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Al recordar la celebración litúrgica de la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, el Papa León XIV invitó a todos a vivir el 22 de agosto en ayuno y oración por la paz. También recordamos las palabras del Hermano Superior General Armin Luistro sobre los conflictos presentes en el mundo y elevamos nuestras plegarias para que la humanidad encuentre el camino del diálogo y de la paz. (Hno. Armín Luistro)
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2025 Año de la Espiritualidad Lasallana
Les proponemos durante este segundo semestre conocer, recorrer algunas de las notas básicas, iniciales que hacen a nuestra espiritualidad.
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El Hermano Superior General y el Consejo General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas presentan la nueva Reflexión Lasallista: “Todo está conectado: La Comunidad de la Creación y la Fraternidad Universal”. El documento explora el llamado a la conversión ecológica integral y a la fraternidad universal, a través de un itinerario marcado por el diálogo entre dos personajes: Pedro y Emilia. Descarga y lee la Reflexión Lasallista 11, disponible en www.lasalle.org #ReflexiónLasallista11 #TodoEstáConectado
DOCE IDEAS PARA UNA RENOVACION EDUCATIVA LASALLISTA
A partir de los documentos fundamentales del Instituto (DMEL, CIV, Circulares) y considerando el impulso global del 46.º Capítulo General y las reflexiones más recientes (como la Reflexión Lasallista 10 y 11 que enfatizan la justicia, la paz y la ecología integral), te propongo las siguientes doce ideas guías para una renovación educativa lasallista moderna y holística.
La renovación debe centrarse en el "Ser Persona" y en una Pedagogía de la Fraternidad que trascienda el aula y abrace las periferias.
I. Reorientación Pedagógica: Del contenido a la conexión
1) Priorizar el Ser sobre el Saber y el Hacer (Humanismo Integral):
La educación lasallista debe reafirmar su enfoque en el desarrollo integral, privilegiando la reflexión del Ser Persona sobre la mera acumulación de conocimientos o habilidades. Esto implica un currículo flexible que dé más espacio a la ética, la interioridad y la madurez emocional, formando individuos con una profunda dignidad humana (DMEL, 4.2).
2) Transdisciplinariedad y Pensamiento Crítico:
Implementar estrategias que integren saberes (multidisciplinariedad y transdisciplinariedad), permitiendo que los estudiantes aborden los problemas de la vida real de manera holística. La educación debe potenciar la formación del criterio y el pensamiento crítico , transformando las dudas en motores de búsqueda de la verdad y la justicia (DMEL, 4.4).
3) El Aprendizaje como Protagonista (NCA):
Transitar definitivamente de modelos centrados en la enseñanza a modelos centrados en el aprendizaje activo y la investigación. El Nuevo Contexto de Aprendizaje (NCA) , que se enfoca en los talentos y habilidades del estudiante para transformar el mundo , debe ser el eje metodológico de la escuela (Referencia 1..
II. Compromiso Social: Las Periferias en el centro
4) Audacia Profética y Justicia Social:
Las obras lasallistas deben dejar sus "zonas de confort" y habitar las periferias (Reflexión Lasallista 10). Esto significa que la justicia, la paz y la ecología integral no son temas anexos, sino los elementos que deben desestabilizar las injusticias sistémicas en la práctica educativa y social de la institución (Circular 478, Proyecto Levadura).
5) Ecología Integral y Conversión Comunitaria:
Asumir la Ecología Integral (DMEL, 4.5) de Laudato Si' como un compromiso institucional. Esto exige más que gestos simbólicos; implica repensar la gobernanza , medir el impacto ambiental y social real, y promover una conversión ecológica basada en la fraternidad universal, reconociendo la interdependencia con la creación (Reflexión Lasallista 11).
6) Experiencias de Aprendizaje-Servicio Sistemáticos:
Formalizar los proyectos de Servicio y Solidaridad como parte integral y evaluable del currículo, desde los primeros niveles. Estas acciones deben concretarse en el servicio educativo a los pobres (Criterio 15) para que el estudiante experimente la dignidad humana a través del compromiso con los menos afortunados (DMEL, 4.1).
III. Identidad y Vocación: El ADN Auténtico
7) Educación para la Interioridad y el Discernimiento:
Intensificar y sistematizar la educación de la interioridad para contrarrestar la inmediatez y el consumismo de la vida moderna. El educador lasallista debe ayudar al joven a desarrollar su capacidad de reflexión, discernimiento y atención plena (DMEL, 4.4).
El Educador como Testimonio Vocacional:
Fortalecer la formación permanente de educadores y colaboradores para que vivan su rol como una vocación de servicio y no solo como un trabajo. La fuerza de la comunidad fraterna debe ser el "Grupo Mediador de aprendizajes", donde el educador sea un testimonio vivo de los valores (Circular 475).
9) Fidelidad Creadora en la Pedagogía:
Suscitar respuestas novedosas y creativas que actualicen el estilo y la pedagogía lasallista. La renovación debe equilibrar la fidelidad a los orígenes (como la atención personalizada) con la creación de formatos que se liberan de los prejuicios y responden a las nuevas necesidades de la infancia y la juventud en las periferias (Referencia 2.8, Reflexión Lasallista 10).
IV. Red y Comunidad: Apertura y Diálogo
10) Fortalecimiento de la Red Global:
Promover el intercambio sostenido con otras instituciones, culturas y pueblos. La Red Internacional (DMEL, 4.6) debe ser utilizada activamente para enriquecer el aprendizaje, compartir buenas prácticas de justicia social y desarrollar la apertura universal en los estudiantes (Referencia 2.3).
11) Pedagogía de la Fraternidad y el Diálogo:
Cultivar el diálogo como medio y espacio privilegiado para el contraste de opiniones y la búsqueda de consenso, formando una sociedad fraterna que rechace toda violencia (DMEL, 4.2). Esto implica fomentar la tolerancia, la inclusión y la reconciliación como elementos centrales del clima escolar (Referencia 2.5).
12) Familia y Corresponsabilidad Educativa:
Reafirmar que la familia es el núcleo fundamental de la educación. El Instituto debe generar alianzas sólidas con los padres de familia, haciéndolos partícipes y corresponsables de la educación integral, no solo en los deberes académicos, sino en la promoción de los valores éticos, morales y espirituales (Referencia 1.2).
Referencias ___________________________
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Declaración sobre la Misión Educativa Lasallista (DMEL) . Roma (2020).
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Criterios de Identidad para la Vitalidad de las Obras Educativas Lasallistas (CIV) . Roma.
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Circular 475: De la Esperanza al Compromiso: Vocaciones lasallistas en Camino (2018). Roma.
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Circular 478 (Recoge documentos del 46.º Capítulo General) (2022). Roma.
La Salle Global. Reflexión Lasallista 10: Justicia, Paz y Ecología Integral (2024-2025).
La Salle Global. Reflexión Lasallista 11: La Comunidad de la Creación y la Fraternidad Universal (2025-2026).
La Salle Global. Ideario Educativo Digital . (Referencia a la adaptación del carisma a las necesidades modernas).
La Salle Global. III Asamblea Internacional de la Misión Educativa Lasallista (AIMEL): «Identidad, vitalidad, transformación. Juntos lo hacemos posible» (2022).
ESP | La Reflexión Lasallista 11 ya está disponible en nuestro sitio web www.LaSalle.org #ReflexiónLasallista11 #TodoEstáConectado
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LA VIDA COMUNITARIA EN LA ESPIRITUALIDAD DEL SANTO FUNDADOR
El Santo Fundador, Juan Bautista de La Salle, no solo revolucionó la pedagogía de su tiempo, sino que también forjó una espiritualidad profundamente comunitaria. Su vida y escritos revelan una convicción central: la misión educativa no puede realizarse en soledad, sino en y desde la comunidad. La vida comunitaria, para De La Salle, no es un mero recurso organizativo, sino el corazón mismo de la experiencia espiritual y apostólica de los educadores cristianos.
Desde sus primeros escritos, De La Salle presenta la vida comunitaria como una respuesta al llamado divino. En su obra *Meditaciones para el tiempo de retiro* (1705-1718), insiste en que los educadores deben vivir “en espíritu de fe”, reconociendo que su misión no es propia, sino confiada por Dios. Y ese “espíritu de fe” se nutre y se sostiene en la comunidad:
“La comunidad es el lugar donde el Señor nos reúne para servirle juntos. No es casualidad que estemos aquí; es designio de la Providencia” (Meditación 10, “Del espíritu de fe”).
Para De La Salle, la comunidad no es una agregación de individuos, sino un cuerpo vivo donde cada miembro tiene un lugar y una misión específica. La comunidad se convierte en el espacio donde se hace visible la presencia de Cristo entre los suyos: *“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”* (Mt 18,20) —versículo que cita frecuentemente— es para él fundamento teológico de la vida comunitaria.
En sus Reglas de la Conducta (1705), De La Salle subraya que los Hermanos deben vivir como “verdaderos hermanos”, no solo por el nombre que llevan, sino por la calidad de sus relaciones. La fraternidad no es un ideal abstracto, sino una práctica cotidiana que se manifiesta en el respeto, la paciencia, la humildad y el servicio mutuo.
>“Sean todos unidos por el vínculo de la caridad, soportándose unos a otros con paciencia, perdonándose mutuamente como Cristo los ha perdonado a ustedes” (Regla 1, sobre la caridad fraterna).
La vida comunitaria, entonces, es escuela de virtudes evangélicas. En la comunidad, se aprende a morir al egoísmo, a superar las diferencias, a cargar con las debilidades del otro. De La Salle no idealiza la convivencia: sabe que hay tensiones, pero las ve como oportunidades de crecimiento espiritual. En sus Cartas, a menudo exhorta a los Hermanos a “no juzgar”, a “corregir con caridad”, a “orar los unos por los otros”.
La misión educativa de los Hermanos —especialmente con los pobres— era agotadora, llena de dificultades materiales y espirituales. De La Salle sabía que sin comunidad, la misión se desmoronaría. Por eso, en sus escritos insiste en que la comunidad es el sostén que permite perseverar.
En la Meditación sobre la paciencia (Meditación 15), escribe:
“La paciencia se adquiere en la comunidad, donde cada día se presentan ocasiones para ejercitarla. No busquen la perfección lejos de sus hermanos, sino en medio de ellos”.
La comunidad no es refugio del mundo, sino taller de santidad en medio del mundo. Es en la vida compartida donde se forja la resistencia moral y espiritual necesaria para enfrentar los desafíos de la educación popular. La oración comunitaria, las comidas compartidas, los momentos de recreación y de corrección fraterna son, para De La Salle, elementos esenciales que mantienen viva la llama de la misión.
Quizá el aporte más profundo de De La Salle es entender la comunidad no solo como medio, sino como fin en sí misma: la comunidad es signo y sacramento del Reino. En sus Conferencias a los Hermanos, afirma:
“Cuando viven unidos, los Hermanos dan testimonio de que Cristo está vivo entre ellos. Su amor mutuo es la prueba más clara de su vocación” (Conferencia 196).
Esta dimensión sacramental de la comunidad implica que la vida fraterna no es solo funcional, sino teofánica: hace visible lo invisible. La comunidad educadora se convierte en icono del amor trinitario, donde la comunión de personas refleja la comunión divina.
De La Salle fue consciente de que su obra sobreviviría solo si estaba arraigada en una vida comunitaria sólida. Por eso, en sus Constituciones (1717), establece estructuras que aseguran la unidad, la formación continua y la transmisión del espíritu. La comunidad es el “vaso” que guarda el carisma, lo transmite y lo actualiza en cada generación.
“La comunidad es el alma de la obra. Sin ella, todo se deshace; con ella, todo se sostiene, aún en medio de las tormentas” (Constitución 3, sobre la vida común).
La espiritualidad de San Juan Bautista de La Salle no puede entenderse al margen de la vida comunitaria. Sus escritos —meditaciones, reglas, cartas, conferencias— son un tejido constante de exhortaciones, reflexiones y normas que apuntan a construir comunidades donde el amor, la fe y la misión se entrelazan. La comunidad no es un añadido, sino el núcleo: es allí donde se encuentra a Dios, donde se crece en humanidad, donde se sostiene la tarea educativa.
En un mundo fragmentado, individualista y competitivo, el legado de De La Salle resuena con fuerza profética: la educación transformadora nace y se sostiene en la comunión fraterna. Como él mismo escribió en una de sus últimas cartas:
“Ámense como hermanos, vivan como hermanos, trabajen como hermanos. Así, Dios los bendecirá y su obra durará para siempre.”
La vida comunitaria, en la espiritualidad lasaliana, no es una opción, sino el camino mismo de la santidad y de la misión. Es el lugar donde el Evangelio se encarna, se vive y se transmite.
_______________
- Meditaciones para el tiempo de retiro (San Juan Bautista de La Salle)
- Reglas de la Conducta de los Hermanos
- Conferencias a los Hermanos
- Cartas de San Juan Bautista de La Salle
- Constituciones de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (1717)
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10 IDEAS PARA HABLAR DEL SANTO FUNDADOR EN EL AULA
Claro que sí! Aquí tienes 10 ideas innovadoras y prácticas para enseñar sobre la vida de San Juan Bautista de La Salle, enfocadas en la formación cristiana en el aula. Estas ideas buscan ir más allá de la simple biografía, conectando su vida con los desafíos y la fe de los jóvenes de hoy.
1. "Tocar Corazones": El Desafío de la Empatía
Crea un proyecto en el que los estudiantes investigan una necesidad de su comunidad (falta de acceso a la educación, pobreza, soledad en los ancianos). La Salle vio en los niños pobres una necesidad real. Los estudiantes, en grupos, deben proponer una "solución La Salle": un plan de acción concreto y pequeño, como organizar clases de refuerzo, visitas a asilos de ancianos o colectas. Esto fomenta la empatía y el servicio, pilares de la fe cristiana.
2. La "Meditación Ignaciana" Lasallista
Adapta las "Meditaciones" de La Salle. Pide a los estudiantes que lean un pasaje o una de sus meditaciones y luego, en silencio, reflexionen sobre una pregunta práctica, como: "¿Qué obstáculo enfrentas hoy para ser un buen amigo/a?", o "¿Cómo puedes ser un instrumento de Dios en tu casa/escuela?". Después, comparte en pequeños grupos. Esto enseña a reflexionar ya aplicar la fe a la vida diaria.
3. El "Diario de la Virtud"
La Salle enfatizó 12 virtudes del educador. Pide a los estudiantes que elijan una de ellas (por ejemplo, fe, celo, paciencia) y lleven un "Diario de la Virtud" por una semana. Deben anotar cómo vivieron o cómo les costó vivir esa virtud cada día. Al final de la semana, comparte sus experiencias. Esto fomenta la autoconciencia y el crecimiento personal en la fe.
