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> Palacio Real, Galos.
> Después del escape.
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Sus labios se encontraban con una necesidad ardiente, Miles enredando sus dedos en aquellos cabellos mientras sentía como gemía de una manera deliciosa contra su boca.
Aquel encuentro tan peligroso como excitante, igual que el paseo que habían compartido a toda velocidad, el motor del auto aún rugiendo en su cabeza.
Fue cuando sus manos le recorrieron el cuerpo con deseo, ayudándole a retirarse las prendas superiores con desesperación para poder tener un mejor acceso a su piel, por donde pasó su lengua para saborear, sus dientes marcando mientras sentía como se removía sobre él, buscando abrirle la bragueta para encontrarlo despierto y listo.
El calor de la habitación se volvió insoportable, a pesar de que la ventana se encontraba abierta. Y es que además se estaba volviendo loco, retorciéndose de placer con aquella tortura.
Comenzó a jadear quedamente, sabiendo las consecuencias que tendrían si los descubrían.
Sin embargo, era difícil.
La maestría con la que lo mast*rbaba era abrumadora, su cuerpo demasiado sensible, sus latidos irregulares y sus pupilas dilatadas.
Apenas y podía distinguir su precioso rostro en medio de la oscuridad, pero aquel gesto no mentía. Lo estaba disfrutando tanto como él.
La sensación era comparable a cuando tomaba una curva tras otra, pura adrenalina y excitación invadiéndolo por completo, cada vez más cerca del final, el sudor perlándole la frente mientras repetía su nombre a modo de súplica.
“𝐂𝐨́𝐫𝐫𝐞𝐭𝐞, 𝐌𝐢𝐥𝐞𝐬… 𝐂𝐨́𝐫𝐫𝐞𝐭𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐦𝛊́…”
La tensión en su entrepierna se liberó como nunca le había ocurrido, derramándose sobre su piel y las sábanas ahora desordenadas.
Lockridge abrió los ojos, con el grito de aquel orgasmo atorado en la garganta.
Estaba agitado, erizado y sensible, producto de aquel sueño húmedo que lo hizo ponerse de pie, acalorado y avergonzado, para ir al baño y meterse bajo la ducha helada.
El inconsciente era demasiado poderoso y solía traer aquello que más se quería o necesitaba de manera recurrente y en ocasiones, con una nitidez impresionante.
Ese par de ojos lo perseguían.
Y ahora, después de aquello, no sabría cómo enfrentarlos a la mañana siguiente, si se los encontraba.
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Narrativa ; 336 palabras