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> Galos, la mañana después del anuncio en el Report.
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Miles despertó para encontrar que la habitación de aquel hotel cinco estrellas estaba demasiado iluminada. Fue cuando se levantó, sobresaltado, el despertador sobre la mesita de noche marcando las 7:50 am.
El dolor de cabeza era brutal y del muscular mejor ni hablaba. Las sábanas blancas se enredaban en su cuerpo, cubriendo su desnudez, su ropa tirada sobre la alfombra, acompañando un par de vestidos cortos y brillantes.
Solo entonces cayó en la cuenta de los cuerpos que le acompañaban en la cama. No las conocía. De hecho, ni siquiera recordaba sus nombres. O haberse acostado con ambas.
Porque, su plan solo había contemplado el salido a bailar y a beber todo para evadir el creciente pánico que ahora sentía en su pecho, en forma de opresión.
Su celular comenzó a vibrar insistentemente en alguna parte y debió ponerse de pie jugando al Twister para no despertar a las chicas que todavía dormían.
Rebusco por todas partes hasta que lo encontró, solo para que la imagen y el nombre en pantalla lo paralizaran.
Era su manager y ya tenía 15 llamadas más, perdidas en el buzón. Sabía lo que le esperaba, siendo que era el inicio de la Selección y llevaba desaparecido desde la noche anterior.
Se vistió rápidamente, trastabillando un poco por el vértigo que le invadía.
Tomó pluma y papel y dejó una nota rápida y firmada para “sus más grandes admiradoras” antes de salir a toda velocidad de ahí para dirigirse al lobby.
El recepcionista lo miró anonadado todo el tiempo, mientras pedía el servicio a la habitación, solicitaba un taxi, liquidaba su cuenta y entregaba su reloj personalizado para que aquel desliz no se convirtiera en un escándalo que pudiera dañar su nueva imagen como “Lord” oficial.
Salió de ahí, arrepintiéndose de inmediato al no llevar un par de lentes oscuros para cubrirse del espantoso sol.
Llegó a su mansión una hora y media después, apresurándose a entrar.
Cuando cerró la puerta detrás de sí, la voz de Graham lo hizo pegar un brinco y soltar un gritito para nada masculino por el susto.
—Muy divertida tu noche, ¿no? —le preguntó con acidez, levantándose del sillón con una cara de pocos amigos. Llevaba los brazos cruzados y Lockridge tuvo la impresión de que ya tenía bastante tiempo ahí, esperando.
—Al menos el jardín está vacío esta vez. Deberías estar orgulloso de mí. —respondió sintiéndose a punto del colapso. ¿Cuánto había dormido? No recordaba.
De hecho, después del club, su memoria estaba en un perfecto y espantoso blanco. Sin embargo, si hubiese sido algo grave, su hogar estaría invadido y su buzón de mensajes a reventar.
Entonces la rutina comenzó.
Subió las escaleras y activó el DRS mental para sacarle al menos cuatro pasos, mientras lo seguía hasta el baño.
—¿Viste el Report de anoche?
—Claro que sí. Me encantó la elección de fotografía. Parezco todo un Santo, ¿verdad? —mintió, escudándose con el sarcasmo.
Se encerró en la ducha, se desnudó y se metió bajo el chorro de agua caliente, lavándose el cabello y los dientes al mismo tiempo para ganarle al cronómetro.
—Bueno. Llegando a Gales, ninguna palabra a los periodistas ¿entendido? Perfil bajo.
—¿Puedo enviarle besos a mis fans?
—No, Miles. No puedes. Ahora le debes fidelidad a la princesa.
—Que mal.
—¿En qué hotel te hospedaste anoche?
—Graham… confía en mí. Lo solucioné.
—Primero me muero. Nombre. Ahora.
—Bueno… el Hotel de París.
—Diría que no me pagan suficiente para esto, pero las cifras en mi cuenta son bastante obscenas y no puedo quejarme.
La risa le ganó y estalló en carcajadas, su cuerpo maldiciendo toda su existencia.
El aire escapó de sus pulmones, pero ya no pudo recuperarlo. El terror que lo invadió, lo llevó a recargarse contra la pared, ambas manos sobre su pecho, ahí en donde dolía.
—Y… ¿si no voy? —una única pregunta.
—Mira, si de algo sirve, yo me opuse fuertemente a esto. Lo siento de verdad, kiddo.
El silencio que le siguió fue terrible, pero ya no había nada que hacer. Era eso o perder su carrera, las palabras de su padre aún dando vueltas en su cabeza.
Afortunadamente, su manager lo rompió, rebuscando algo en el mueble del lavabo.
Se centró en ello para anclarse al presente y continuó lavandose el cuerpo a conciencia como si con ello pudiera desaparecer el horror de los últimos días.
Salió envuelto en una toalla para encontrar que el mayor ya tenía preparado uno de sus mejores trajes y un par de zapatos nuevos sobre un maletín de viaje.
Y no era necesario, de verdad que no, pero aún así, le pasó una muda de ropa cómoda para que se vistiera, alegando que tardarían más tiempo en salir. También, un vaso de agua y un par de aspirinas para la resaca.
—Anda, ya. Te arreglamos en el avión.
La sonrisa que le dedicó no le llegó a los ojos, pero sí que transmitía agradecimiento.
No supo si fue por lastima, pero antes de llegar al aeropuerto, Graham lo llevó a McDonald’s para comprarle un desayuno completo de puros carbohidratos.
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Narrativa ; 801 palabras