4. El "Podcast Lasallista"
Divide la vida de La Salle en "episodios" clave (su vida de riqueza, su encuentro con Adrián Nyel, la fundación de las escuelas, las pruebas). Cada grupo de estudiantes debe crear un podcast breve (5-7 minutos) narrando un episodio, pero desde una perspectiva moderna. Por ejemplo, "Episodio 1: El joven John Baptist y el dilema de la riqueza" o "Episodio 2: Cómo una 'locura' cambió el mundo". Esto hace que la historia sea atractiva y fácil de entender.
5. El "Mapa de Fe"
Crea un mapa gigante de Francia en el aula. A medida que los estudiantes aprenden sobre la vida de La Salle, colocando "hitos" que representan eventos importantes, como el lugar de su nacimiento (Reims), el sitio de la primera escuela, y su muerte. En cada hito, adjunte una nota con una lección de fe que se extrae del evento. Por ejemplo, en el lugar donde renunció a su riqueza: "Confiar en la providencia de Dios".
6. El "Juicio" a San Juan Bautista
Prepare un "juicio simulado". Un grupo de estudiantes representa a La Salle, otro a los que se opusieron a él (maestros de las escuelas privadas, clérigos que no entendían su visión) y otro a los jueces. Deben presentar argumentos a favor y en contra de sus decisiones. Esto ayuda a los estudiantes a comprender los desafíos y la persecución que enfrentó La Salle, fortaleciendo la idea de que la fe a menudo requiere sacrificio.
7. El "Buzón de la Providencia"
San Juan Bautista de La Salle siempre confió en la providencia de Dios. Coloca una caja decorada en el aula llamada "Buzón de la Providencia". Los estudiantes pueden escribir notas anónimas sobre sus preocupaciones o problemas (un examen difícil, un conflicto familiar). Luego, durante una oración, se invita a los estudiantes a ofrecer esas preocupaciones a Dios, pidiendo la intercesión de San Juan Bautista para confiar en la providencia divina.
8. El "Proyecto de Servicio 300"
La Salle dejó un legado de servicio a los demás. El nombre "300" puede ser un objetivo simbólico. Por ejemplo, cada estudiante debe hacer 3 actos de servicio en la semana (ayudar en casa, consolar a un amigo, etc.). El objetivo de toda la clase es llegar a 300 actos de servicio. Se puede registrar en un mural en el aula. Esto hace tangible la idea de que pequeños actos de fe y servicio tienen un gran impacto.
9. La "Entrevista con un Hermano"
Si es posible, invita a un Hermano de La Salle (o a un exalumno de una escuela lasallista) para que cuente su experiencia y responda preguntas de los estudiantes. Esto personaliza la historia, mostrándoles que el carisma de La Salle sigue vivo y es relevante hoy en día. Si no es posible, se puede ver un documental corto o un video de un Hermano hablando de su vocación.
10. "Construyendo la Misión" con Legos o Bloques
Para los más jóvenes, o como una actividad lúdica, se puede usar un juego de bloques o Legos. Pide a los grupos que "construyan" las diferentes etapas de la vida de La Salle (su casa, la primera escuela, el orfanato). A medida que construyen, narran la historia, poniendo énfasis en la fe de La Salle para construir la misión de Dios a pesar de los obstáculos. Esto es una forma visual y tangible de aprender
De la contemplación a la misión
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2: De la contemplación a la misión
Después de decidir entregar su vida a Dios, la joven Sor María Inés Teresa enfrentó duras pruebas en el monasterio: soledad, cansancio y aridez espiritual. Hubo momentos en que la tentación de dejarlo todo era fuerte, pero una fuerza interior la impulsaba a seguir, sintiéndose una "misionera escondida".
Tras un profundo discernimiento, comprendió que su llamado iba más allá de los muros del convento. Un amor inmenso estaba a punto de "reventar" para llevar a Dios fuera, donde la Iglesia lo necesitaba.
Tras un profundo discernimiento, comprendió que su llamado iba más allá de los muros del convento. Un amor inmenso estaba a punto de "reventar" para llevar a Dios fuera, donde la Iglesia lo necesitaba.
¡No te pierdas el documental completo en 4K!
15 MANERAS DE LLEVAR A LA PRACTICA LAS MEDITACIONES DEL SANTO FUNDADOR EN LA ENSEÑANZA
Bro George
San Juan Bautista de La Salle no solo dejó un legado pedagógico, sino también un camino espiritual para los educadores. Sus 16 Meditaciones para los Días de Retiro son una guía integral para vivir y enseñar la fe. Aquí te ofrezco 15 recomendaciones prácticas, tanto para tu desarrollo personal como para que las apliques en tu día a día como docente, transformando tu aula en un espacio de aprendizaje integral.
1. Haz de cada clase un "mini retiro espiritual"
Convierte cada lección en una oportunidad de encuentro con Dios. Antes de comenzar, dedica 2 minutos para orar y ofrecer tu trabajo al Señor. Esta pequeña pausa no solo te centrará, sino que también te permitirá transmitir a tus alumnos la importancia de la espiritualidad en su vida cotidiana.
2. Inicia el día con un "Reto de Fe" Personal
Antes de entrar a clase, pon un reto espiritual personal, como ofrecer tu jornada al servicio de tus estudiantes, o encontrar maneras creativas de integrar la fe en cada lección. Esto te ayudará a estar consciente de que tu trabajo no es solo académico, sino una misión de servicio y santificación.
3. Convierte tu aula en un "templo de celo educativo"
Transforma el aula en un espacio donde la enseñanza no solo se centre en el conocimiento, sino también en el desarrollo moral y espiritual. Usa carteles con citas inspiradoras de La Salle, oraciones, o imágenes que fomenten un ambiente de respeto y reflexión. Esto no solo eleva la clase, sino que recuerda a tus estudiantes que el aprendizaje es también un camino de crecimiento espiritual.
4. Haz una pausa para la oración antes de empezar a enseñar
Tómate un minuto antes de cada clase para entregarle tu labor al Señor. Si eres estudiante, puedes hacerlo también al comenzar una jornada escolar. Esta pausa te ayudará a conectar con el propósito divino de tu misión educativa y a estar más presente con tus alumnos.
5. Vigila tu actitud como docente: sé un modelo a seguir
La Salle enseñaba que los maestros son modelos vivos de las virtudes que enseñan. Asegúrate de ser coherente entre lo que predicas y lo que haces. Tu comportamiento diario tiene el poder de inspirar a tus estudiantes a vivir una vida cristiana. Haz que tu actitud sea un testimonio constante de tu fe.
6. Refleja el "celo" por la educación en todo lo que haces
El celo por la salvación de los estudiantes debe ser tu motor. Ve más allá de la enseñanza académica e involúcrate en la vida emocional y espiritual de tus alumnos. Tómate el tiempo para escucharles, ayudarlos y guiarlos en su crecimiento. Como dijo La Salle: "Si tu celo llega hasta hacerlos santos, es perfecto." Esto transforma tu trabajo en una misión divina.
7. La corrección es un acto de amor y santificación
Cuando enfrentes errores o comportamientos inapropiados, recuerda que tu labor como educador es corregir con amor. La corrección no debe ser punitiva, sino formativa, guiada por la caridad. El objetivo es que tus estudiantes crezcan en virtud, y tú eres el instrumento para guiarlos a través de la corrección. Esto también es un acto de santificación personal.
8. Transforma tu "momento de descanso" en un acto de gratitud
Tómate unos minutos durante el día para agradecer a Dios por los momentos buenos que has vivido con tus estudiantes. Esto te ayudará a ver tu trabajo como un ministerio, y no solo como una ocupación. Durante los recesos, aprovecha para reflexionar sobre lo que ha funcionado bien y lo que puede mejorar.
9. "Proyectos de servicio": Enseña con el corazón y la acción
Aprovecha la oportunidad para organizar proyectos donde los estudiantes puedan involucrarse en el servicio comunitario. Proyectos que no solo enseñen conocimientos, sino también virtudes cristianas como la compasión, la solidaridad y el amor al prójimo. Esta es una excelente forma de aplicar el celo por la salvación de los jóvenes, como nos invita La Salle.
10. La "Caja de Oración" para tus estudiantes
Coloca en tu aula una "Caja de Oración" donde tus alumnos puedan escribir sus peticiones, intenciones o preocupaciones. Dedica unos minutos durante la semana para orar por estas intenciones. Esto no solo conecta a tus estudiantes con la fe, sino que les muestra que en la educación hay un componente de cuidado espiritual.
11. El "Silencio de la Mañana": Retiros breves antes de clase
Antes de comenzar las clases, invita a tus estudiantes a tomar un breve momento de silencio para reflexionar sobre el día. Esto puede convertirse en un ritual que prepare tanto a los alumnos como a ti para enfocarse en lo más importante: el conocimiento, pero también el crecimiento interior.
12. El "Desafío del Corazón" en cada lección
Haz de cada lección una oportunidad para tocar los corazones de tus estudiantes. En cada tarea o actividad, pregúntate: ¿Cómo puedo enseñar no solo para que aprendan, sino para que crezcan como seres humanos y cristianos? Sé intencional al integrar valores y enseñanzas que ayuden a tus estudiantes a formar su carácter.
13. La "Hora del Cielo" en tu jornada
Haz de la última parte de tu día un "tiempo de evaluación y gratitud", tanto para ti como para tus estudiantes. En este espacio, comparte los logros y reflexiona sobre lo aprendido, recordando que tu trabajo es un acto sagrado. Este es un momento de reflexión tanto para ti como para tus alumnos, sobre lo que verdaderamente importa: la formación integral de la persona.
14. Fomenta la "coherencia de vida" entre la enseñanza y el comportamiento
Recuerda que el ejemplo es más fuerte que las palabras. Como docente, tu vida debe ser una coherencia entre lo que enseñas y lo que vives. La Salle nos invita a que nuestras acciones sean un reflejo vivo de las enseñanzas de Cristo. Cuando vivas con coherencia, tu enseñanza tendrá un impacto más profundo en tus estudiantes.
15. Retiros personales: Revitaliza tu vocación
Dedica al menos un día al mes para un "retiro personal". Haz una reflexión profunda sobre tu vocación como educador, reevaluando cómo puedes mejorar tu relación con Dios y con tus estudiantes. Este espacio será tu oportunidad para reconectar con el llamado divino que te hace enseñar y formar a la juventud.
Bro George está con Álvaro Rodríguez Echeverría
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EL SÁBADO Y EL DOMINGO EN LA ESPIRITUALIDAD DEL SANTO FUNDADOR
La espiritualidad de San Juan Bautista de La Salle está profundamente anclada en la praxis diaria, donde cada día de la semana tiene un peso específico en la formación del educador cristiano. Si el sábado actúa como un punto de control administrativo que asegura la pureza de la misión, el domingo es la fuente espiritual que renueva el celo y la fe para toda la semana. La combinación de estos dos días revela el equilibrio entre la integridad de la Regla y la profundidad de la oración en el carisma lasaliano.
Aunque el sábado no es un día de meditación central en los escritos de La Salle (como sí lo es el domingo), su mención en el contexto de la disciplina económica es crucial para entender el Espíritu de Fe del Instituto.
En la Carta 1 al Hermano Anastasio, el Fundador advierte sobre la prohibición de recibir cualquier estipendio de los alumnos:
"No me agradan esas monedillas del sábado, pues tal clase de dinero recibido de los escolares, aunque no se eche mano de él, no suena bien en nuestras escuelas."
Esta cita es un acto propositivo y fundacional. Al rechazar las "monedillas del sábado," La Salle establece dos principios innegociables:
+ Gratuidad radical: La educación de los pobres debe ser absolutamente gratuita, diferenciando al Instituto de otras escuelas privadas.
+ Confianza en la Providencia: El sustento de los Hermanos dependía únicamente de la Divina Providencia y la caridad, no de las limosnas (o pagos) de los alumnos. El sábado, al cerrar la semana laboral, era el momento en que se podía intentar este tipo de cobro, y La Salle lo corta de raíz para mantener la pureza de la intención y el desinterés de su vocación.
El sábado, por lo tanto, es el día que subraya la disciplina y la coherencia de la vida apostólica.
Si el sábado culmina la semana laboral, el domingo la transforma. Las Meditaciones para todos los domingos del año son la herramienta principal para asegurar que el Hermano inicie la nueva semana con la mente centrada en la eternidad.
El domingo es el día para meditar sobre las verdades eternas, especialmente el Juicio Universal, un tema recurrente en Adviento. Esta reflexión no es para infundir miedo, sino para renovar el Celo apostólico. La Salle confronta a los Hermanos con la idea de la rendición de cuentas:
"Si santos tan eminentes sintieron tal pavor al pensar en este terrible día, ¿qué sentimientos de temor no hemos de tener nosotros, que procedemos con tan escaso fervor en el servicio de Dios, y que tan mal cumplimos nuestro deber?"
Esta reflexión es propositiva: el temor al juicio es la palanca que impulsa a los Hermanos a la perfección en el cumplimiento de su deber de estado. El domingo, al recordar que serán juzgados por su celo o negligencia en la educación, les exige transformar la rutina del aula en un acto continuo de santificación.
La Salle vincula directamente el Evangelio dominical con la identidad del educador. Por ejemplo, al meditar sobre San Juan Bautista:
"Vosotros sois, igual que san Juan, ángeles enviados por Dios para prepararle el camino y el medio de venir, y de entrar en vuestros corazones y en los de vuestros alumnos."
El domingo confirma que la vocación de educador es una misión divina, un oficio de "ángeles" cuya tarea es preparar el corazón del joven para Cristo. Esta reflexión eleva la dignidad del maestro y le recuerda que su éxito no depende de su talento humano, sino de ser un instrumento de la gracia de Dios.
Finalmente, las meditaciones dominicales reafirman la Regla como camino de salvación. El tema del renunciamiento de sí mismo (presente en muchos Evangelios) se traduce en la Obediencia a la vida comunitaria.
"Tened por cierto que nunca obraréis vuestra salvación, ni adelantaréis tanto en la perfección, como cumpliendo bien los deberes de vuestro estado, con tal que lo hagáis con el fin de obedecer a Dios."
El domingo renueva la convicción de que la santidad lasaliana se vive en lo ordinario: al mantener la unidad comunitaria (la "piedra preciosa") y al ejecutar el trabajo educativo como un acto de obediencia a la Voluntad divina.
La espiritualidad de La Salle no distingue entre lo sagrado y lo secular, sino que impregna lo secular de santidad. La dualidad Sábado-Domingo es un espejo de esta fe activa:
Para el Santo Fundador el educador debe ser intransigente en la observancia de la Regla (sábado) para que su alma esté receptiva a la gracia y al Evangelio (domingo). Solo la pureza de intención, garantizada por la disciplina, permite que el espíritu de fe se mantenga vivo y que la misión de "Ángel" se cumpla con fervor. El domingo, el maestro se mira en el espejo de la Palabra, y el lunes, esa Palabra se vuelve acción en el aula.
Fuentes consultadas _________________
De La Salle, San Juan Bautista. Cartas, Carta 1: Al Hermano Anastasio (28 de enero de 1711).
De La Salle, San Juan Bautista. Meditaciones para todos los domingos del año. (Especialmente las meditaciones para el Primer Domingo de Adviento y las que abordan el Juicio Universal).
De La Salle, San Juan Bautista. Regla y Constituciones de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
EL POBRE: REFLEXIONES DESDE LA EXHORTACION APOSTOLICA DILEXI TE Y EL PENSAMIENTO DEL SANTO FUNDADOR
Bro George
El encuentro con el pobre constituye una piedra angular en la teología y la praxis de la Iglesia Católica. Esta verdad se manifiesta tanto en los documentos magisteriales contemporáneos, como la Exhortación Apostólica Dilexi Te (sobre el amor hacia los pobres), como en los carismas fundacionales que han marcado la historia de la caridad cristiana. El presente ensayo busca establecer una comparación entre la visión del "pobre" presentada en Dilexi Te, entendida como una llamada universal y urgente a la caridad y la justicia, y la conceptualización y respuesta al pobre elaborada por San Juan Bautista de La Salle (1651-1719), cuyo carisma se centró en la pobreza educativa. Ambos enfoques, separados por siglos, convergen en la convicción de que el pobre no es un mero objeto de asistencia, sino un sujeto privilegiado del amor divino y un lugar teológico de encuentro con Cristo.
La Exhortación Apostólica Dilexi Te se sitúa en el contexto de una Iglesia que busca responder a las múltiples formas de pobreza del siglo XXI, incluyendo la exclusión social, la falta de dignidad y las inequidades económicas. En este sentido, la figura del pobre en la Exhortación es esencialmente universal y profética.
El texto subraya la opción preferencial por los pobres como un imperativo evangélico y teológico. El pobre es aquel a quien el Señor ha amado primero. Por lo tanto, el amor a los pobres debe ser eficaz y concreto, no limitándose a la limosna sentimental, sino abarcando la promoción de la justicia y la lucha contra las estructuras de pecado que generan miseria. Dilexi Te interpela a toda la comunidad eclesial a salir de la indiferencia y a reconocer en el rostro del excluido el rostro sufriente de Cristo, convirtiendo el servicio al necesitado en el criterio fundamental para discernir la autenticidad de la fe cristiana. La pobreza es vista como una herida social que requiere una respuesta integral que afecta tanto lo material como lo espiritual.
El pensamiento de San Juan Bautista de La Salle, en contraste, surge de un contexto histórico muy específico: la Francia del siglo XVII y XVIII, marcada por la gran brecha social entre la nobleza y las masas de artesanos y pobres de la periferia, cuyo acceso a la educación era inexistente. Para De La Salle, el "pobre" se manifiesta principalmente como el niño y el joven sin instrucción.
El fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas percibió que la pobreza más perniciosa para el futuro del individuo y de la sociedad era la ignorancia. Un niño sin educación estaba condenado a la miseria material y, según la teología de la época, a una miseria espiritual. Su respuesta no fue la caridad puntual, sino la creación de una institución estable —la escuela gratuita— gestionada por una comunidad de laicos consagrados (los Hermanos), enfocada exclusivamente en los "hijos de artesanos y pobres." De La Salle transforma la acción de la caridad en una misión profesional y pedagógica. El pobre, para él, es un alma que debe ser salvada y un ciudadano que debe ser habilitado, y la herramienta para su liberación es la educación cristiana de calidad. La pobreza que le interpela es aquella que puede ser remediada con el conocimiento y la formación para la vida.
Una profunda convergencia entre ambos enfoques reside en el entendimiento de que la pobreza no es meramente una cuestión de falta de bienes, sino una realidad que socava la dignidad integral de la persona. Dilexi Te aborda esta integralidad al vincular las carencias materiales (hambre, vivienda) con las existenciales (soledad, marginalización, falta de esperanza), exigiendo una evangelización que se haga cargo de ambas heridas.
San Juan Bautista de La Salle ejemplifica esta interrelación de manera práctica. Para él, la pobreza material de los jóvenes sin medios y la pobreza espiritual de la ignorancia eran inseparables. Su innovación fue crear escuelas que ofrecieran instrucción práctica (para el trabajo) junto con una sólida formación religiosa y moral. La educación gratuita se convierte así en el motor de doble liberación: rescata al joven de la indigencia material al proveerle de herramientas para el sustento, y lo salva de la indigencia espiritual al enseñarle a conocer, amar y servir a Dios, reafirmando la visión holística de la persona que más tarde se desarrollaría en la Doctrina Social de la Iglesia.
Otro punto de encuentro crucial es el énfasis en la respuesta colectiva, que supera el asistencialismo individual. Dilexi Te insiste en que la opción por el pobre es una tarea de toda la Iglesia, una conversión pastoral y estructural que exige una "cultura del encuentro" y co-responsabilidad sinodal.
De La Salle no abordó la pobreza en solitario. Su carisma se fundó en la Asociación de los Hermanos, reconociendo que la misión de la educación gratuita de los pobres era tan vasta que requería un cuerpo permanente, fraterno y dedicado exclusivamente a ese servicio. Los Hermanos, al vivir en comunidad y por votos, profesionalizaron la caridad y garantizaron la estabilidad y continuidad de la misión educativa, demostrando que solo una respuesta organizada y en común puede lograr un impacto transformador a largo plazo. El carisma lasallista ofrece, por tanto, un modelo histórico de compromiso colectivo y radical con el pobre, que resuena con la llamada de Dilexi Te a una Iglesia que camina junta en la misión de la justicia.
A pesar de sus diferencias contextuales (una llamada magisterial universal frente a un carisma educativo focalizado), ambas visiones del pobre se fundan en la misma raíz teológica.
Tanto Dilexi Te como el pensamiento Lasallista ven al pobre como la presencia de Cristo. El documento magisterial llama a amar a Cristo en el pobre, mientras que De La Salle instruía a sus Hermanos a ver a sus alumnos como "Cristo en la persona del pobre," elevando el acto pedagógico a un acto de adoración y servicio radical.
La principal convergencia es la insistencia en la acción efectiva y transformadora. Dilexi Te exige que la caridad se traduzca en obras de justicia que modifiquen la realidad. De La Salle llevó esto a su máxima expresión al fundar un sistema que no solo educaba, sino que dignificaba y ofrecía un futuro a quienes no tenían otro recurso. El carisma lasallista es una respuesta concreta, institucional y perdurable a la llamada de la Iglesia de todos los tiempos.
La Exhortación Apostólica Dilexi Te y el carisma de San Juan Bautista de La Salle son dos caras de la misma moneda eclesial. Dilexi Te nos recuerda la dimensión profética y universal del amor al pobre como criterio de fe, interpelando a la Iglesia global a una respuesta radical. Por su parte, el legado de De La Salle nos ofrece un modelo de cómo esa vocación universal se puede encarnar en un carisma específico que transforma la pobreza educativa en oportunidad y salvación, demostrando que el amor a los pobres es, ante todo, un compromiso de vida, misión y justicia. Ambos testimonios confirman que el pobre no es un accidente, sino una invitación permanente a la santidad, a la transformación del mundo y, esencialmente, a la acción comunitaria.
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"Dirigiéndose a algunos educadores, el Papa Francisco recordó que la educación ha sido siempre una de las expresiones más altas de la caridad cristiana: «La vuestra es una misión llena de obstáculos pero también de alegrías. […] Una misión de amor, porque no se puede enseñar sin amar».[56] En este sentido, desde los primeros tiempos, los cristianos se dieron cuenta de que el saber libera, dignifica y acerca a la verdad. Para la Iglesia, enseñar a los pobres era un acto de justicia y de fe. Inspirada en el ejemplo del Maestro, que enseñaba a la gente las verdades divinas y humanas, la Iglesia asumió la misión de formar a los niños y a los jóvenes, especialmente a los más pobres, en la verdad y el amor. Esta misión tomó forma con la fundación de Congregaciones dedicadas a la educación popular" (Dilexi Te, 68)
"Animado por la misma sensibilidad, en el siglo XVII san Juan Bautista de La Salle, dándose cuenta de la injusticia causada por la exclusión de los hijos de obreros y campesinos del sistema educativo de Francia en aquel tiempo, fundó los Hermanos de las Escuelas Cristianas, con el ideal de ofrecerles educación gratuita, una sólida formación y un ambiente fraternal. La Salle veía el aula como un lugar para el desarrollo humano, pero también para la conversión. Sus escuelas combinaban la oración, el método, la disciplina y el compartir. Cada niño era considerado un don único de Dios y el acto de enseñar un servicio al Reino de Dios" (Dilexi Te, 69)
"Para la fe cristiana, la educación de los pobres no es un favor, sino un deber. Los pequeños tienen derecho a la sabiduría, como exigencia básica para el reconocimiento de la dignidad humana. Enseñarles es afirmar su valor, darles las herramientas para transformar su realidad. La tradición cristiana entiende que el conocimiento es un don de Dios y una responsabilidad comunitaria. La educación cristiana forma no sólo profesionales, sino personas abiertas al bien, a la belleza y a la verdad. Por eso, la escuela católica, cuando es fiel a su nombre, se convierte en un espacio de inclusión, formación integral y promoción humana. Así, conjugando fe y cultura, se siembra futuro, se honra la imagen de Dios y se construye una sociedad mejor" (Dilexi Te, 72)
EL HÁBITO DE LOS HERMANOS DE LA SALLE
El hábito negro con el distintivo cuello blanco, y el lema "Indivisa Manet" que lo acompaña, es un profundo manifiesto de la identidad y la espiritualidad legada por San Juan Bautista de La Salle a los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Más que una simple vestidura, es un símbolo teológico y pedagógico de la vocación del Hermano.
Para San Juan Bautista de La Salle, el traje del Hermano debía ser, ante todo, un signo de su consagración y separación del mundo. El color negro fue elegido por su sencillez y sobriedad, en consonancia con la virtud de la humildad y la pobreza, fundamentales para quienes se dedicaban a la educación de los niños pobres.
El hábito era una vestidura que no seguía las modas del mundo. La Salle quería que sus Hermanos manifestaran externamente su renuncia a las pompas y vanidades, promoviendo la igualdad social entre todos los miembros de la comunidad, sin distinción de origen.
Al vestir un hábito "enteramente diverso del llevado en el mundo" , el Hermano debía ser, en consecuencia, un "hombre nuevo" (citando a San Pablo), creado en la justicia y la santidad. El hábito servía como un recordatorio constante de su compromiso y como una ayuda para la circunspección externa.
La elección de esta túnica (una sotanilla que no era la sotana clerical) fue deliberada. La Salle quería evitar que sus maestros, siendo laicos , fueran confundidos con sacerdotes. Defendió su uso para dejar claro que la misión de la comunidad era enteramente laical, dedicada exclusivamente a la enseñanza y sin aspirar a las órdenes sagradas.
"Vistiendo hábito enteramente diverso del llevado en el mundo, debéis, en consecuencia, ser hombres nuevos, creados en justicia y santidad según san Pablo." (Extracto de los escritos sobre el Hábito).
El cuello blanco que contrasta con el hábito negro es un símbolo poderoso de la pureza de intención y el ardor del celo que debe animar al Hermano educador.
El blanco evoca la inocencia y la rectitud moral, valores indispensables para quien se dedica a modelar el alma de los niños. El maestro debe ser un ejemplo de virtud para sus discípulos en todas las relaciones de la vida.
El contraste visual entre el negro y el blanco simboliza la luz de la fe que irradia la misión del Hermano en medio de las oscuridades del mundo. Esta indumentaria sencilla y modesta es una señal visible de su consagración a Dios a través de la educación.
El lema "Indivisa Manet" (Permanezcamos unidos) refleja el espíritu del voto de Asociación para el Servicio de las Escuelas , que es el corazón de la identidad lasaliana.
La Salle comprendió que la obra educativa con los pobres era demasiado vasta para un solo hombre. Por ello, fundó una comunidad donde el éxito dependía de la unión fraterna de los maestros.
La expresión es un llamado a la cohesión de la comunidad. Los Hermanos deben perseverar juntos, como "un solo hombre" , para asegurar la estabilidad y continuidad de las escuelas, resistiendo las oposiciones y dificultades.
El voto de estabilidad en la comunidad era una garantía de que la obra no se desmoronaría por las deserciones individuales. "Indivisa Manet" proclama que la misión y el Instituto se mantendrán firmes solo si hay una profunda comunión y caridad entre sus miembros.
El hábito y su cuello, bajo la divisa de la unión, proclaman que el Hermano de La Salle es un laico consagrado por la fe y la humildad, que sirve a Dios ya los más jóvenes, y cuya fuerza radica en la fraternidad inquebrantable de la comunidad.
Referencias bibliográficas____________
Memorias sobre el Hábito (MH) 0,0,11; MH 0,0,33
Reglas Ccomunes 19,4
Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Regla (Edición 2015): Capítulo 1, art. 5-7
Temas Lasalianos, N° 37: Hábito
15 NOVEDADES DE LA GUÍA DE LAS ESCUELAS DEL SANTO FUNDADOR
1. Método de Enseñanza Simultánea: Sustituyó la instrucción individualizada (un alumno a la vez) por la enseñanza a grupos o clases , un cambio fundamental para la educación masiva.
2. Instrucción en Lengua Materna: El aprendizaje de la lectura se inició en francés (lengua vernácula) en lugar del latín tradicional, lo que hizo la alfabetización accesible a los niños pobres.
3. Agrupación por Niveles: La Salle introdujo la división de alumnos en niveles según su progreso real, y no sólo por su edad, optimizando el ritmo de enseñanza.
4. Formación de Maestros: Sentó las bases de las escuelas de formación de docentes (precursoras de las Escuelas Normales), exigiendo una preparación metódica y vocacional a los Hermanos.
5. Educación Gratuita y Popular: Consagró la enseñanza gratuita para los niños de las clases populares y artesanales, democratizando el acceso a la educación.
6. Uso de un Sistema de Señales: Creó un sistema de gestos y señales (con la regla o campana) para mantener el orden, evitar el ruido innecesario y dirigir la clase sin gritar.
7. Organización Rígida del Tiempo: Estableció un horario escolar detallado y estricto, asignando tiempos fijos a cada asignatura y actividad.
8. Evaluación Continua: Instituyó exámenes periódicos y mensuales para evaluar el progreso de los alumnos y determinar los ascensos de nivel de forma objetiva.
9. Elaboración de un Método de Lectura: Detalló un método progresivo y estructurado para enseñar a leer, desde vocales y sílabas hasta palabras.
10. Profesionalización del Docente: Elevó el estatus del maestro, considerándolo un ministro de Dios que debía actuar con método, paciencia y piedad, no como un simple oficinista.
11. Uniformidad Pedagógica: La Guía se convirtió en el único manual de operación para todas las escuelas lasalianas, garantizando un método y una calidad homogénea en distintos lugares.
12. Reglamentación de la Disciplina: Codificó el uso de las correcciones y castigos , limitando el arbitraje del maestro para que la disciplina fuera justa, proporcionada y formativa.
13.Instrucción de Urbanidad: Incluyó en el currículo la enseñanza de la cortesía, los modales y la higiene ( Urbanidad y Cortesía Cristiana ), buscando dotar a los niños pobres de dignidad social.
14. El Director de Escuela: Creó la figura del Director o Inspector encargado de supervisar y asegurar el correcto funcionamiento y la uniformidad metodológica en varias escuelas.
15. Educación como Proceso de Conversión: Concibió la educación como un proceso de formación integral , no solo académico, sino moral y espiritual, centrando todos los actos de la escuela en el cumplimiento de la voluntad de Dios.
LA RELACION PADRE DE FAMILIA Y MAESTRO EN LA PEDAGOGÍA DEL SANTO FUNDADOR
La pedagogía de San Juan Bautista de La Salle (1651-1719) se centró en la creación de escuelas gratuitas para los niños pobres y en la formación de sus maestros, los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Si bien sus escritos fundacionales como la Guía de las Escuelas Cristianas o las Meditaciones para los días de Retiro se enfocan principalmente en la relación maestro-alumno , la figura del padre o madre de familia no es marginal, sino un pilar sobre el que se edifica el rol del educador. La Salle establece una relación de corresponsabilidad vicaria y de suplencia apostólica , crucial para entender su modelo educativo.
El Fundador concibe el oficio del maestro como un "ministerio" sagrado, una delegación directa de Dios, pero también de los padres. El docente asume un papel vicario , es decir, ejerce su función "en lugar de" aquellos que tienen la responsabilidad primaria sobre el niño.
El Fundador insiste en que los alumnos son niños que "los padres se los han confiado" o "que se os han confiado" ( Meditaciones para el tiempo de Retiro , MR 198, 1, 2). Esta reiteración del término "confianza" tiene varias connotaciones:
+ Al ser digno de la confianza de los padres (y de Dios), el maestro debe comportarse con gran gravedad y prudencia , y mantener una formación permanente para estar a la altura de la responsabilidad delegada.
+ El maestro debe recordar constantemente que "no son hijos suyos" ; tienen un origen familiar y los educadores solo están realizando una "acción vicaria" ( Aportes de Juan Bautista de La Salle , Villalabeitia, 2014). Esto obliga al docente a ejercer el ministerio de la caridad con un "corazón amable" y gran respeto.
La novedad y la reflexión más profunda de La Salle sobre el tema radican en el contexto social de los niños que asisten: la pobreza extrema y, a menudo, el abandono familiar o la negligencia parental .
En la Francia del siglo XVII, las escuelas lasalianas acogían a hijos de artesanos y desfavorecidos, donde la necesidad económica obligaba a los padres a descuidar la educación o a emplear a sus hijos prematuramente. Aquí, el rol del maestro se convierte en una "suplencia apostólica" :
La Salle justifica la misión del maestro en la primera meditación del Retiro: "Corresponde, pues, a la Providencia de Dios ya su vigilancia sobre la conducta de los hombres, sustituir a los padres con personas que tengan suficientes luces y celo" ( Meditaciones para los días de retiro ). Esta "sustitución" no es un reemplazo de la paternidad, sino una intervención divina para garantizar que el niño alcance el conocimiento de Dios y la salvación, a pesar de la ausencia o insuficiencia de sus padres.
La Guía de las Escuelas Cristianas establece normas específicas que reflejan la necesidad de compensar las carencias del hogar. Por ejemplo, en las normas de conducta y limpieza, el inspector debe tener cuidado de "que aquellos cuyos padres son descuidados, y tienen parásitos, estén separados de quienes son limpios y no los tienen" (Fragmento de la Guía de las Escuelas Cristianas ). Esta rigurosidad subraya que la escuela debía cubrir aspectos básicos de higiene y orden que el hogar no proveía.
A pesar de la necesidad de suplencia, La Salle también promovió activamente la colaboración para asegurar la asistencia continua del niño.
El Fundador instaba a los Hermanos a utilizar estrategias para que los padres no sacaran a sus hijos de la escuela para trabajar. Debían hacerles ver "cuán importante es para un artesano saber leer y escribir, pues por pocos alcances que tenga, sabiendo leer y escribir, será capaz de todo" (Obras Completas, Guía de Escuelas , GE 16, 2, 21). Esto demuestra una visión pragmática y un esfuerzo de diálogo para alinear los intereses económicos del padre con los beneficios formativos del niño.
En retrospectiva, la filosofía lasaliana no aborda la relación padre-maestro con la misma formalidad que la pedagogía contemporánea (tutorías, asociaciones de padres, etc.). Sin embargo, su novedad reside en dos puntos:
+ La Salle eleva la labor del maestro a la categoría de ministerio de caridad , el cual se ejerce como extensión de la responsabilidad parental. Esta perspectiva trasciende el simple contrato social de la educación y lo inscribe en un mandato de fe.
+ Al pedir a los maestros que suplan las carencias del hogar (higiene, orden, moral), La Salle obliga al docente a mirar al alumno de forma integral , no solo como una mente a instruir, sino como un ser que necesita ser acogido en su totalidad, compensando las adversidades de su entorno familiar.
La relación, por tanto, es una corresponsabilidad de carácter moral y espiritual , donde el padre confía en la formación del niño y el maestro la asume con celo, y cuando el padre falla, el maestro se convierte en el puente de salvación que garantiza la dignidad y el futuro del alumno.
Referencias bibliográficas ___________
De La Salle, Juan Bautista. Guía de las Escuelas Cristianas. Diversas ediciones.
De La Salle, Juan Bautista. Meditaciones para el tiempo de Retiro. (Referencia a MR 198, 1, 2).
De La Salle, Juan Bautista. Obras Completas, Guía de Escuelas. (Referencia a GE 16, 2, 21).
LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL, SEGÚN EL SANTO FUNDADOR
La dirección espiritual, entendida como la guía del alma hacia su perfección cristiana, fue una preocupación constante para De la Salle en su labor educativa y formativa. En sus escritos, se puede percibir la riqueza de su pensamiento sobre cómo un director espiritual puede acompañar a los educadores y a los jóvenes en su vida espiritual, ayudándoles a discernir la voluntad de Dios y a vivirla en la cotidianeidad.
De la Salle entendía la dirección espiritual como una guía que no solo busca la perfección personal del individuo, sino que también orienta hacia un compromiso activo con la misión evangelizadora. En sus escritos, nos invita a considerar la dirección espiritual como un medio para conocer más profundamente a Dios y para realizar un discernimiento genuino de las propias decisiones. En este sentido, el director espiritual no es un simple consejero, sino un guía que ayuda a la persona a abrirse a la acción de Dios en su vida.
En su "Mémoires sur la Direction des Esprits", De la Salle enfatiza que un director espiritual debe ser alguien con gran discernimiento y una profunda vida interior. Señala que la principal función del director es ayudar al dirigido a "reconocer y seguir la voluntad de Dios en su vida cotidiana". El acompañamiento debe ser constante y fundamentado en la humildad y en la fidelidad a los principios cristianos.
"El director espiritual debe estar en todo momento dispuesto a orientar a los discípulos hacia una vida de oración y de constante unión con Dios, ayudándoles a superar sus dificultades y a crecer en la virtud" (Mémoires, 1690).
Para San Juan Bautista de la Salle, la dirección espiritual era esencial no solo para los laicos, sino especialmente para los educadores. De hecho, en sus cartas y escritos, es frecuente ver cómo incide en la importancia de que los Hermanos, que formaban a los jóvenes, también recibieran una orientación espiritual constante. Consideraba que el educador debía ser un modelo de virtudes, no solo en sus conocimientos académicos, sino en su vida espiritual.
En su "Meditaciones sobre la vida cristiana", De la Salle subraya que los educadores deben vivir una vida de oración constante y disposición al servicio. En cuanto a la dirección espiritual, señalaba que:
"El maestro debe buscar en todo momento la dirección espiritual para no dejarse arrastrar por las preocupaciones mundanas, sino mantenerse firme en su vocación de educar en la fe y en las virtudes" (Meditaciones, 1704).
La dirección espiritual en este contexto tiene como objetivo la formación de un educador integral, donde la vida espiritual y el apostolado educativo se entrelazan de manera inseparable. Para San Juan Bautista de la Salle, enseñar es una extensión de la misión de Cristo, y, como tal, debe estar impregnada de una vivencia auténtica de la fe.
De la Salle entendía que el discernimiento espiritual es fundamental en la vida cristiana. La dirección espiritual es el medio adecuado para aprender a escuchar la voz de Dios y seguirla con valentía y determinación. De acuerdo con sus escritos, la dirección espiritual no es solo un acompañamiento externo, sino un proceso en el que el alma aprende a reconocer las inspiraciones del Espíritu Santo.
En su "Reglas de los Hermanos de las Escuelas Cristianas", De la Salle establece que los Hermanos deben ser acompañados por un director espiritual que les ayude a discernir sus sentimientos y pensamientos, buscando siempre actuar conforme a la voluntad de Dios. La razón de esto es que solo a través de este acompañamiento, el educador podrá vivir su vocación con coherencia y alegría. La dirección espiritual se convierte así en un medio para la purificación del corazón y la intensificación de la vida espiritual, lo que redundará en un ejercicio educativo más auténtico.
"La dirección espiritual debe llevar a la persona a un estado de pureza y docilidad a la voluntad de Dios, de manera que sus decisiones y acciones reflejen su amor por Dios y por el prójimo" (Reglas, 1705).
Para San Juan Bautista de la Salle, la oración es el eje alrededor del cual gira toda la vida cristiana. La dirección espiritual debe, por lo tanto, enfocarse en la intensificación de la vida de oración del dirigido. A través de la oración, la persona se acerca a Dios y se prepara para recibir su dirección. En sus "Cartas a los Hermanos", De la Salle señala:
"La oración constante y ferviente es el mejor medio para lograr una dirección espiritual eficaz. El alma que ora con sinceridad se abre a la gracia de Dios y puede recibir la luz necesaria para discernir su camino" (Cartas, 1707).
El director espiritual tiene la responsabilidad de orientar al dirigido en cómo hacer de la oración una constante en su vida. La oración no es vista como un acto aislado, sino como un proceso continuo que permite al individuo permanecer en presencia de Dios, dispuesto a escuchar y seguir sus indicaciones.
Un aspecto fundamental de la dirección espiritual en la vida de San Juan Bautista de la Salle es su relación con la vida comunitaria. Para él, la vida comunitaria era un pilar fundamental de la espiritualidad, ya que permite el apoyo mutuo en el camino de la fe. En las cartas y escritos que dejó, insiste constantemente en la necesidad de que los Hermanos se apoyen unos a otros, tanto en la dirección espiritual como en el acompañamiento fraterno.
De la Salle veía a la comunidad como un lugar privilegiado donde se puede practicar la humildad, la obediencia y el amor fraterno, tres virtudes esenciales para el crecimiento espiritual. La dirección espiritual, entonces, no solo es un acompañamiento individual, sino que también debe estar integrada en la vida comunitaria, donde los miembros se ayuden mutuamente a crecer en la fe y en la virtud.
"La vida comunitaria es el terreno en el que la dirección espiritual encuentra su mayor eficacia, porque permite el cultivo de las virtudes y el soporte mutuo en la lucha por vivir según el Evangelio" (Cartas, 1711).
San Juan Bautista de la Salle entendió la dirección espiritual como un medio esencial para la formación integral de los educadores y la vivencia auténtica de la fe cristiana. En sus escritos, se percibe una profunda convicción de que el director espiritual debe ser alguien capaz de orientar con sabiduría y caridad, ayudando a los discípulos a discernir la voluntad de Dios y a vivirla con coherencia. La dirección espiritual, como la vivió De la Salle, es un proceso continuo de purificación, discernimiento y formación, cuyo objetivo final es la santificación del educador y su dedicación plena a la misión de evangelizar a través de la educación.
Referencias bibliográficas ___________
De la Salle, Juan Bautista. Mémoires sur la Direction des Esprits. París, 1690.
De la Salle, Juan Bautista. Meditaciones sobre la vida cristiana. París, 1704.
De la Salle, Juan Bautista. Reglas de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. París, 1705.
De la Salle, Juan Bautista. Cartas a los Hermanos. París, 1707-1711.
LA GUÍA DE LAS ESCUELAS Y SU INFLUENCIA EN LA PEDAGOGIA MODERNA
La obra de San Juan Bautista de La Salle (1651-1719), sacerdote y reformador educativo francés, constituye uno de los hitos fundacionales de la educación popular moderna. Su magnum opus, " La Guía de las Escuelas Cristianas", no es simplemente un manual de piedad o doctrina, sino un compendio revolucionario de metodología y organización escolar que sentó las bases para el sistema educativo tal como lo conocemos hoy. A pesar de haber sido escritas para las "escuelas de caridad" destinadas a los niños pobres, sus principios trascendieron su contexto original y siguen siendo pilares de la pedagogía contemporánea.
Antes de La Salle, la enseñanza en las escuelas de caridad se caracterizaba por la instrucción individualizada y el uso predominante del culto latino. La Guía de las Escuelas, basada en la práctica observada y sistematizada en las Escuelas Cristianas, introdujo cambios radicales que son el núcleo de su influencia:
1. La Enseñanza Simultánea o Mutua
El cambio más significativo fue la introducción del método simultánea o mutuo . La Salle dispuso que los alumnos fueran agrupados por nivel de competencia o edad en clases organizadas, y que el maestro enseñara la misma lección a todo el grupo a la vez.
La Guía de las Escuelas Cristianas: "El maestro no debe jamás permitir que los alumnos lean a varios, para evitar la confusión que se seguiría, o para no hacer ruido que podría distraer a los otros; es indispensable, pues, que los alumnos estén divididos en clases o grupos, según sus talentos, para que los que se hallen en el mismo grupo puedan ser instruidos en la misma lección." (Adaptación del original sobre la organización de las clases).
Este método fue revolucionario porque:
-Maximizó la eficiencia del tiempo del maestro y del alumno.
