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> Salón de la Casa Renaudd.
> Durante la primer vida de Miles.
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Limpiar la sala de estar era un verdadero dolor en el trasero cuando Adrien Renaudd no estaba ahí, con el rostro enterrado en algún libro. Sin embargo, no podía simplemente incumplir con la tarea.
Así que se dirigió hacia allá, cambiando cortinas, puliendo suelos y sacudiendo el polvo sobre la gran chimenea y los marcos de oro desde donde los ancestros de su señor lo estudiaban con atención.
Si bien Miles hacía gala de una estatura promedio, algunos quedaban más allá de su alcance por lo que debía hacer uso de una escalera que crujía y se tambaleaba peligrosamente debido al desgaste y la edad.
Esa tarde, mientras pulía con suma concentración los cristales del gran candelabro, uno de los peldaños de madera cedió bajo su peso, haciéndolo tambalear.
Lo primero que sintió, fue un miedo instintivo y primitivo que lo hizo jadear, aterrado.
Pero después, un par de manos heladas lo sujetaron de la cintura, atrayéndolo de forma indecorosa, hasta sentirlo firme contra su cuerpo. Y si bien aquel juego comenzaba a volverse bastante común entre él y el futuro Duque, la voz que le habló y reverberó por todo su ser no era la del rubio de ojos castaños.
—Ya te tengo—.
Anunció Damien Auguste, demasiado orgulloso de sí mismo, al hacerlo aterrizar sobre las relucientes baldosas. Fue cuando se separó de inmediato, con el corazón demasiado acelerado por la vergüenza y algo que no supo nombrar.
—Gracias… mi señor. No tenía por qué preocuparse. —respondió atropelladamente, la inusual falta de aire obligándolo a retroceder hasta quedar recargado contra el mármol de uno de los pilares.
Repentinamente se sentía mal, como si algo tirase de él con una insistencia enfermiza.
—Oh, Miles. Te ves… afectado. —lo escuchó decir, el espacio que los separaba acortándose sin prisa.
Pero no era verdad. Una caída no causaba el bochorno que confusamente, sentía. O el rechazo que le causaba aquel perfume asfixiante y ese par de ojos lascivos y crueles.
—N… No… ¿qué está haciendo? —le preguntó al sentir una suave caricia en su mejilla mientras algo que no reconocía quería aplastar su voluntad para hacerlo sucumbir.
“Está bien, Miles… Tú quieres esto.”
Sus brazos y manos pesaban pero aún así se alzaron lo suficiente para detenerlo antes de que ocurriera.
—N… no… no… No quiero. —soltó desesperado, un dolor insoportable estallando en su cabeza, al tiempo que su nariz comenzaba a sangrar. —Basta. ¡Basta!
Jamás le había alzado la voz a sus superiores. Quizá solo a Adrien, cuando se volvía insufrible. Pero aquello… era diferente.
Y no le gustaba.
Mucho menos cuando el pulgar de Damien recogió el carmín que escapaba de su ser y lo probaba en su lengua con total descaro.
“Déjame entrar, Miles. No te resistas…”
Y aún así no podía dejar de pelear contra él.
—Suficiente. —una voz que conocía bastante bien cortando el silencio con una precisión brutal a pesar de no ser alta.
Simplemente no había necesidad.
Solo entonces pudo reaccionar, su cuerpo cediendo de golpe y el dolor disminuyendo lo suficiente como para poder respirar.
Todo en Miles temblaba antes de que sus brazos cayeran torpemente a sus costados.
Adrien estaba ahí, de pie, a unos cuantos pasos, con la mirada fija en la escena.
No parecía furioso y eso lo hacía peor porque su atención no estaba en su hermano, sino en él, recorriéndolo con una lentitud inquietante: su cabello desordenado, su pecho agitado… su nariz manchada de sangre.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó con una calma que no alcanzaba a ocultar del todo la tensión en su mandíbula.
Quiso responderle, pero sin voz solo pudo asentir débilmente. Jamás había buscado problemas, mucho menos, le había dado motivo.
Como si pudiese escuchar el rumbo de sus pensamientos, Adrien alzó la mirada para dirigirla hacia Damien, de quien todos evitaban.
—No vuelvas a tocar lo que no es tuyo—.
No hubo gritos. Tampoco advertencia.
El hermano menor se separó, observándolo con una expresión difícil de descifrar. Y entonces, sonrió.
No como alguien corregido.
Sino como alguien… interesado.
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Narrativa ; 641 palabras
200 semillas 🫘