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> En algún hospital privado de Galos.
> Después del Incidente.
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El olor del antiséptico lo tenía mareado.
Su entrevista se estaba transmitiendo ya en varios canales y se vio en la necesidad de apagar la pantalla frente a él.
La luz en la habitación era tenue, el regusto a sangre todavía incordiando su lengua.
El cirujano le había dado el alta hacía un par de horas, pero el lobby estaba infestado de reporteros al igual que las calles colindantes, esperando por él.
Su manager tenía confiscado su móvil, así que lo único que podía hacer era jugar con las cuentas de los brazaletes de amistad que le habían entregado sus fans.
El dolor en su nariz había aminorado, pero ahora comenzaba a sentir la molestia en sus músculos.
Su cuerpo brincó por el susto cuando Graham abrió la puerta para irrumpir en su burbuja. Le bastó con mirar su postura rígida para saber que estaba cabreadísimo.
Tanto, que creyó no le dirigiría la palabra.
Sin embargo, ocurrió.
—He hablado con la escudería y con Harry. Adrien no va a dar declaraciones. Ni una palabra. Dice que fue "una discusión entre compañeros de equipo" y que quiere que quede así. —anunció, llegando frente a él para cruzarse de brazos—. Tienes la nariz rota. A Reanudd solo le vendaron la mano.
Fue cuando Miles sonrió sin humor, sin levantar la vista siquiera. La pregunta que Graham no había hecho estaba implícita.
Entonces pasó la lengua sobre sus labios ahora resecos, la verdad bailando en sus comisuras aunque no pudiera decírsela.
¿Eran notas de lima? ¿De naranja? Negó con la cabeza, frustrado y confundido.
—Soy el que puede cargar con eso… —respondió, sin titubear siquiera—. Él no.
Ya no se trataba nada más de la reputación del niño de oro, si no de su futuro inmediato.
Lo conocía. No podría comprar su puesto en ninguna escudería con una mancha de ese tipo en su currículum. No tan fácil como él, al menos.
Escuchó que el mayor suspiraba sonoramente, pero no le dijo nada más.
Solo le pasó una botella de electrolitos antes de que dos de sus tres celulares comenzaran a timbrar, marchándose de ahí con la misma rapidez que había llegado.
Terminó pasándose las manos por los rizos de sus cabellos y ahí, en soledad, las lágrimas comenzaron a correr calientes por sus mejillas, su cuerpo temblando lastimosamente.
¿Y qué del campeonato mundial?
¿Qué de los trofeos? ¿De los títulos?
¿Qué del resto de la temporada?
¿Qué de él?
La brutalidad con la que se tragó todo fue tal, que sintió un dolor terrible en el pecho.
Se limpió la cara y se obligó a tomar aire.
—A la m*erda si no puedo tenerlo. —mintió, poniéndose de pie con un movimiento rápido, tomando la chaqueta naranja del respaldo para ponérsela y salir a enfrentar la realidad, con la máscara de siempre.
“A la m*erda si no puedo tenernos”.
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Narrativa ; 455 palabras
455 estrellas ⭐