¿Cuántas veces habrá estado ahí, conmigo? Tocándome, mirándome, hablándome. Sin darme cuenta.
¿O le he visto y he dudado? ¿Dónde estás? ¿Quién eres? ¿Tan sencillo, tan cercano, tan real?
Tras la duda. En la vida. Con la fe. En camino. Para ayudar a otros a ver.
La esperanza nos mantiene a flote
Ayer se celebró la Ascensión del Señor. Un día que nos invita a reflexionar sobre algo fundamental para los creyentes: el sentido de la esperanza. Se celebra 40 días después de la Resurrección. No podemos entender la una sin la otra.
Así, tiene sentido todo esfuerzo humano por hacer realidad en su vida la resurrección, por darle sentido a todo aquello que nos llena de esperanza y nos hace sentir fortalecidos interiormente para hacer frente a las dificultades y problemas de la vida.
En estos días la soledad se ha convertido, a la vez, en un regalo y en un castigo. Echamos de menos a personas, sobre todo a personas, pero también rutinas de las que antes no nos percatábamos, pequeños caprichos...
Como respuesta a esta situación, hemos visto desde el inicio de nuestro confinamiento muchísimas iniciativas que han ido surgiendo para crear comunidad, para sentirnos acompañados, apoyados: Conciertos solidarios, los aplausos, las felicitaciones de cumpleaños, los retos... Todo ayuda.
Evidentemente, la mayoría de las iniciativas no surgen de la nada. Implican el esfuerzo de personas que piensan, trabajan, dedican su tiempo y su ilusión para que todo esto tenga sentido, para que sirva para algo.
¿Y por qué? ¿Por qué no aprovechar el confinamiento para disfrutar del tiempo en casa, para leer esos libros que se amontonan o para ver esos capítulos que se acumulan y que aún están pendientes?
Porque mantener la esperanza es importante. La esperanza nos mantiene a flote.
Al personal sanitario, que dedica horas innumerables a cuidar de los enfermos, la esperanza les ayuda a hacerlo con una sonrisa, dejando a un lado el agotamiento y el miedo.
Si ves que tu puesto de trabajo peligra, la esperanza te ayudará a serenarte y mantenerte fuerte.
En estos tiempos en los que no tenemos todos los abrazos que nos gustarían, si no tuviéramos esperanza, la vida se haría todavía más cuesta arriba.
Desde nuestras propias vivencias y experiencias somos responsables de que nuestra palabra transmita algo. Hoy nuestras palabras pueden ser abrazos.