-Promovió la disciplina y el orden al mantener a todos los alumnos ocupados en la misma tarea.
-Estableció la base para el aula moderna con su estructura de alumnos, pizarra y maestro al frente.
2. El Uso de la Lengua Materna y la Graduación de Contenidos
La Salle insistió en que la lectura y la escritura se enseñaran en la lengua vernácula (francés), en lugar del latín, para hacer la educación accesible y útil a las clases populares. Además, la Guía detalla un currículo progresivo y graduado , con objetivos de aprendizaje claros para cada "clase" o nivel, asegurando una progresión lógica del conocimiento, un concepto fundamental en el diseño curricular moderno.
3. La Formación y Profesionalización del Maestro
La Guía es, principalmente, un manual para el maestro. Esto elevó la enseñanza de un oficio ocasional a una profesión estructurada y con reglas. La Salle inició que los maestros debían ser personas formadas, con vocación y un comportamiento ejemplar. De hecho, fundó el primer Instituto de Formación de Maestros (las Escuelas Normales, como se les conocería después) en Reims.
Casi un siglo después de La Salle, el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas encargó al Hermano Agathon (Jean-Alexis-François de Bargettes, 1735-1798), Superior General de la época, una revisión y sistematización de La Guía de las Escuelas. Su versión, publicada en 1787 (a veces conocida como la "Guía de Agathon" o "Reforma de Agathon"), perfeccionó y consolidó el modelo lasaliano.
El Hermano Agathon no alteró la esencia del método, sino que lo codificó con una precisión minuciosa y exhaustiva . Su obra se convirtió en un documento aún más detallado, cubriendo con exactitud:
-Las posturas y movimientos de los alumnos (la disciplina corporal como medio de atención).
-El uso de señales y silencios para la gestión del aula (el sistema de "señales" en lugar de gritos, precursor de la gestión de aula no verbal).
-Los horarios exactos para cada actividad.
-El protocolo para la admisión y promoción de estudiantes.
La "Guía de Agathon" es un ejemplo temprano de manual de procedimiento operativo estándar aplicado a la educación, asegurando la uniformidad y calidad de la enseñanza en todas las escuelas de la Congregación.
La versión del Hermano Agathon tuvo un impacto directo en la estructura de la escuela pública posrevolucionaria en Francia y, por fin, en muchos sistemas educativos nacionales de Europa y América. El énfasis en la disciplina, la higiene, el orden meticuloso y la eficiencia en la gestión del tiempo se integró al modelo de escuela masiva necesario en el siglo XIX.
La influencia conjunta de La Salle y el Hermano Agathon es innegable y se manifiesta en aspectos clave de la educación contemporánea:
1. Gestión del Aula y Didáctica
El concepto de grupo y nivel es el legado más visible. La división de la escuela en grados o cursos sigue el principio de la enseñanza simultánea lasaliana.
La Guía de las Escuelas Cristianas (en la sección sobre "Los Silencios y las Señales"): "El maestro no debe hablar a los alumnos, sino por señales, y estas señales deben ser hechas por el maestro con un palo o varilla; para que los alumnos no se distraigan con el ruido de las palabras".
Este principio de gestión de aula con economía de palabras, a través de rutinas y señales no verbales, es un tema central en los modernos cursos de formación docente.
2. Formación Docente
La insistencia en la formación práctica y la reflexión sistemática sobre el acto de enseñar, plasmada en la Guía, es el antecedente de la práctica reflexiva y la investigación-acción en la formación pedagógica. El docente lasaliano, al seguir la Guía, estaba constantemente evaluando su método.
3. Educación Inclusiva y Sentido Social
El objetivo original de La Salle de educar a los hijos de artesanos y pobres de forma gratuita (principio de gratuidad y universalidad) es la base ética del derecho a la educación que define a los sistemas escolares modernos. Al adaptar la enseñanza a la lengua vernácula, La Salle validó la cultura y las necesidades de los educandos, un principio de relevancia cultural y accesibilidad que es central en el diseño curricular actual.
4. La Importancia del Currículo y la Evaluación
La Guía detalla cómo se debe enseñar a leer, escribir, contar y la catequesis, especificando los pasos y los materiales. Este enfoque prescriptivo y organizado es el modelo precursor de la planificación curricular detallada y de los instrumentos de evaluación estandarizados, que La Salle diseñó para medir el progreso de los estudiantes entre los diferentes "grupos".
La "Guía de las Escuelas Cristianas" de San Juan Bautista de La Salle, reforzada y detallada por el Hermano Agathon, fue mucho más que un manual religioso; Fue un tratado de tecnología educativa. Alizar institucional la enseñanza simultánea, profesionalizar la figura del maestro y establecer un currículo graduado y accesible, sentó las bases operativas de la escuela pública masiva y eficiente. Su legado persiste en cada aula organizada por niveles, en cada manual de gestión docente y en el principio inmutable de que la educación de calidad debe ser un derecho organizado y sistematizado para todos.
Referencias bibliográficas _______________
De La Salle, JB (1720). La Conduite des Écoles Chrétiennes (La Guía de las Escuelas Cristianas). (Edición póstuma).
Hermano Agatón. (1787). La Conduite des Écoles Chrétiennes (Revisión y adiciones).
Gutiérrez, RD (1998). San Juan Bautista de La Salle: Fundador y Pedagogo. Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Houssaye, J. (2000). Teorías y prácticas de la educación. Ediciones Retz.
Varela, J. (1991). Modos de Educación en la España de la Contrarreforma. Ediciones de La Piqueta.
DATOS INTERESANTES DEL SANTO FUNDADOR
Es difícil hablar de sucesos "desconocidos" en la vida de un santo tan estudiado como San Juan Bautista de la Salle , pero sí existen anécdotas y datos menos difundidos que resaltan su lado más humano y los grandes desafíos que enfrentó al fundar el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Problemas familiares por su Misión:
La Salle provenía de una familia adinerada de juristas. Inicialmente, ofreció su gran casa familiar en Reims para acoger a los primeros maestros (futuros Hermanos). Esto le trajo problemas y conflictos con su familia , quienes no veían con buenos ojos que un sacerdote de su posición se mezclara y conviviera con maestros de origen más humildes. Esta presión lo obligó a buscar otra residencia para la comunidad.
Período de Dudas y Retiro:
La Fundación de su Instituto no fue un camino fácil. Enfrentó un largo período de prueba y dudas sobre la continuidad de su obra, agravado por la persecución de ciertas autoridades eclesiásticas (llegando a ser depuesto de su cargo de superior en 1702). Debido a estas dificultades, se refugió por un tiempo en el sur de Francia, en una especie de exilio autoimpuesto. Los principales Hermanos de París tuvieron que escribirle, grabándole sus votos y pidiéndole que volviera a asumir la dirección de las escuelas.
Su Bautismo y Tutoría:
Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la iglesia de San Hilario. Tras la muerte de sus padres, dejó temporalmente el Seminario de San Sulpicio para asumir la tutoría legal de sus hermanos menores , gestionando su educación y el patrimonio familiar.
Innovaciones Pedagógicas Revolucionarias:
Aunque se sabe que revolucionó la educación, a veces se minimiza el impacto de sus innovaciones en su contexto:
-Fue pionero en la enseñanza grupal (clase), en lugar de la tutoría individualizada.
-Defendió e implementó la enseñanza de la lectura en lengua vernácula (francés), en lugar del latín.
-Abrió la primera Escuela de Formación para Maestros conocida.
-Permaneció fiel a la Iglesia en tiempos de crisis y desarrollo una teología arraigada en la realidad.
-Elaboró una método de oración mental animado por el espíritu de fe y celo, que hasta hoy constituye una guía para todo cristiano.
-Colocó al niño en el centro de educación, es especial, a los menos favorecidos o excluidos, dando un rostro de elevada dignidad y preferencia evangélica.
-Indujo la devoción y amor a la Santísima Virgen en la vida de los Hermanos y enseñanza en las escuelas.
-Desarrollo una teología del pobre y de la educación inclusiva em sus escritos.
-Abandonó y renunció a todo y depositó su vida enteramente a la Providencia divina.
Estos sucesos revelan un hombre que, a pesar de su posición social privilegiada y su formación académica, se despojó de comodidades, enfrentó la oposición familiar y eclesiástica, y pasó por momentos de profunda crisis personal para cumplir con su vocación de ofrecer educación gratuita a los pobres.
EL VOTO HEROÍCO: LA ESENCIA DE LA PROMESA LASALLISTA
El Voto Heroico no es solo un acontecimiento en la historia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, sino el pulso que late en el corazón de su carisma. Para comprender su magnitud, es esencial situarse a finales del siglo XVII, en la Francia de Luis XIV. San Juan Bautista de La Salle, un canónigo de Reims, había tomado una decisión radical: abandonar su vida de privilegios para fundar escuelas gratuitas para los niños pobres, una tarea considerada indigna para su clase social.
A pesar de su fervor, la obra se vio asediada. La Salle había renunciado a su herencia, lo que llevó a la naciente comunidad a la precariedad económica. El Instituto enfrentaba la oposición de los maestros de escuelas privadas, el desgaste del trabajo y, lo más doloroso, el abandono y la muerte de varios de sus primeros compañeros. La obra, a penas iniciada, pendía de un hilo y el desánimo se cernía sobre el Fundador. El colapso total era una posibilidad real.
Ante esta profunda crisis, La Salle no buscó una retirada estratégica, sino un compromiso radical. El 21 de noviembre de 1691, en París, se reunió con los dos Hermanos que encarnaban su máxima fidelidad: Nicolás Vuyart y Gabriel Drolin. Juntos, hicieron un juramento solemne a Dios, que la historia conoce como el Voto Heroico.
Este no fue un voto religioso ordinario, sino un pacto de hierro para garantizar la supervivencia de su misión. Se comprometieron a la asociación y la unión de por vida, declarando que mantendrían las Escuelas Cristianas a toda costa. La parte "heroica" y fundamental del voto estaba en la aceptación de la miseria más absoluta si fuese necesario, prometiendo no abandonar la obra "aunque sólo quedásemos tres en dicha Sociedad, y fuésemos obligados a pedir limosna y vivir de pan solamente." Fue un abandono de toda lógica humana y una entrega absoluta a la Providencia divina.
El significado de este acto trascendió su tiempo. Para La Salle, fue el reconocimiento de que la obra no le pertenecía, sino que era de Dios, y que la única forma de preservarla era mediante la fe radical y la solidaridad inquebrantable. Este voto fundacional selló la identidad del Instituto en dos pilares: la Asociación (la unión de los Hermanos para la misión) y la Estabilidad (la permanencia en la vocación).
Hoy, el Voto Heroico sigue siendo un faro para toda la Familia Lasallista. Es un testimonio de que la auténtica identidad se forja en la crisis y que el compromiso debe ser más fuerte que cualquier adversidad material. Nos recuerda que la misión de la educación gratuita de los más vulnerables es la razón de ser de su existencia, por encima de las estructuras o las comodidades.
Para la vida consagrada contemporánea, el mensaje del Voto Heroico es especialmente relevante. En un contexto de desafíos vocacionales y económicos, llama a la radicalidad evangélica: ante la posible escasez de miembros o recursos, la fe debe primar sobre la autosuficiencia. El voto enseña que la fecundidad apostólica reside en el coraje de vivir la misión desde la esencia y la pobreza, confiando en que Dios sostiene su obra. Es un llamado atemporal a priorizar la fidelidad al carisma sobre la seguridad institucional, una promesa de que la fe, cuando es compartida y heroica, puede sostener una obra incluso cuando solo queda "el pan" para subsistir.
El Voto Heroico fue un pacto de supervivencia forjado en el momento más oscuro de la fundación lasallista. San Juan Bautista de La Salle y sus hermanos no se limitaron a rezar; hicieron un compromiso de acción radical. Su espíritu nos desafía hoy a llevar nuestra fe más allá de las paredes de la iglesia y del confort personal.
1. El Pacto del triángulo fiel
Inspirados por los tres hombres que se unieron para salvar una misión que se desmoronaba, el cristiano moderno puede establecer un "Pacto del Triángulo Fiel". Se trata de identificar a dos o cuatro personas de confianza con quienes comprometerse a sostener una causa apostólica concreta durante un tiempo determinado. No se trata solo de un grupo de estudio, sino de una alianza de lealtad activa: jurar que no se abandonará ese proyecto de servicio o esa misión de oración compartida, por más que la vida se complique, el dinero escasee o el desánimo golpee. Es convertir la amistad en una fuerza de resistencia espiritual contra la indiferencia.
2. El Desprendimiento del "Colchón de seguridad"
El Voto Heroico es famoso por su aceptación de vivir "solo de pan". En una sociedad obsesionada con la acumulación y el miedo al futuro, esta es la invitación a practicar el Desprendimiento del "Colchón de Seguridad". Consiste en identificar esa área de nuestra vida donde somos más reacios a soltar el control (un ahorro excesivo, un hábito cómodo, un tiempo celosamente guardado) y dedicar una porción significativa de esa seguridad a un acto de fe. Es un ejercicio para forzar la dependencia de la Providencia: sembrar esa porción de seguridad financiera o temporal en una causa de servicio, atreviéndose a vivir con "menos margen" para confiar más en la gracia de Dios.
3. La Meditación en la sombra de la crítica
La Salle y sus Hermanos fueron objeto de burlas, demandas y ataques constantes. La "Meditación en la Sombra de la Crítica" nos invita a imitar su temple. Cuando las críticas (sean justas o injustas) arrecien o cuando un plan bienintencionado fracase, debemos hacer una pausa. En lugar de reaccionar defendiendo el ego o señalando culpables, se toma ese momento de dolor y se lo ofrece a Dios, preguntando con honestidad: "¿Qué verdad debo aprender de esta oposición?" y "¿Me está pidiendo este fracaso que despoje a mi servicio de ambiciones personales y lo centre más en la voluntad de Dios?" Se trata de usar el sufrimiento y el juicio como un purificador para la verdadera intención.
4. La Disciplina del último aliento misionero
Los fundadores se comprometieron "hasta la muerte del último de nosotros". Esta Disciplina del Último Aliento Misionero nos llama a erradicar la mentalidad de "lo dejo si no funciona en seis meses" o "busco algo más fácil". Se aplica a la fidelidad a nuestra vocación o a nuestro servicio más difícil. El cristiano se compromete a no abandonar su puesto (sea su matrimonio, su responsabilidad de caridad, o su promesa de oración) simplemente por cansancio, aburrimiento o falta de resultados visibles. Se trata de cultivar la virtud de la perseverancia sacrificial, sabiendo que el valor de un compromiso radica en mantenerlo cuando la pasión se ha ido y solo queda el deber de la fe.
