🏎️
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀
> Gales, durante el verano.
> Cinco años atrás.
⠀⠀⠀⠀
El verano en Mónaco era verdaderamente insufrible, el calor y la humedad haciendo estragos incluso adentro de su departamento, en donde Miles permanecía tumbado en la cama, haciendo scrolling en su red social predilecta.
Su círculo social “cercano” gozaba de las vacaciones en yates privados y hoteles de lujo, con sus parejas en bikinis demasiado pequeños y bastantes cócteles encima.
Perlas de sudor le corrían por el torso desnudo, demasiado acalorado como para hacer más que solo existir. Y además, todavía no se recuperaba por completo de la cruda de la noche anterior.
Comenzaba a sentirse pegajoso e incómodo, llegando a considerar tomar una ducha helada cuando llegó a una publicación de Adrien Renaudd, quien estaba a nada de coronarse como el campeón de Fórmula 2.
Era uno de esos videos propios de las escuderías, en donde las cámaras seguían a los pilotos estrella por todas partes.
Su rostro salpicado de pecas apareció en primera plana, contagiándose de su sonrisa. Lo seguía desde hacía tiempo, pero tenía mucho más sin hablarle o verlo en persona.
Su voz… ya era diferente.
Y su cuerpo también.
Frunció el ceño al verlo luchando contra el nómex, su musculatura marcada por los entrenamientos y su pequeña cintura, resecándole la garganta por la sorpresa.
Regresó el video y pausó, haciendo zoom para poder estudiarlo mejor, algo desconocido retorciéndose en su vientre de la peor manera mientras el corazón se le aceleraba en el pecho.
Se encontró mordiéndose el labio inferior con fuerza, pero también relamiéndose.
En cuestión de segundos, todo en su cuerpo comenzó a arder de una manera única y diferente que nada tenía que ver con el clima y que no solía pasarle cuando las chicas se desvestían frente a él, antes de ir a la cama.
Sus pupilas se dilataron, y sin saber por qué, sus ojos viajaron por toda su habitación, aterrorizado de que alguien pudiese estarlo observado aunque se encontrara absolutamente solo.
La conversación que había tenido con su compañero se reprodujo en su cabeza, tintándole las mejillas de rojo.
“Tú necesitas un buen revolcón.”
Porque, claro, el estrés era mucho mayor ahora y ya le estaba cobrando factura. ¿Qué le había respondido? Nada más que la verdad, al sentirse en confianza.
“Es que lo he intentado, pero no termino por sentirme bien… Solo… no lo disfruto.”
Tenía experiencia previa y suficiente conocimiento al respecto pero era un tema que aún le avergonzaba y que no podía ni quería, hablar con su madre.
Su padre jamás sido una opción.
“Miles… ¿Te masturbas?”
Beber más rápido el cóctel no le ayudó a escapar de la respuesta y terminó por recordar las conversaciones en el internado.
“Lo normal.”
Sin embargo, ¿qué era lo normal…? Sí el español supo que mentía, no se lo dijo.
“¿Quién es el objeto de tu deseo? ¡No me digas! Sólo… piénsalo. Mira, recuéstate. Cierra los ojos y tráelo a ti. Tócate.”
Su mano ya estaba bajo el traje de baño, porque, por primera vez, nadie había tenido que frotarse sobre él ni hacer absolutamente nada para endurecerlo así.
“Piensa que está ahí contigo.”
El ruido que escapó de su boca le asustó un poco, pero el escalofrío que le siguió al traer a Pecas ahí, lo hizo desconectar.
Su piel de porcelana refrescándolo, las yemas de aquellos dedos paseándose sobre su torso y acariciándole los labios para después comenzar a besarlo mientras se empapaba con su excitación al masturbarse.
—Ah… Adrien… —gimió su nombre, contra la almohada, su espalda arqueándose de una manera hasta entonces desconocida para él.
¿Qué estaba haciendo? El ruido era demasiado obsceno, pero tampoco quería detenerse, la ilusión subiendo de intensidad.
Quería… probarlo. Y que Pecas hiciera lo mismo con él. Quería que lo mirara con esos ojos avellana desde abajo, mientras le llenaba la boca y lo sujetaba de los cabellos rubios. Quería escucharlo repetir su nombre.
Su otra mano había dejado caer el celular hacía tiempo para sujetar con fuerza las sábanas debajo suyo, mientras se retorcía y todo se acumulaba, rogando liberarse.
Entonces se dejó ir y comprendió porque sus compañeros lo hacían a diario y parecían tener una híper fijación con ello.
El clímax llegó acompañado de contracciones musculares rítmicas e involuntarias, haciéndolo gritar eufórico mientras se derramaba caliente y espeso sobre su ropa y su piel bronceada, el nombre de su amigo atrapado en su garganta.
Tan increíble y sorprendente… hasta que recordó que Adrien Renaudd era su amigo.
Su mejor amigo.
La culpa llegó inmediatamente después.
Se puso de pie con rapidez para llegar al baño, en donde se metió bajo la ducha helada, todavía con las piernas temblorosas y la visión un tanto borrosa.
¿Qué había hecho?
¿Por qué lo había hecho?
¿Por qué se sentía tan sucio si se había sentido tan bien en ese momento?
No se dio cuenta de que sollozaba hasta después, cuando la niebla post orgásmica se disipó.
Solo entonces pudo sentarse en el suelo para que el agua siguiera estrellándose contra su espalda, rogando que pudiera llevarse la vergüenza que ahora sentía.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
⠀⠀⠀⠀❛⠀⠀⠀⠀
⠀⠀⠀
Narrativa ; 805 palabras
200 semillas 🫘