandes bebedores de vino y sidra.
El tiempo de los Visigodos en Hispania, de aquellos que llegaron desde el norte, iba a ser reemplazado por otra invasión, esta vez desde el sur, gente que venía a instalarse para muchos siglos y cuyas repercusiones en la cultura alimentaria de la península serían enormes, mejorándola en su cantidad y en su calidad: el Islam.
Los visigodos inauguraron la Edad Media en la península ibérica. La alimentación durante la Edad Media difiere mucho si hablamos de la Iberia cristiana o la musulmana. Aquí os dejo un enlace a un blog que nos da algunas ideas sobre la alimentación en la Edad Media. http://comidasmedievales.blogspot.fr/