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> En algún lugar de Gales.
> Durante el Internado.
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El comedor estaba abarrotado de estudiantes adolescentes y el murmullo de todas aquellas voces lo tenían con la mirada perdida en el plato de puré y judías verdes, tan insípidos como el uniforme tipo Oxford que debía llevar.
Sus compañeros de curso bromeaban y charlaban de algo que no le interesaba, Miles intentando hacer recuento mental de los días que faltaban para la siguiente carrera de F3 a la par que intentaba recordar las fechas aproximadas de la F4.
—¿Y tú Miles…? ¿Lo haces? —lo interrumpió el líder del grupo, palmeándole el hombro quizá con más fuerza de la necesaria para sacarlo de su ensoñación.
—¿El qué? —frunció el ceño, confundido.
—Masturbarte. ¿Te masturbas? —repitió, el resto a su alrededor zafándose de risa al mismo tiempo como si de algún modo estuviesen programados para hacerlo.
—Ah, claro… Todo el tiempo. —mintió, esta vez paseando su mirada por todas partes, buscando a Nicholas mientras recibía exclamaciones de admiración falsas y el mundo continuaba a su alrededor.
“¿Senos enormes o un buen trasero, firme y redondo?”
“Leroy ha dicho que piensa en la señorita Mallory. ¿Pueden creerlo? Podría ser su madre.”
Era verdad que llegado a cierta edad algunas cosas empezaron a cambiar en él, como esa electricidad constante y verdaderamente incómoda en su entrepierna justo a mitad de la noche, cuando terminaba las sesiones de Polo y cuando sus pantalones lo rozaban de más.
La diferencia era que, mientras el resto de chicos encontraba aquello emocionante, Miles solo podía sentir vergüenza. Incluso había intentado entender de lo que todos hablaban cuando le prestaron la revista de modelos en bikini que pasaba religiosamente por todos los grados.
No funcionó para nada.
Solamente lo llevó a pasar una semana entera evitando pensar en ello y sin mucho apetito al recordar que su propia madre había posado alguna vez para revistas como aquella.
—Miles… —escuchó que volvían a llamarlo, antes que la suerte lo abrazara cuando Nicholas también lo llamó desde al final del pasillo, agitando el periódico de deportes.
—LOCKRIDGE ¡LO ENCONTRÉ!
—Lo siento, debo retirarme. —fingió tristeza, tomando su plato antes de ponerse de pie y alejarse de ahí para realmente aprovechar los quince minutos restantes del almuerzo, sus dedos hormigueando por la necesidad de tener aquellas páginas entre ellos.
De todas formas, Nicky ya tenía un resumen bastante completo para él cuando comenzaron a subir las escaleras hasta el dormitorio que compartían.
—Tu chico húngaro está triunfando en F4. Igual y te alcanza pronto. —anunció el castaño mientras le tendía la página adecuada que los ojos de Miles devoraron de inmediato, a pesar de que su cerebro cambiaba las letras de lugar y no entendía mucho.
—No es mi chico. —aclaró de inmediato, a pesar de sus mejillas ruborizadas y el calor que sentía subirle por el cuello—. Es… mi mejor amigo.
Nicholas no se reía de él ni lo molestaba como el resto, pero sí que le preguntaba mucho sobre los autos, las temporadas y también sobre Adrien.
—Ah, me ofende. Creí que ese era yo. —lo escuchó decir, fingiendo estar ofendido.
—¡Nicky! —dejó escapar una risa, antes de señalar una palabra del texto—. ¿Qué dice aquí…? No entiendo.
—Dice que Adrien Renaudd es afortunado.
—Mientes. Solo es una palabra.
—No, que no. Eso dice ahí.
—Pero…
—Nunca te he visto mirar a nadie como lo miras a él—.
Lockridge había pasado por toda la paleta de colores para cuando se tumbó en su cama, para cambiar el tema, aunque Nicholas no insistió más.
—¿Por qué no aprovechas el fin de semana para ir a verlo? —le sugirió. Y aunque le parecía una idea fantástica, las fechas no se acomodaban. Miles solo era un chico y no podía estar en dos lugares al mismo tiempo y a la misma hora, por mucho que lo deseara.
—Pecas es muy bueno, Nicky. Sé que ganará y algún día nos volveremos a encontrar. —soltó al final, con los ojos llenos de lágrimas.
—Apuesto a que sí. Ya los veo siendo compañeros de escudería en F1. Y ya me veo recibiendo postales navideñas autografiadas por ambos—.
Y aunque pareciera una simple broma, Miles sintió la verdadera ilusión en el pecho.
¿Y si llegaban juntos a F1? Mejor aún, ¿y si se convertían en compañeros?
La sonrisa no lo abandonó el resto del día, ni siquiera al comenzar la aburrida clase de trigonometría.
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Narrativa ; 728 palabras
#Chamomile #EVG_FEEL04
200 semillas 🫘