Entendemos los acentos como las marcas o cambios musicales de corta duración que sobresalen o destacan en una pieza. Pueden formar parte de la melodía, del acompañamiento o de la base rítmica.
Hay que entender que nos estamos refiriendo a un concepto subjetivo, a una percepción por parte de la persona que escucha la música. Por lo tanto, no todo el mundo entenderá como un acento la misma cosa. Evidentemente, cuanto más contraste el cambio musical sobre el resto de la música más bailarines lo percibirán como un acento y más unanimidad habrá.
Los acentos también pueden formar parte de la respuesta que hace una parte de los instrumentos a la melodía de la pieza o representar un refuerzo para marcar el 1.
Desde el punto de vista de la interpretación de la música, los acentos tienen una ventaja y es que suelen ser repetitivos y, por lo tanto, más fácilmente predecibles (podemos anticipar que habrá el acento y, en consecuencia, más fácilmente podremos expresarlo en nuestro baile). Pero todos hemos comprobado alguna vez que los acentos pueden ser engañosos, al igual que nos pasa con la predicción de los breaks (visita, si lo deseas, la propuesta sobre predictibilidad de los breaks si te interesa profundizar en este tema). La repetitividad no siempre se cumple totalmente y, además, las diferentes bandas pueden hacer diferentes versiones de la misma pieza y omitir o cambiar un acento que estaba presente en la versión original.
Aún así creemos que marcar un acento que los músicos no terminan interpretando no es equivocarse, más bien es hacer nuestra interpretación de la música y aportar nuestra visión, como bailarines.
Para que no haya confusión sobre qué entendemos nosotros por acentos, te proponemos ver algunos ejemplos en el próximo vídeo donde hemos marcado los acentos que nosotros hemos percibido como más señalados: