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> Carrera no. 19 del GP mundial.
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Los flashes de las cámaras venían de todas partes, cegándolo por completo. Los reporteros se amontonaban y se empujaban con una violencia espectacular, buscando llegar antes hasta él.
Le gritaban preguntas por todos los flancos, pero no estaba listo para responderlas todavía, con el rostro inflamado y la nariz rota.
El equipo médico lo había vendado de manera provisional mientras llegaba al hospital más cercano para recibir atención. El problema era que no podía respirar y eso comenzó a llenarlo de pánico pues incluso sus intentos de dar bocanadas eran bloqueados por las gasas que le cubrían el rostro.
“¡Miles! Eras el futuro campeón del mundo ¿qué sientes ahora después de esta suspensión?”
Se sentía al borde del colapso, pero no había llegado hasta allí por ser sensato al momento de responder las preguntas de la prensa.
Sus labios se curvaron en una media sonrisa que más parecía un desafío que una muestra de simpatía. Incluso se pasó una mano por los rizos empapados antes de contestar.
—¿Qué siento? Que la FIA me robó el campeonato, básicamente. Pero… no sería la primera vez que alguien intenta ponerme freno, ¿no? —soltó dejando salir una risa, cargada de arrogancia.
Quería pretender que el castigo no le pesaba.
Fue cuando se encogió de hombros y en lugar de morderse la lengua como solía pedirle Graham, continuó.
—La suspensión no me quita el talento. Sigo siendo el tipo al que todos quieren vencer. Y créeme, cuando vuelva, voy a hacer que se arrepientan de haberme dejado fuera.
Las exclamaciones después de cada una de sus respuestas eran atronadoras. Su padre no iba a estar feliz, pero estaba acostumbrado a ello.
Una bloguera muy famosa se abrió paso hasta él y preguntó lo que probablemente, todos ansiaban saber:
“¡Miles! ¿Quién dio el primer golpe?”
Aun sentía el regusto metálico de la sangre en la lengua. Y a pesar de la constipación en la nariz, todavía tenía el olor a caucho, sudor y lima presente. El recuerdo se reprodujo demasiado nítido en su mente: los cascos estrellándose contra el suelo junto a las balaclavas, empujones, gritos, heridas y confusión.
Sus manos amenazaron con comenzar a temblar, pero fueron a parar hacia el cierre de la chaqueta naranja del equipo. Entonces se subió la cremallera, mirando a la cámara fijamente.
—Me ofende tu pregunta, pero lo diré bien claro para que no haya dudas: yo di el primer golpe. —mintió, ocasionando más caos a su alrededor.
“¡Miles! ¿Hay algo que quieras decirle a tus fans y a las fans de Adrien?”
Porque, claro, ellas serían las más preocupadas y lo que necesitaba era una base sólida. Las apariencias eran muy importantes y necesarias.
—¿Mis fans? —repitió la pregunta a propósito, mordiéndose el labio de manera seductora, lleno de ese ego que parecía encandilarlas.— Les diría que no se preocupen. Este incidente no va a frenarme, porque ellas siguen siendo mi motor… Y a las de Adrien... bueno, que se relajen. Él sigue entero, ¿no? —sonrió con burla, el ruido que había hecho el cuerpo de Renaudd estrellándose contra el falso plafón retumbando en su ser todavía.
—Solo somos dos pilotos que quieren lo mismo. La tensión del campeonato… y bueno, ya sabemos quién no acepta que yo soy más rápido. —guiñó un ojo, sabiendo lo que causaría.
Era el dueño del momento y lo sabía.
El silencio de su compañero no haría más que reafirmar sus palabras para que todo saliera justo como lo esperaba.
“¡Una última pregunta, Miles! ¿Cómo quedó Adrien?”
Tenía el poder de hundirlo. De tomar venganza. Todos ahí lo sabían porque incluso contuvieron el aliento, esperando por sus siguientes palabras.
Podía decir cualquier cosa, pero ya había tomado su decisión.
—¿Saint Adrien? No sé, no me quedé para ver… Pero si están tan preocupados, pregúntenle ustedes. Seguro sabe hablar por sí mismo... cuando no está estrellando coches, claro.
La tensión fue reemplazada por risas incómodas.
Pero cuando Miles volvió a sonreír, sus ojos no reflejaban burla, si no una sombra de algo que nadie pudo descifrar.
Su manager llegó justo a tiempo para llevárselo de ahí, antes de que la situación se saliera de control.
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Narrativa ; 439 palabras