San Juan de los Lagos, Jaliso

26 de diciembre 2025

PRESENTACIÓN


                                         LA SOLIDARIDAD DEL DIOS CON NOSOTROS

 

Una propuesta espiritual para volver al corazón del Evangelio

Queridos Hermanos, antes que nada, quiero expresarles la profunda alegría que siento al estar aquí, compartiendo este inicio del retiro junto a todos ustedes. Es un verdadero regalo poder reunirnos en este espacio sagrado para disponernos, como comunidad, a la acción de Dios en nuestras vidas.

Aprovecho esta ocasión para agradecer especialmente al Hermano Carlos Castañeda, Visitador, por haberme invitado a compartir mi fe con ustedes. Esta invitación no solo ha significado un honor, sino que también me ha impulsado a poner por escrito reflexiones y vivencias que, en muchos momentos del recorrido de este retiro, son palabras que me digo a mí mismo. Reconozco que, mientras comparto estas ideas, también las dirijo a mi propia vida, pues este camino del seguimiento de Jesús nos interpela a todos, empezando por quien lo propone.

Hemos elegido como eje articulador la expresión “La solidaridad del Dios con nosotros”, porque ella expresa de manera sencilla y profunda el misterio que atraviesa toda la vida cristiana. Dios no se limita a mirarnos desde lejos; se acerca, se mezcla con la vida concreta, comparte nuestras luchas, acompaña nuestros procesos, sostiene nuestras fragilidades y nos invita a caminar con Él hacia una vida nueva.


Este retiro quiere ayudarnos a reconocer esa solidaridad divina —siempre activa, siempre presente— y, al mismo tiempo, quiere invitarnos a reavivar nuestra propia solidaridad con Dios, con nosotros mismos, con los Hermanos y con la misión que se nos confía. Todo lo que viviremos en estos días se deja iluminar por esta verdad fundamental: Dios camina a nuestro lado, habita nuestra humanidad, se hace presente en la fraternidad y nos llama a decisiones que hacen resucitar la vida.


Para recorrer este camino proponemos cuatro hilos conductores pastorales, uno para cada día del retiro. Cada hilo expresa un dinamismo espiritual propio, pero todos están profundamente entrelazados y forman un único movimiento interior: el camino del Dios solidario que desciende, se encuentra, nos transforma y nos envía.

1. “Dios que se acerca y camina a nuestro lado”

La Encarnación como cercanía solidaria de Dios

Comenzaremos el retiro contemplando el misterio de un Dios que elige venir a nosotros, no como un espectador de nuestra historia, sino como compañero de camino. La Encarnación es el gesto más audaz de la solidaridad divina: el Verbo eterno se hace frágil, vulnerable, accesible; entra en la historia humana no para juzgarla desde afuera, sino para transformarla desde dentro. Este movimiento nos invita a reconocer que la presencia de Dios no se revela en experiencias extraordinarias, sino en la vida cotidiana, en lo sencillo, en los afectos, en la misión de cada día.

Este hilo conductor nos propone abrir los ojos para descubrir que Dios ya está en nuestros pasos, en nuestras obras, en nuestras comunidades, en los pequeños gestos de bondad que nos sostienen. Así como Jesús caminó con los discípulos de Emaús sin que ellos lo reconocieran al principio, también hoy Dios camina con nosotros incluso cuando no lo advertimos. La tarea espiritual del primer día será, por tanto, dejarnos sorprender por esta cercanía amorosa: Dios está aquí, y está de nuestra parte.

2. “Dejar que Dios habite nuestra humanidad”

Aceptar la verdad interior como lugar donde Dios se solidariza con nosotros

En el segundo día, nos adentraremos en un pasaje interior más delicado y fundamental: permitir que Dios habite nuestra propia humanidad. No nuestra humanidad idealizada, la que esforzadamente mostramos, sino nuestra humanidad real, con su cansancio, sus límites, sus deseos y también sus heridas. La Encarnación nos recuerda que Dios no exige perfección para amar; ama primero, y a partir de ese amor transforma. Por eso podemos mirar nuestra vida sin miedo, sin defensas, sabiendo que Dios no rechaza nada de lo que somos.

Este hilo nos invitará a reconciliarnos con nuestra verdad, a respetar nuestros procesos personales, a escuchar lo que necesitamos sanar, ordenar o descansar. La solidaridad de Dios se manifiesta justamente ahí donde nos sentimos más frágiles. Quien permite que Dios habite su realidad, aun la más vulnerable, abre un camino de renovación profunda. Este día es una invitación a soltar autoexigencias desmedidas, a renunciar a la imagen del Hermano perfecto y a dejar que Dios sea Dios en nosotros.

