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> Carrera no. 19 del GP mundial.
> Garage de Lockridge Racing. ⠀⠀⠀⠀
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Miles no pudo soportar el hecho de que Renaudd no le diera la cara apenas salir del monoplaza.
Fue como si no tuviera una maldita idea de todo lo que estaba en juego para él en ese preciso instante.
Como líder del campeonato le pisaban los talones y ahora lo había dejado afuera para perjudicar su puntaje. Si por capricho o celos, no le importaba, pero que al menos dijera algo.
—¡¿Cuál es tu problema, Adrien?! —exclamó apenas alcanzaron el garage. El director técnico y los ingenieros no supieron cómo reaccionar cuando los dos se quitaron los cascos.
Para sorpresa de todos, fue su compañero quien lanzó el suyo al suelo, en un ataque de cólera. Su corazón parecía una bomba de tiempo, pero ignoró la sensación de vértigo por la falta de aire que estaba experimentando.
—¿Mi problema? ¿Acaso eres imb*cil? ¡Mi mundo no gira alrededor de ti! —lo escuchó responder, con la piel enrojecida y perlada por el sudor.
La relación entre ambos había sido tensa desde el principio, pero nunca habían llegado a tanto. Quizá porque siempre lo cuidaban a él, siendo el primero en estallar. Pero en esa ocasión, nadie supo cómo reaccionar cuando fue el segundo piloto quien terminó por empujarlo con furia para quitarlo de su camino.
Pero por cada acción, existe una reacción igual y opuesta. Los roces peligrosos que habían tenido y causaban chispas culminaron en ese preciso instante, cuando Miles no pudo soportarlo más.
—¡Tienes razón! Debe ser porque eres un est*pido detrás del volante!—.
El puño izquierdo de su compañero fue a estrellarse justo en su nariz, sin darle siquiera tiempo para defenderse. Fue cuando un dolor sordo y punzante se extendió por su rostro, al tiempo que la sangre le escurría por la nariz. Estaba seguro de que sus huesos habían crujido.
No sabía que era lo que gritaba su equipo en medio del caos, pero tampoco le importaba, de pronto cegado por todo lo que ocurría en su interior.
—¡Me rompiste la nariz! —gruñó, tomando del mono a Adrien con una violencia impropia para poder desquitarse apropiadamente.
Y si bien lo sintió manotear y resistirse, no había manera de evitar lo que venía.
—¡Tu espera que termine contigo y el resto de tu maldita cara! —sentenció su compañero, sus ojos oscuros brillando de una forma que lo asustó. O al menos eso creyó.
Porque cuando lo arrastró hacia el rack room y le estrelló la espalda contra el falso plafón, el estruendo fue tan horrible que llamó la atención de algunos camarógrafos y reporteros, antes de que la puerta se cerrara para ocultarlos.
Cuando la FIA anunció la suspensión horas después, los titulares hablaban de violencia, de escándalo, de sanciones ejemplares.
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Narrativa ; 439 palabras