5. La Auditoría de la esencialidad votada
El Voto Heroico fue un retorno violento a la esencia fundacional de la educación. La Auditoría de la Esencialidad Votada es una práctica periódica de limpieza espiritual y vital. Cada año, el cristiano debe hacer una "auditoría" de su tiempo, sus posesiones y sus roles. Se trata de identificar todo aquello que es accesorio, que consume energía sin alimentar la vocación (el consumismo innecesario, los compromisos sociales vacíos, las aficiones obsesivas) y eliminarlo activamente, como La Salle se desprendió de su canonicato y su riqueza. El objetivo es que la vida se parezca cada vez más a una herramienta afilada, centrada solo en los mandamientos principales: amar a Dios y amar al prójimo.
VAUGIRARD: EL NACIMIENTO DE UNA IDENTIDAD
El Noviciado de Vaugirard , establecido por San Juan Bautista de La Salle en 1691, no fue simplemente una casa de formación; fue el crisol donde se fundieron los elementos esenciales de lo que hoy conocemos como el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Situémonos en la Francia del siglo XVII , un tiempo de profundas desigualdades sociales. En París, mientras la nobleza disfrutaba del esplendor, miles de niños pobres vagaban sin educación. San Juan Bautista de La Salle, un canónigo de Reims, había dejado atrás su vida acomodada para dedicarse a la causa de la escuela gratuita y popular . Después de varios intentos por establecer una vida comunitaria con los primeros maestros que había reunido, La Salle decidió buscar un lugar para darles una formación sólida.
Así nació Vaugirard.
Vaugirard, un tranquilo pueblo a las afueras de París, funcionó como el noviciado central del incipiente Instituto entre 1691 y 1698 . Su significado trasciende el de un simple seminario; fue el espacio de fundación espiritual e identitaria :
La Salle comprendió que para que su obra perdurara, los maestros debían ser más que simples instructores; debían ser religiosos laicos totalmente dedicados a la enseñanza. En Vaugirard, la vida se centró en la oración, la reflexión y la vida en común , sentando las bases de la vocación del "Hermano" (del francés Frère ). Fue el lugar donde se desarrolló la identidad de un religioso no sacerdote, dedicado exclusivamente a la educación de los pobres.
En este período crucial (1691-1698), La Salle y los primeros Hermanos trabajaron intensamente en la redacción de los textos que guiarían la vida del Instituto, incluyendo el borrador de la Regla Común . El aislamiento de Vaugirard proporcionó la paz y el tiempo necesario para discernir y codificar las prácticas que asegurarían la perseverancia de la comunidad, como la renuncia a ser sacerdote, el voto de asociación para mantener las escuelas y la formación en las virtudes propias de un educador cristiano.
El tiempo en Vaugirard coincidió con grandes dificultades para La Salle: enfrentó la oposición de la Iglesia, de los maestros calígrafos de París y, en un momento dado, la deserción de algunos Hermanos. Vaugirard se convirtió en un santuario, un lugar donde la fe y la determinación se fortalecieron en la adversidad. Simboliza la firmeza del propósito de La Salle a pesar de las pruebas.
Vaugirard es, por lo tanto, el laboratorio espiritual donde la intuición de La Salle se transformó en una institución sólida y viable.
La experiencia de Vaugirard ofrece una novedad imperecedera para la formación de los Hermanos y para la misión educativa lasallista en el siglo XXI:
1. El Retorno a lo Esencial: La desconexión fecunda
La Salle eligió a Vaugirard precisamente por su ubicación rural y apartada de la bulliciosa París. Hoy, inmersos en una cultura de hiperconectividad y exceso de información, la lección es clara:
Necesidad de un "Vaugirard interior": La formación requiere un tiempo y un espacio de "desconexión fecunda" para cultivar la vida interior. La novedad radica en la valentía de crear intencionalmente períodos de silencio y simplicidad que permite al aspirante y al educador escuchar la vocación por encima del ruido del mundo.
Simplicidad y Radicalidad: Vaugirard nos recuerda que la fuerza del carisma no reside en los grandes edificios o las tecnologías sofisticadas, sino en la simplicidad de vida y la radicalidad del compromiso con la misión: servir a los pobres a través de la educación.
2. La Formación como construcción de Comunidad
En Vaugirard, la formación no fue un proceso individual, sino una construcción colectiva . La Salle vivió con sus Hermanos, compartiendo cada aspecto de la vida. Esto nos enseña:
Identidad y Misión Unidas: La formación lasallista de hoy debe hacer hincapié en que la identidad del Hermano o del educador lasallista es inseparable de su misión ( juntos y por asociación ). La comunidad es el primer lugar donde se aprende a ser Hermano, compartiendo la fe y la visión.
Liderazgo de Servicio: La Salle fue un líder que formó a otros líderes viviendo entre ellos . Esto subraya la necesidad de un modelo de formación basado en el acompañamiento personal y el ejemplo vivo , donde los formadores son modelos creíbles del carisma.
El Noviciado de Vaugirard, aunque desapareció, perdura como el paradigma de una formación que prioriza la autenticidad espiritual sobre la mera preparación técnica, asegurando que la escuela lasallista sea siempre, ante todo, un Signo de Fe en medio del mundo.
Fuentes de consulta___________________
-Blain, Jean-Baptiste. La Vie de M. Jean-Baptiste de La Salle, Prêtre, Docteur en Théologie, Institutions des Frères des Écoles Chrétiennes (1733).
-La Salle, San Juan Bautista de. Regla Común del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
-La Salle, San Juan Bautista de. Meditaciones para el Tiempo de Retiro.
-La Salle, San Juan Bautista de. Conduite des Écoles Chrétiennes (Guía de las Escuelas Cristianas).
-Gallego, Saturnino. San Juan Bautista de La Salle: vida y pensamiento (Biografía moderna).
-Ravelet, Armando. San Juan Bautista de La Salle y Su Obra.
-Archivos del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Sección Vaugirard 1691-1698).
-Cuadernos Lasalianos (Estudios históricos y de espiritualidad).
EL "POBRE" EN LA ESPIRITUALIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
La obra fundacional de San Juan Bautista de La Salle (1651-1719) no puede entenderse sin situarla en el turbulento panorama social y educativo de la Francia del siglo XVII y principios del XVIII. En este período, la nación, marcada por la desigualdad rampante y las secuelas de conflictos como la Guerra de los Treinta Años, presentaba una división aguda entre las élites que tenían acceso a la educación y las clases populares (artesanos, campesinos, obreros) cuyos hijos estaban condenados al analfabetismo y al desamparo espiritual.
La Salle, un canónigo de Reims de familia noble, observó de cerca este fenómeno. Su respuesta no fue una caridad temporal, sino la identificación de una crisis sistémica: la falta de una educación organizada y de calidad que pudiera romper el ciclo de miseria material y, más crucialmente, espiritual. La Regla del Instituto y los textos históricos confirman que el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas se originó como una respuesta directa e imperativa al "desamparo humano y espiritual de los hijos de los artesanos y de los pobres". Esta conciencia marcó el inicio de un camino que exigiría de La Salle y sus primeros asociados una conversión profunda y la institucionalización de la pobreza como un principio carismático.
En la espiritualidad lasaliana, la noción de "pobre" trasciende la mera definición económica. Si bien la privación material es el punto de partida y el criterio sociológico inicial, el Fundador profundiza en una comprensión teológica de la pobreza como un estado de vulnerabilidad y exclusión que afecta la dignidad integral de la persona.
Para San Juan Bautista de La Salle, la pobreza más grave que afligía a los niños de su época era la carencia de salvación o la ignorancia de Dios. Este concepto de miseria espiritual coloca al niño pobre en una situación de profundo abandono, una realidad que la educación cristiana debe remediar. Por lo tanto, el Servicio Educativo de los Pobres (SEP) se configura no como una opción filantrópica, sino como una misión de rescate y redención que busca la plenitud humana y espiritual del destinatario.
El compromiso de San Juan Bautista de La Salle con los pobres no fue una adición accidental a su ministerio, sino el eje vertebrador que redefinió su identidad y la de su Instituto. El hecho de que La Salle, un hombre de alto estatus social, renunciara a sus privilegios, incluidos sus bienes y la canonjía, establece que la conversión personal y la asunción de la humildad son requisitos fundamentales para la misión. El camino fue claro: su encuentro con la pobreza desatendida le llevó a reconocer la ineficacia de su estatus anterior, impulsando una renuncia radical que fundó la obra sobre la base de la pobreza y la humildad.
Este análisis se centra en la coherencia de esta opción, examinando cómo el núcleo teológico de La Salle se institucionaliza a través de los votos, y cómo, en la actualidad, los Hermanos lasalianos responden a las nuevas pobrezas del siglo XXI, demostrando la vitalidad constante y la adaptación profética del carisma.
A. La Dimensión Cristológica de la Pobreza: El Niño en el Pesebre
La Salle establece que el encuentro con el pobre es una experiencia de encuentro con lo divino, basando su pedagogía en la teología de la Encarnación. Para el Fundador, el pobre es el locus theologicus , el lugar privilegiado donde se revela la humildad de Cristo. Mirar al niño desamparado es, de hecho, "descubrir a Jesús bajo esos pobres harapos". Este imperativo espiritual convierte el servicio educativo en un acto de adoración y reconocimiento.
En su meditación para la Fiesta de la Natividad, San Juan Bautista de La Salle traza un paralelismo directo entre la humildad del Redentor y la condición de los niños a los que se instruye. Afirma que los pastores alabaron a Dios porque habían visto a un "pobre niño acostado en un pesebre", y fue en esa pobreza y humildad donde reconocieron al Salvador. Por consiguiente, el educador está llamado a asemejarse a "Jesús recién nacido" en pobreza y humildad para poder tocar los corazones de los niños. La Salle sostiene un principio de receptividad teológica : la capacidad del Hermano para producir "fruto en las almas" es directamente proporcional a su unión de corazón con la pobreza y la humildad. Si el educador no es comparable a Cristo recién nacido por estas "dos eminentes cualidades", será poco estimado por los pobres y fracasará en su intento de conducirlos a Dios. Esto eleva la pobreza del educador de una mera virtud ascética a una condición sine qua non para la eficacia apostólica.
B. El Pobre como "Huérfano de la Salvación".
Si bien la pobreza material fue el punto de partida del carisma, la preocupación central de La Salle se dirigió a la dimensión espiritual. El riesgo fundamental para estos niños no era solo la hambruna, sino la condenación eterna resultante de la ignorancia de la fe.
El Fundador expresa esta profunda preocupación al describir a los niños a instruir como "huérfanos pobres y abandonados". Aunque muchos tenían padres terrenales, eran "como si no lo tuvieran, y viven abandonados a sí mismos en lo referente a la salvación del alma". Dios, mirando con compasión, toma a estos niños bajo Su tutela, y es en los educadores lasalianos donde Él "se descarga de este cuidado". La educación, por lo tanto, no es solo instrucción cívica o profesional, sino el medio providencial para sacar al niño de la "miseria de sus pecados" y llevarlo a la redención.
C. El Educador como Ministro y Salvador.
El Hermano de las Escuelas Cristianas, al asumir la misión de educar a los pobres, se convierte en un agente directo de la Providencia divina. Su rol trasciende el pedagógico para asumir una función ministerial. La Salle les recuerda que han sido "llamados por Dios a vuestro empleo", elegidos para anunciar el Evangelio y las verdades de Cristo a esos niños, actuando como "ministros de Dios y los dispensadores de sus misterios".
Este apostolado está intrínsecamente ligado a la condición de pobreza y humildad. La Salle subraya que "Nada atrae tanto las almas a Dios como el estado pobre y humilde de quienes tratan de conducirlas a Él". Esta afirmación establece una relación causal: el estado de pobreza del educador facilita la conexión espiritual con el destinatario y aumenta la gracia de Dios en la misión. Institucionalizar la pobreza como un modo de vida (renunciando a la canonjía y viviendo con los maestros), La Salle aseguró que su obra se diferenciara de otros esfuerzos caritativos de la época, calculando en la pobreza vocacional como cimiento indispensable.
La pobreza en la vida del Hermano es un sello distintivo del carisma lasaliano. No se trata solo de la ausencia de bienes, sino de un estilo de vida que refleja la confianza total en Dios y la solidaridad con los destinatarios. El ejemplo del Fundador, que repartió sus bienes a los pobres. y renunció a la canonjía en favor de un sacerdote pobre, desarrolló el carácter despojado y dependiente del Instituto, garantizando que el origen de la obra residiera en la humildad.
El compromiso con los pobres se elevó de una práctica devocional a un pilar de la consagración religiosa. La Regla del Instituto especifica que los Hermanos manifiestan su consagración definitiva a Dios mediante cinco votos, siendo uno de ellos la "Asociación para el servicio educativo de los pobres". Este voto, junto a la estabilidad en el Instituto, la obediencia, la castidad y la pobreza, define la identidad específica del Hermano de las Escuelas Cristianas, confiriendo su particularidad al Instituto.
El Servicio Educativo de los Pobres no es simplemente una actividad ministerial, sino un voto de consagración , la formalización canónica de la opción preferencial. Esta vinculación asegura una doble especificidad carismática : la consagración a Dios se realiza por asociación y se dirige irrenunciablemente al servicio de la población más necesitada.
La acción lasaliana hacia los pobres está impulsada por el Espíritu de Fe y el Espíritu de Celo, considerados los dos pilares que construyen la esencia de la Escuela Cristiana.
El Espíritu de Fe: Es la capacidad de ver la misión y la realidad de los destinatarios "con los ojos de la fe". Implica la conciencia de haber sido llamado y elegido por Dios para trabajar en Su viña. La fe permite al educador reconocerse como colaborador de Dios y distribuidor de Sus misterios., viendo el potencial de salvación en cada niño pobre.
El Espíritu de Celo: Es la manifestación activa de la fe a través del servicio evangélico. El celo se define como la entrega total de sí mismo en favor de la misión, orientada a la salvación integral de las personas, "particularmente los pobres y los excluidos". El celo se traduce en una búsqueda constante de la excelencia educativa y la calidad, como un medio eficaz para tocar el corazón de los niños y asegurar su bien.
Se observa una interdependencia funcional entre las virtudes: la pobreza personal crea la conexión y la humildad necesaria para la misión (como la de Jesús humilde); la fe proporciona la visión divina de la llamada; y el celo transforma esa visión en una acción educativa y social fervorosa. Sin la pobreza, el celo corre el riesgo de degradarse a simple activismo, perdiendo la virtud salvífica que La Salle enfatizó.