3. Hacer de la fraternidad un signo de Dios

La comunidad y la misión compartida como lugar donde la solidaridad divina se expresa

El tercer día del retiro miraremos hacia la fraternidad y la misión, porque la solidaridad de Dios no se experimenta sólo en la intimidad del corazón, sino también en la vida compartida. Un Hermano no camina solo: camina en comunidad. La Encarnación toma cuerpo cuando aprendemos a escucharnos, a acompañarnos, a corregirnos con cariño, a cuidar la fragilidad ajena con respeto y a celebrar los dones que cada uno aporta. La fraternidad es el espacio teológico donde la solidaridad divina se hace visible y palpable.

Este hilo se extiende naturalmente hacia la misión compartida. La vida y obra lasallista no se sostienen en esfuerzos aislados, sino en la comunión de vocaciones. Hermanos y educadores seglares formamos hoy un solo cuerpo apostólico, fruto de la acción del Espíritu que sigue suscitando nuevas formas de vivir el carisma. La misión no es propiedad de nadie; es un don que Dios confía a un nosotros. Cuando la misión se vive en clave fraterna, se convierte en un signo luminoso de la presencia de Dios en medio del pueblo que servimos.

Este día, el retiro nos invitará a contemplar la fraternidad no como un desafío que soportamos, sino como un sacramento que celebramos: Dios está en el hermano, y su solidaridad pasa a través de nuestras relaciones.


4. “Elegir la vida que Dios sueña para nosotros”

La Pascua como discernimiento y decisiones que abren futuro

Finalmente, el cuarto día nos conducirá a la dimensión pascual de la solidaridad de Dios. La Encarnación culmina en la Pascua: Dios no sólo acompaña nuestra vida; entrega la suya para que la nuestra alcance su plenitud. La solidaridad divina es, en su raíz más profunda, una solidaridad pascual: amor que se dona, que libera, que restaura, que abre caminos nuevos.

Este hilo conductor nos invita a preguntar qué significa, hoy, elegir la vida que Dios sueña para nosotros como Hermanos, como comunidades y como Distrito. No se trata de sacrificios vacíos ni de renuncias sin sentido, sino de decisiones fecundas que permiten que la misión siga generando vida. En este día, el retiro nos llamará a discernir con sinceridad qué debemos sostener, qué debemos transformar y qué debemos entregar para que el Espíritu abra un tiempo nuevo. La Pascua nos recuerda que la vida verdadera brota allí donde nos atrevemos a confiar y a dejarnos conducir por Dios.

La oración personal: una ayuda disponible para reconocer la solidaridad divina

Para acompañar este itinerario, el retiro ofrece una propuesta de oración personal que no pretende reemplazar la práctica de cada Hermano, sino regalar caminos posibles para quienes deseen apoyarse en ellos. No es una obligación; es una invitación. La oración es el espacio privilegiado donde la solidaridad de Dios se hace audible, clara y honda. Por eso queremos facilitar momentos que nos ayuden a “hacer presente” esta experiencia cada día. 

El material incluye:

Un comentario a las lecturas del día, para descubrir en la Palabra la voz viva del Dios que se hace cercano.

Una guía de lectio divina, que ofrece un ritmo de oración sencillo y profundo.


Una meditación guiada, para entrar con el corazón en la escena evangélica y escuchar a Jesús de manera personal.

Un salmo, que permite dar nombre a aquello que vivimos y expresar con autenticidad lo que sentimos.


Un examen de conciencia, entendido como una mirada agradecida a la jornada, donde podemos descubrir cómo Dios ha estado solidario con nosotros en lo concreto.


Cada Hermano es libre de tomar estas ayudas o de seguir su propio método de oración. La finalidad no es uniformar, sino alentar a que cada uno encuentre su lugar de encuentro profundo con Dios durante el retiro.

Una invitación para entrar en el espíritu del retiro

Queridos Hermanos, los invito a entrar en estos días con un corazón abierto y confiado.


Este no es un tiempo para esforzarnos más, sino para descansar en el amor de Dios. No es un tiempo para ocultar la fragilidad, sino para permitir que Dios la habite. No es un tiempo para juzgarnos, sino para comprendernos y reconciliarnos. No es un tiempo para aislarnos, sino para redescubrirnos como hermanos. Y no es un tiempo para retener, sino para discernir y elegir la vida que Dios sueña para nosotros.


La solidaridad del Dios con nosotros será el hilo que sostenga cada momento. Que podamos reconocerlo en el silencio, en la Palabra, en la comunidad, en la oración y en la misión. Que su cercanía nos consuele, que su presencia nos pacifique, que su fraternidad nos anime y que su Pascua nos impulse hacia lo nuevo.