Ahora imaginemos que, ya has cruzado, ya has superado el horizonte de eventos y ahora qué pasa. Y es que aquí, hay una diferencia clave y es que depende, depende del agujero negro en el que hayas caído. Si caes en un agujero negro de masa estelar, de esos que se forman cuando una estrella grande explota en una supernova, las fuerzas de marea te matan, incluso antes de cruzar el horizonte. ¿Qué son las fuerzas de marea? Pues que la gravedad en tus pies es muchísimo mayor que en tu cabeza porque tus pies están más cerca del centro. Esa diferencia es tan brutal que te estira como un espaguetti hasta desintegrarte completamente. Los físicos llaman a esto espaguetificación, y me parece alucinante, ya que básicamente estás descubriendo algo que te convierte en fideos cósmicos. Pero si caes en un agujero negro supermasivo como Sagitario A, eso es otra cosa. Sagitario A, es el agujero negro que vive en el centro de nuestra galaxia y que tiene 4 millones de veces la masa de nuestro Sol. El horizonte de eventos es tan absurdamente grande que las fuerzas de marea prácticamente son imperceptibles. Cruzas sin ningún rasguño sin ningún tipo de señal y luego una vez dentro, pueden pasar segundos, minutos. Tienes un rato largo para mirar a tu alrededor y lo que verías sería esto, toda la luz del universo, todas las galaxias, todas las estrellas, comprimidas en un punto brillante cada vez más pequeño detrás de ti, como si el cosmos entero se encogiera, delante nada, oscuridad total y algo más perturbador. El tiempo y el espacio han intercambiado sus papeles. Fuera del agujero podías moverte por el espacio libremente en cualquier dirección. Aquí ya no, la única dirección posible es hacia delante, hacia el centro. No puedes evitar la singularidad al mismo tiempo que no puedes evitar el futuro. Da igual lo que hagas, cada segundo que pasas en un agujero negro te acerca más al centro. Es tu destino, es literalmente tu futuro. Y ya sabemos lo que encontramos ahí. Efectivamente, la singularidad. Según la teoría de la relatividad general de Einstein, toda materia que caiga en un agujero negro terminará comprimida en un punto con densidad infinita y volumen cero. Y aquí viene el plot twist que os prometí al principio. En física, cuando el infinito aparece en los cálculos, no es una respuesta, es una señal de alarma, una señal que dice la teoría ha llegado a su límite. Es como si tu GPS te dijera gira la izquierda, hacia la cuarta dimensión, no significa que exista ese giro. Significa que el GPS se ha vuelto loco. Lo mismo ocurre con la singularidad. Einstein nos dio el mapa más preciso del universo a gran escala que tenemos, pero en el centro de un agujero negro. Ese mapa deja de mostrar la verdad. La singularidad podría no ser un lugar real. Podría ser el punto exacto donde la relatividad general falla y los físicos lo saben desde hace décadas. La singularidad es la señal de que necesitamos una física mejor. Necesitamos llegar al siguiente paso, una física que una, la relatividad general con la mecánica cuántica, una teoría de gravedad cuántica, una teoría que todavía no tenemos. Pero aunque dejemos de lado la singularidad, queda un problema enorme, la paradoja de la información. La mecánica cuántica tiene una ley sagrada, la información nunca se destruye. Si rompes algo, los pedazos siguen ahí. Si quemas un libro, el humo, las cenizas y el calor contienen en principio toda la información de ese libro. En la práctica no la puedes recuperar. Pero la información no ha desaparecido del universo. Ahora imagina que ese libro cae en un agujero negro y el agujero negro, como demostró Hawking, va evaporándose poco a poco emitiendo radiación. Cuando el agujero negro desaparezca del todo. ¿Dónde queda la información del libro? ¿Ha desaparecido realmente? La relatividad de Einstein di ce sí. La mecánica cuántica dice no. Dos teorías que nunca se equivocan, contradiciéndose la una a la otra. Así que os presento el conflicto más grande que hay actualmente en la física moderna, y los agujeros negros son su campo de batalla.