El proyecto “Colores que inspiran”, desarrollado por el alumnado de 1º de Bachillerato de Artes dentro de la asignatura de Proyectos Artísticos, nace con la idea de repensar los espacios educativos a través del color y el diseño. El objetivo es que los propios estudiantes reflexionen sobre cómo el entorno influye en el bienestar, la motivación y la capacidad de aprendizaje, aplicando sus conocimientos artísticos a una propuesta real para el centro: la pintura y ambientación de las aulas de tutoría.
Antes de comenzar con el diseño, los alumnos realizaron una investigación sobre la psicología del color y su impacto en la concentración, la calma y la creatividad. Analizaron cómo los tonos fríos (como azules y verdes) pueden favorecer la atención y la relajación, mientras que los cálidos (amarillos, naranjas o rojos suaves) estimulan la energía, la comunicación y el pensamiento creativo. También estudiaron cómo la saturación, la iluminación y las combinaciones cromáticas pueden modificar la percepción del espacio, generando ambientes más amplios, acogedores o dinámicos según el objetivo educativo.
El proceso se desarrolló siguiendo la metodología Design Thinking, una forma de trabajo basada en la empatía, la creatividad y la experimentación.
En la fase de empatizar, los estudiantes observaron las aulas de tutoría, analizaron cómo se usan y cómo se sienten los alumnos en ellas.
En la fase de definir, identificaron las necesidades y los objetivos: crear espacios que favorezcan la concentración, la convivencia y la expresión emocional.
Durante la ideación, generaron múltiples ideas de diseño y paletas de color.
En la etapa de prototipado, desarrollaron sus bocetos y simulaciones digitales, aplicando los colores a las paredes, pilares, puertas y tabicas de la tarima.
Finalmente, en la fase de evaluación, presentaron sus propuestas, reflexionando sobre su coherencia estética, funcionalidad y posible aplicación real.
En grupos de tres o cuatro personas, los estudiantes eligieron un tema común que diera coherencia a cuatro propuestas diferentes, cada una con su propia gama cromática o tonalidad dominante. Las temáticas fueron tan variadas como personales: reinterpretaciones de obras de arte, evocaciones de las estaciones del año, referencias a películas, pantallas de videojuegos, o universos visuales inspirados en Alicia en el País de las Maravillas.
Tras la fase grupal, cada estudiante realizó una propuesta individual, combinando dos de las temáticas trabajadas —ya fuera por su propio grupo o por otros compañeros—, para desarrollar una versión más personal y creativa de lo aprendido. Este trabajo final les permitió profundizar en la coherencia visual, la armonía cromática y la función comunicativa del color, además de fomentar la autonomía y la reflexión estética.
“Colores que inspiran” se convirtió así en un ejemplo de cómo el arte y el diseño pueden tener una aplicación práctica y significativa dentro del entorno escolar. Los estudiantes no solo aprendieron sobre teoría del color, sino también sobre cómo el diseño puede mejorar la vida cotidiana y transformar los espacios educativos en lugares que realmente reflejen los valores del aprendizaje, la creatividad y el bienestar emocional.