La tradición lasaliana y los biógrafos han enfatizado la radicalidad de la decisión de San Juan Bautista de La Salle, presentando su vida como un modelo de desprendimiento. El proceso de conversión fue paulatino pero exigente. En 1681, llevó a los maestros de los niños pobres a vivir en su casa familiar, lo que le ocasionó conflictos con sus propios parientes. Posteriormente, en 1682, abandonó la casa paterna para vivir de forma comunitaria con los maestros y, finalmente, en 1683, renunció a la canonjía en favor de un sacerdote pobre. Esta hagiografía sirve para reforzar el principio fundamental: el servicio a los pobres exige una renuncia personal total y la adopción de la pobreza evangélica.
La Regla del Instituto actúa como el documento normativo que garantiza la fidelidad al carisma fundacional a través de los siglos. Esta normativa enfatiza que los Hermanos deben ser "testigos de la dignidad y la grandeza del compromiso educativo y de la preocupación por los jóvenes, especialmente los pobres".
Este compromiso, si bien nace de los Hermanos, ha evolucionado hacia una misión compartida . La Regla y los documentos contemporáneos reconocen que la Asociación para la Misión incluye y conduce a acoger a los laicos que desean compartir y profundizar el carisma lasaliano. Esto implica que la Opción Preferencial por los pobres se ha extendido más allá de los votos religiosos, integrándose en la vida y el servicio de toda la Familia Lasaliana, requiriendo una formación espiritual específica para los asociados seglares que participan en la SEP.
C. El Servicio a los Pobres como Instrumento de Salvación
En la visión institucional, el objetivo primordial es que el Instituto siga siendo un "instrumento de salvación para los niños y jóvenes, sobre todo para aquellos más alejados de ella".Este fin, que tiene profundas raíces en la misión original del Fundador., se mantiene vigente y se adapta a las realidades modernas. La permanencia de este enfoque asegura que la educación lasaliana no se desvíe hacia objetivos puramente académicos o de élite, sino que mantenga su corazón en el servicio a los más vulnerables.
La vitalidad de la espiritualidad de La Salle en el siglo XXI se manifiesta en su capacidad de realizar una hermenéutica de las nuevas pobrezas, interpretando los desafíos sociales actuales a la luz del carisma fundacional. Los documentos de los Capítulos Generales y las Cartas Pastorales confirman que el Servicio Educativo de los Pobres sigue siendo la opción preferencial en un contexto de economía globalizada y cultura consumista.
El Instituto se enfrenta a la necesidad de equilibrar la "fidelidad a los orígenes" con la adaptación de las formas de evangelización a las situaciones concretas. Esta respuesta requiere una postura de "creatividad" y "flexibilidad para adaptar expresiones". No se trata de diluir el carisma, sino de asegurar que, al estilo de San Juan Bautista de La Salle, los lasalianos de hoy estén comprometidos a mirar su alrededor y "descubrir las pobrezas que nos envuelven para dar también una respuesta creativa y con ojos de fe".
La Escuela Cristiana es interpelada a ser un ámbito de "conciencia crítica de la sociedad" y a promover la justicia social. Se reconoce que las pobrezas actuales son "llamados del Espíritu que nos piden una respuesta profética", lo que implica una movilización constante y, a veces, una actitud "de salida y errante" frente a la comodidad institucional.
La pobreza se ha diversificado más allá de la carencia económica, a compartir complejas vulnerabilidades sistémicas. Los documentos lasalianos identifican múltiples fisuras que amenazan el bienestar y la salvación integral de los jóvenes.
Pobrezas Socio-Estructurales y de Desarrollo: Esto incluye la desigualdad social, la falta de recursos, la educación incompetente y los escenarios de conflicto y guerra. El abordaje de estos problemas se propone desde una perspectiva que busca la justicia social.
Pobrezas de Movilidad y Familia: Se priorizan las realidades de los inmigrantes y aquellos que sufren el desmembramiento de la familia. Se refiere concretamente a millones de personas "que sufren porque se ven obligados a dejar sus tierras" y la dificultad que se encuentran en lugares extraños.
Pobrezas de Exclusión Específica: El Instituto aborda nuevas formas de marginación, incluyendo aquellas por motivos raciales o de género, y la imposibilidad de acceso a tecnologías. Proyectos concretos que reflejan esta adaptación, como la lucha contra el flagelo del hambre. y la pobreza menstrual (instalaciones sanitarias, agua potable, educación sobre higiene y la gestión adecuada de los residuos) que impide a las niñas asistir a la escuela, a través de programas de salud e higiene.
Un cambio sustancial en la visión moderna es el paso de ver a los estudiantes pobres como "seres dependientes" que adolecen, a reconocerlos y tratarlos como sujetos de derechos. La misión educativa se concibe ahora como la garantía del derecho a la educación y la formación en derechos humanos, lo que amplía el concepto de salvación del alma (original de La Salle) hacia la salvación integral que abarca la liberación y el desarrollo pleno de la persona.
La respuesta lasaliana exige que las comunidades educativas sean "tierra santa donde se logre 'honrar a todos, amar la comunidad, temer a Dios...'", ofreciendo un ambiente de crecimiento humano y transformación.
Sin embargo, el compromiso con los pobres en el siglo XXI plantea un desafío institucional complejo: la Paradoja de la Gratuidad . Mantener la fidelidad al principio fundacional de la gratuidad y la calidad educativa en un entorno de economía globalizada impone una presión financiera significativa. Este dilema exige una fuerte solidaridad entre los Distritos del Instituto y una preocupación por la justicia social interna, convirtiendo la pobreza ya no solo en una virtud, sino en un desafío de gestión global que exige el apoyo financiero y la colaboración institucional. La misión, por lo tanto, debe ser sostenible para ser profética.
La concepción del "pobre" en la espiritualidad de San Juan Bautista de La Salle es la piedra angular de su carisma. El pobre no es un objeto de caridad, sino el mediador indispensable de la vocación lasaliana. Esta visión se articula en tres niveles interconectados:
Nivel Cristológico: El pobre es Cristo (el niño en el pesebre), y la identificación con su humildad es la fuente de la eficacia apostólica del educador.
Nivel Teológico-Existencial: El pobre es el "huérfano de la salvación", cuya redención integral (espiritual, humana y social) es el objetivo primario de la Escuela Cristiana.
Nivel Carismático-Institucional: El pobre es el destinatario privilegiado, cuyo servicio se formaliza a través del voto de Asociación para el Servicio Educativo de los Pobres, garantizando la perpetuidad de la opción preferencial.
La espiritualidad lasaliana demuestra su vitalidad al extender el concepto de pobreza de la carencia material y espiritual a las nuevas formas de exclusión que caracterizan el mundo contemporáneo: migración, desmembramiento familiar, y vulnerabilidades de género y estructurales. El compromiso de hoy implica que la Opción Preferencial se ha democratizado, siendo compartida por toda la Familia Lasaliana.
El desafío futuro para el Instituto es mantener la fidelidad radical en esta opción en un mundo complejo. La adaptación a las nuevas pobrezas debe ir acompañada de un reforzamiento de la sinergia global, asegurando que la acción educativa mantenga la calidad y la gratuidad, y que el carisma no pierda su carácter profético, sino que siga respondiendo con "creatividad a los grandes desafíos educativos" y manteniendo una postura valiente ante los caminos "desconocidos pero siempre abiertos a lo imprevisible ya la esperanza". El servicio a los pobres es, y debe seguir siendo, el corazón palpitante del carisma de La Salle, reconociendo siempre la dignidad sagrada de cada joven.
Referencias bibliográficas ______________________
San Juan Bautista de la Salle - Educador de Niños Pobres - Calendario de Santos
COMPROMISOS PARA LA - Ciencia Unisalle - Universidad de La Salle
Quiénes somos - La Salle ARLEP
Principios fundamentales de la formación lasaliana - Universidad De La Salle
La espiritualidad lasallista - Ciencia Unisalle
San Juan Bautista de La Salle reparte sus bienes a los pobres
San Juan Bautista de La Salle
Limitados Frágiles Libres - Lasalle.org
…bajo los pobres harapos de los niños. | Espiritualidad Lasaliana
Una familia, una misión. Lasallistas asociados para el servicio educativo de los pobres - Revista de la Universidad de La Salle
LA SALLE Meditaciones para los días de retiro - Mercaba
LA ESPIRITUALIDAD LASALIANA - Lasalle.org
Regla - Lasalle.org
La espiritualidad lasallista: qué sentido encuentran los maestros del Instituto San Bernardo de La Salle en la espiritualidad
A los Hermanos de las Escuelas Cristianas (9 de junio de 2000)
El Servicio Educativo de los Pobres - Lasalle.org
Vinculando nuestra pasión por los pobres y la educación: una misión posible - Revista de la Universidad de La Salle
Espiritualidad Lasaliana Hoy – La Salle en el Mundo | lasalleorg | Roma
San Juan Bautista de La Salle, pionero de la educación, dice el Papa en el tercer centenario del fallecimiento del fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas - Bollettino Sala Stampa
Criterios de Identidad - - Bienvenidos a La Salle -
15 DE MAYO - SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE FUNDADOR DE LOS HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS Sacerdote (1651-1719)
Nuestras universidades lasallistas: camino de misión y de asociación
Riqueza y Pobreza - Universidad de La Salle
revistalasaliana.lasallebajio.edu.mx
EL ENFOQUE DE DERECHOS EN LOS RETOS LASALLISTAS PARA LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI - Revista Digital de Investigación Lasaliana
Documentos del 45.° Capítulo General - Lasalle.org
LA EVANGELIZACIÓN HOY: ASÍS Y LA SALLE
Meditando sobre la vida de san Francisco de Asís, la cual es muy inspiradora para nuestro mundo sumido en el materialismo e inmediatismo, y la figura del Señor de La Salle me estimula a escribir sobre la manera de cómo evangelizar desde ambas experiencias hoy en día. Aquí les dejo algunas reflexiones desencadenantes.
La evangelización en el siglo XXI nos exige ser, simultáneamente, poetas de la fe y arquitectos de la esperanza. Esta doble exigencia se refleja perfectamente en los modelos de dos gigantes de la Iglesia: San Francisco de Asís y San Juan Bautista de La Salle. Sus caminos, separados por cuatro siglos, ofrecen respuestas esenciales a los dilemas más apremiantes de nuestro tiempo. La clave no está en elegir uno, sino en entender cómo la síntesis de ambos estilos nos equipa para llevar el Evangelio a un mundo cínico, polarizado y exhausto.
El modelo franciscano es una respuesta a la fatiga moral y el cinismo que inunda la sociedad actual, una sociedad que desconfía profundamente de las instituciones y está saturada de palabras vacías. San Francisco nos enseña a evangelizar a través de la radicalidad del testimonio, priorizando la palabra no dicha.
En la lucha contra la pobreza y la desigualdad extrema, su vida es un grito profético. Francisco vivió en la pobreza total, evangelizando con los pobres, no meramente para ellos. La credibilidad del desapego que ofrece es un shock cultural en nuestro mundo consumista, demostrando que la fe es auténtica si rompe con la obsesión por la riqueza.
Frente a la crisis ecológica, "el dulce y mínimo Francisco" nos legó la fraternidad universal. Él no veía la Creación como un recurso a explotar, sino como "Hermano Sol" y "Hermana Luna". Su espiritualidad es la respuesta a la alienación moderna, invitándonos a una reconexión espiritual que pasa por el respeto intrínseco a la naturaleza. La evangelización franciscana hoy consiste en un humilde y alegre servicio silencioso que atrae por su radical diferencia, recordándonos su famosa máxima: "Predica el Evangelio en todo momento, y si es necesario, usa las palabras." La alegría de la sencillez se convierte en la mayor arma contra la apatía y la soledad contemporánea.
En cambio, el camino de La Salle nos dice:
Si el mundo rechaza las palabras de las instituciones, solo las aceptará si estas ofrecen un servicio tangible y de excelencia. Aquí es donde San Juan Bautista de La Salle se vuelve crucial. Su modelo es una respuesta directa a la brecha educativa y a la falta de modelos de autoridad coherentes. La Salle evangeliza a través de la organización, la educación estructurada y la palabra enseñada con rigor.
Su gran novedad fue la innovación pedagógica. Él no se limitó a dar clases, sino que creó un sistema, fundando una institución de maestros profesionalizados (los Hermanos) para garantizar la continuidad y la calidad. Esto demuestra que la fe no debe limitarse a rezar por los pobres, sino a equiparlos con las habilidades necesarias para una vida digna y plena. Se trata de una evangelización de la inteligencia, donde la excelencia académica y la formación técnica se convierten en herramientas para redimir la sociedad y ofrecer dignidad a través del oficio.
En un entorno donde la autoridad moral escasea, La Salle ofreció el modelo del maestro como apóstol. Los Hermanos vivían en comunidad, ofreciendo a los estudiantes un modelo de vida coherente y un sentido de pertenencia. La evangelización, en este caso, ocurre en la relación personal del maestro con el alumno, combatiendo el relativismo al proveer figuras que son a la vez expertos en su materia y testigos de Cristo. La fe, bajo este prisma, se convierte en la base de una formación humana integral que prepara a la persona para trascender y servir.
La ola de conversiones que vemos hoy, con jóvenes buscando tanto la estructura teológica como el testimonio radical, es la prueba de que necesitamos ambos modelos. El modelo franciscano nos recuerda que la Verdad es pobre y la Bondad es encarnada en el cuidado de la Creación; el modelo lasaliano nos enseña que la Verdad debe ser enseñada con excelencia y la Bondad debe ser estructurada en el servicio educativo.
La evangelización en nuestro tiempo requiere la cabeza clara de La Salle para construir sistemas que den esperanza a los vulnerables, y el corazón despojado de San Francisco para dar testimonio de que el Reino de Dios vale más que todos los bienes terrenales. Al fusionar la austeridad de vida con la excelencia de la enseñanza, la Iglesia ofrece el doble camino para responder a la sed de lo trascendente que, como hemos reflexionado, es la búsqueda fundamental de todo ser humano.
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Únete a esta transmisión histórica. Santa Misa y rito de canonización de los beatos Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati. Ceremonia litúrgica presidida por el Papa León XIV.
Carlo Acutis (3 de mayo de 1991 – 12 de octubre de 2006) fue un joven laico italiano cuya vida, a pesar de su brevedad, dejó una huella profunda en la Iglesia contemporánea. Su historia combina una profunda devoción eucarística, una creatividad tecnológica al servicio del Evangelio y una caridad sencilla pero constante, lo que le ha llevado a ser beatificado y a estar encaminado a la canonización1.
Nacido en Londres, hijo de Andrea Acutis y Antonia Salzano, la familia regresó a Milán cuando Carlo tenía apenas unos meses. Creció en una familia tradicional pero no practicante; sin embargo, desde pequeño mostró una inclinación natural hacia la fe y la oración. A los siete años expresó el deseo de recibir la Primera Comunión, a la que fue admitido después de que su director espiritual constatara su madurez espiritual1.
