¿Podrías responder a la pregunta del título sin dudar? Por si acaso, te hacemos algunas aclaraciones al respecto:
Saber escuchar no es solo una actitud, es también una aptitud, una habilidad. Y de las más necesarias en cualquier ámbito de nuestra vida.
Como es bien sabido, oír y escuchar no son lo mismo. Oír es una capacidad fisiológica que, si no muestra defectos, nos permite predisponernos a la escucha. Tener una actitud de escucha es tener en cuenta al otro, poner atención para oír, querer comprender y centrarse en la otra persona.
No sólo se escucha con los oídos, se escucha con la mirada, con el cuerpo, con la respiración. Es todo nuestro cuerpo el que está escuchando e interviene en la comunicación. Saber escuchar ayuda a la persona que nos habla a sentirse respetada, acogida. Mientras escuchamos estamos creando un espacio de interrelación, un puente emocional de conexión.
Algunas de las claves que favorecen la capacidad de realizar una escucha activa son:
Cuidar el entorno físico.
A través de la escucha activa, atenta y empática le transmitiremos a la persona con la que nos comunicamos, lo que se llama una caricia emocional, un detalle que en muchas ocasiones puede ser un salvavidas para muchas personas que pueden estar pasando un mal momento. Por eso, en esta situación en la que estamos, aprovechamos este espacio para animaros a escuchar, pero a ESCUCHAR con mayúsculas.