Es viernes. En la tradición cristiana es un día ligado al dolor ( Viernes Santo es el día de la muerte de Jesús), y por ende, a la privación (el ayuno y la abstinencia). Curiosamente, para nuestros alumnos este año es el primer día de vacaciones.
Esta pandemia que recorre el mundo libremente, sin problemas de fronteras, ni cuestionamientos políticos o creencias religiosas, ha hecho que nuestro planeta entero se confine en un continuo viernes.
¡Qué curioso! hace apenas unos meses, o unas semanas, nuestro mundo estaba instalado en la positividad: la tecnología nos tenía obnubilados en su nube, al reloj le faltaban horas porque había que producir, había que comunicar, había que hacer, había que programar, había …
De repente, ha bastado con algo minúsculo, microscópico, para darnos una bofetada, tan inesperada como dolorosa, de realidad. Sí, realidad: la experiencia que se debe afrontar. Y estábamos desarmados. El mundo está desarmado. Y ha llegado el caos y el pánico irracional. “Estoy desarmado para afrontar la realidad”.
Sin embargo, porque sé que la lluvia es inevitable, como el suceder de las estaciones, y el amanecer o el anochecer… Quizá este virus, también inevitable, es una ocasión para recuperar lo que nos singulariza como humanos: LA RAZÓN.
Con la RAZÓN hemos de repensar un estilo de vida que ahora se manifiesta inútil, con la RAZÓN hemos de recuperar el valor de la palabra compartida, la sensibilidad hacia el vecino desafortunado, la sonrisa que se regala al desconocido…
Y ya estamos alumbrando a ciudadanos que ofrecen porque sí, que regalan porque sí, que hablan porque sí. Tanta positividad del corazón está despertando este dolor que, cuando finalice la pandemia, bien debiéramos echar cuentas para valorar lo auténticamente humano que ha aflorado, para repensar un vivir que se ha manifestado etéreo y vacuo.
Con la RAZÓN podemos aprender de esta crisis a salvarnos a nosotros y a nuestra madre, el planeta TIERRA.
Pero además sucede que, en esta página donde estamos, se suponen unos valores y, ¿por qué no? una creencia cristiana. Y bien, ¿no percibes cómo esta invitación a usar lo que nos singulariza está en total sintonía con la primera página de nuestro libro sagrado? Somos imagen de la divinidad y, con nuestra inteligencia y nuestra libertad, estamos invitados a cuidar y mejorar todo, a todos, y con todos. La VIDA no conoce fronteras.