Estudió en la escuela primaria y secundaria dirigida por las Hermanas Marcelinas y, posteriormente, ingresó al Liceo Clásico “León XIII” bajo la dirección de los jesuitas, donde se destacó por su simpatía, su afición al deporte y, sobre todo, por su talento autodidacta en informática1.
La Eucaristía fue el eje central de su vida. Carlo solía decir: «La Eucaristía es mi autopista al cielo» y vivía esa convicción asistiendo a la Misa todos los días y pasando largas horas en adoración ante el Santísimo Sacramento2 1. Su devoción también se expresaba en la recitación diaria del Rosario y en la confesión semanal, hábitos que mantuvo hasta el último día de su vida1.
Consciente de que los medios digitales pueden ser tanto una distracción como una herramienta de evangelización, Carlo utilizó sus conocimientos informáticos para difundir la fe. Creó un sitio web que catalogaba milagros eucarísticos de todo el mundo y organizó una exposición internacional de dichos milagros, convirtiéndose en lo que el Papa Francisco llamó “el apóstol de la Eucaristía a través de Internet”3 4. En una carta a los medios italianos, el Santo Padre resaltó que Carlo “sabía usar la nueva tecnología de la comunicación para transmitir el Evangelio, comunicar valores y belleza”4.
A pesar de provenir de una familia acomodada, Carlo nunca se aferró a los bienes materiales. Compartía lo que tenía con los más necesitados, ayudaba a ancianos, colaboraba en comedores populares y se ofrecía como catequista para niños de su parroquia3. Su caridad era discreta y motivada por el deseo de llevar a otros al encuentro con Cristo.
En octubre de 2006, a los quince años, le diagnosticaron leucemia mieloide aguda. Ante la enfermedad, ofreció sus sufrimientos por el Papa y la Iglesia, diciendo que deseaba ir directamente al cielo sin pasar por el Purgatorio1. Fue sacramentado con la extremaunción y falleció el 12 de octubre de 2006 en el Hospital San Gerardo de Monza1.
El proceso de su causa se inició en 2013 bajo la dirección del Cardenal Angelo Scola. El 5 de julio 2018, la Congregación para las Causas de los Santos declaró heroicidades sus virtudes teológicas, proclamándolo Venerable3. En 2020, el Papa Francisco aprobó el milagro de la curación de un niño brasileño atribuido a su intercesión, lo que permitió su beatificación el 10 de octubre de 2020 en la Basílica de San Francisco de Asís1.
En 2024 el Dicasterio promulgó el decreto que reconoce un segundo milagro atribuido a Carlo, abriendo la vía para su canonización; el Papa anunció que la ceremonia tendría lugar durante el Jubileo de los adolescentes en abril de 2025, aunque fue suspendida temporalmente tras la muerte del Papa Francisco5.
Carlo es considerado patrón de los programadores y de los jóvenes que utilizan Internet para difundir el Evangelio. Su vida demuestra que la santidad no requiere hazañas extraordinarias, sino una entrega total a Cristo en la cotidianidad: oración constante, uso responsable de la tecnología y servicio desinteresado a los demás3. Su testimonio sigue inspirando a miles de jóvenes alrededor del mundo, quienes lo ven como un modelo de fe auténtica y de amor a la Eucaristía.
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Pier Giorgio Frassati nació el 6 de octubre de 1901 en Turín, Italia, en una familia católica y comprometida con la vida social. Desde joven mostró una gran energía y una profunda fe que se manifestó en su vida cotidiana. Se formó en la Universidad de Turín, donde estudió derecho, pero su verdadera vocación fue servir a los más necesitados, combinando su vida académica con una intensa actividad apostólica dentro de la Acción Católica y la Federación Universitaria del Catolicismo Italiano (FUCI)1.
Frassati se destacó también como deportista; era un alpinista entusiasta y un hábil esquiador, y utilizaba el deporte como medio para acercarse a Dios y a los demás. El Papa Juan Pablo II señaló que “era un joven moderno abierto a los valores del deporte, un valiente alpinista y un provecto esquiador” que, sin embargo, ofrecía una “corajosa testimonianza de generosidad en la fe cristiana y en la caridad hacia los pobres y los sufrientes”2.
Su vida estuvo marcada por una constante atención al pobre y al enfermo. Cada acción estaba impregnada de la Eucaristía y de la palabra de Cristo; para él “la fe sin obras está muerta”. Así, su caridad se expresaba en visitas a los enfermos, reparto de alimentos y acompañamiento de los marginados, todo ello motivado por la alegría que sentía al recibir a Jesús en la Comunión y devolverle ese amor al prójimo3.
A lo largo de su corta existencia, que terminó el 4 de julio de 1925 a los 23 años tras una súbita paralisis, Frassati vivió una “felicidad que arrasaba con todo” y una “alegría que superó muchas dificultades”4. Su muerte fue vista como el testimonio de una vida plena de fe y servicio. Fue declarado Venerable el 23 de octubre de 1987, beatificado por el Papa Juan Pablo II el 20 de mayo de 1990 y canonizado por el Papa Francisco el 3 de agosto de 20251.
Hoy, la memoria de Pier Giorgio Frassati inspira a jóvenes y adultos a integrar la fe con la vida cotidiana, el deporte y la acción social, recordándonos que la santidad se alcanza también en las actividades ordinarias cuando se hacen con amor a Dios y al prójimo.
¿Qué influencia tuvo la formación jurídica de Frassati en su enfoque pastoral?
Francesco “Pier Giorgio” Frassati estudió Derecho antes de dedicarse plenamente a su apostolado laico; esa formación le proporcionó una profunda comprensión de la justicia, del respeto a los derechos humanos y de la necesidad de equilibrar la norma con la caridad. Ese equilibrio quedó reflejado en su manera de vivir la pastoral: trató a todos con igualdad, defendió a los más vulnerables y buscó siempre que la acción cristiana fuera una expresión concreta de la justicia divina.
Aunque los documentos disponibles no describen detalladamente el currículo jurídico de Frassati, la Iglesia subraya que el estudio del derecho forma el carácter de quien lo practica: “la justicia… lleva a respetar los derechos de cada persona y a establecer la armonía que promueve la equidad”1. El Papa Juan Pablo II recuerda que la justicia no es meramente formal, sino una “expresión de caridad en la verdad” que debe acompañar toda acción pastoral2. Asimismo, la enseñanza del Papa Francisco insiste en que “un frío sentido de la justicia… debe ser evitado; la justicia debe ir acompañada de misericordia y de amor”2.
Estas ideas muestran que una sólida educación jurídica inculca una sensibilidad a los derechos de la persona y a la necesidad de aplicar la ley con compasión, valores que Frassati encarnó en su vida.
Los escritos de la Congregación de las Causas de los Santos describen a Frassati como “un joven lleno de alegría que, a través de la Eucaristía, quiso devolver el amor de Jesús ayudando a los pobres”3. Su caridad no se limitó a obras puntuales; él “fusionó la fe con la caridad, siendo firme en la fe y activo en la caridad”4. En la homilía de la beatificación, el Papa Juan Pablo II subrayó que “la adhesión al Evangelio se traduce en atención amorosa a los pobres y a los necesitados”5.
Este compromiso con los pobres y los enfermos refleja la “justicia que lleva a respetar los derechos de cada persona” señalada en la enseñanza canónica1. Frassati, formado en Derecho, entendió que la verdadera justicia no es solo la aplicación de normas, sino la defensa activa del bien de los más necesitados, tal como la Iglesia enseña que “la justicia es la base para dar a cada quien lo que le corresponde por su dignidad”6.
La visión pastoral del derecho, según el Papa Juan Pablo II, es “un servicio que fortalece los lazos de comunión mediante la fidelidad al Evangelio y la promoción de la justicia”7. Frassati vivió esa visión: su actividad en la Acción Católica y su defensa de los trabajadores y los enfermos mostraron una “actitud de equidad que tempera la rigurosidad de la ley con el bien superior”8. Así, su formación jurídica le permitió reconocer los derechos de los marginados y actuar con la “equidad que es expresión de caridad”9.
La educación jurídica de Frassati no solo le dio conocimientos técnicos, sino que le inculcó una profunda conciencia de justicia, dignidad humana y responsabilidad social. Ese sentido de la ley, siempre al servicio de la caridad, se manifestó en su pastoral laica: trató a todos con igualdad, defendió a los vulnerables y vivió la fe a través de obras concretas de amor. En su ejemplo se confirma la enseñanza de la Iglesia de que “la justicia y la caridad son inseparables en la misión pastoral del cristiano”2.
¿Cómo se integró la doctrina del derecho natural en la praxis pastoral de Frassati?
La doctrina del derecho natural, entendida por la Iglesia como la participación del ser humano en la sabiduría y bondad de Dios, se manifestó de forma concreta en la vida pastoral de Pier Giorgio Frassati. Su formación jurídica le brindó una comprensión profunda de la dignidad humana, de los derechos y deberes que emanan de la ley natural, y esa comprensión quedó plasmada en su acción cotidiana de amor y servicio.
El marco doctrinal del derecho natural
El Catecismo de la Iglesia Católica señala que el derecho natural es “una participación en la sabiduría y bondad de Dios por parte del hombre formado a imagen del Creador” y que “expresa la dignidad de la persona humana y constituye la base de sus derechos y deberes fundamentales”1. En otro pasaje se afirma que el derecho natural “proporciona la base sólida sobre la cual el hombre puede construir la estructura de normas morales que guían sus elecciones”2, y que “respeta las leyes inscritas en la creación y las relaciones que derivan de la naturaleza de las cosas”3. Estas afirmaciones describen una ley que no es abstracta, sino que se vive en la búsqueda del bien común y del respeto a cada persona.
Frassati y la vivencia de la ley natural
Los testimonios de la beatificación describen a Frassati como “un joven lleno de alegría que devolvía el amor de Jesús ayudando a los pobres”4 y como alguien cuya fe “se fundía armoniosamente con los acontecimientos cotidianos, traduciendo la adhesión al Evangelio en atención amorosa a los pobres y a los necesitados”5. Su vocación laica se expresó en múltiples compromisos asociativos y políticos, siempre orientada al bien de la comunidad y a la defensa de los más vulnerables6. En la homilía de Cristo vivit se recuerda que él “quiso devolver el amor de Jesús que recibió en la Sagrada Comunión visitando y ayudando a los pobres”7.
Integración práctica
Respeto a la dignidad humana – La formación jurídica le hizo consciente de que cada persona posee derechos inalienables, tal como la doctrina del derecho natural afirma. Frassati puso esa conciencia en práctica al servir a los enfermos, a los trabajadores y a los marginados, reconociendo en ellos la imagen de Dios y defendiendo su dignidad frente a la injusticia social8.
Búsqueda del bien común – La ley natural orienta al ser humano a buscar el bien integral de la sociedad. Frassati, a través de su participación en la Acción Católica y en movimientos sociales, trabajó por la justicia social, la solidaridad y la paz, encarnando la idea de que “la justicia es la base para dar a cada quien lo que le corresponde por su dignidad”9.
Amor al prójimo como precepto esencial – El Catecismo resume que “amar a Dios y al prójimo es la mayor y primera ley” y que de allí cuelgan toda la Ley y los profetas10. Frassati vivió este mandamiento mediante actos concretos de caridad: visitas a los enfermos, ayuda a los pobres, defensa de los derechos laborales, todo ello expresiones palpables del precepto natural de amar al vecino como a uno mismo4 11.
Equilibrio entre justicia y misericordia – El Papa Juan Pablo II enseñó que la justicia debe ir acompañada de caridad y que “la justicia no es solo una cuestión de normas, sino una expresión de caridad en la verdad”12. Frassati encarnó ese equilibrio: su rigor moral, inspirado en su estudio del derecho, nunca se volvió fría; al contrario, se fundía con una generosa entrega al prójimo, demostrando que “la adhesión al Evangelio se traduce en atención amorosa a los pobres y a los necesitados”5.
Conclusión
La doctrina del derecho natural, al proclamar la dignidad humana, el bien común y el amor al prójimo como normas fundamentales, encontró en Pier Giorgio Frassati su realización práctica. Su educación jurídica le permitió reconocer y defender los derechos inherentes a cada persona, mientras que su fe lo impulsó a traducir esas convicciones en acciones concretas de caridad y justicia. Así, la teoría del derecho natural no quedó en un concepto abstracto, sino que se vivió plenamente en la pastoral laica de Frassati, convirtiéndose en un modelo de cómo la ley divina puede guiar la misión cristiana en el mundo.
¿Cómo influyó en Pietro Frassati la doctrina de la dignidad humana en su trabajo con los pobres?
En la vida de Pier Giorgio Frassati la doctrina de la dignidad humana no quedó en una reflexión abstracta, sino que se manifestó en cada gesto concreto de caridad hacia los más necesitados. Frassati comprendía que “todos los seres humanos poseen una dignidad inherente porque fueron creados a imagen y semejanza de Dios” (Declaración Dignitas Infinita, 7‑8) y que esa dignidad exige ser reconocida y defendida en toda circunstancia. Este fundamento teológico se reflejó claramente en su misión pastoral: “quería devolver el amor de Jesús que recibía en la Eucaristía visitando y ayudando a los pobres”1.
Su acción no se limitó a una ayuda puntual, sino que se convirtió en una expresión constante del “preferencial option for the poor” que la Iglesia proclama como parte esencial del respeto a la dignidad humana (John Paul II, Gaudium et Spes citada en el discurso de 1995)2. En las palabras del propio Papa Juan Pablo II, la fe de Frassati “se funde armoniosamente con la caridad, pues la fe sin obras está muerta” y su vida se tradujo en una “atención amorosa a los pobres y a los necesitados”3 4.
Al reconocer al pobre como portador del “indeleble sello de la imagen de Dios”, Frassati no solo le ofrecía asistencia material, sino que le devolvía la dignidad que la cultura contemporánea a menudo niega. La Declaración Dignitas Infinita subraya que “la dignidad del ser humano proviene del amor del Creador, que ha imprimido en cada persona la imagen de Dios” (8) y que “esta dignidad obliga a vivir en fraternidad, justicia y paz con los demás” (8). Frassati encarnó ese llamado al vivir “una generosa testimonianza de caridad… especialmente hacia los más pobres y sufrientes”5, demostrando que la dignidad humana se protege y promueve mediante el servicio al prójimo.
En síntesis, la doctrina de la dignidad humana moldeó la espiritualidad de Frassati al:
Reconocer la imagen divina en cada persona, incluso en los más marginados (7‑8).
Convertir esa convicción en acción concreta, visitando, alimentando y acompañando a los pobres (12, 14, 15).
Vivir la opción preferencial por los pobres como expresión viva del respeto a la dignidad inviolable (4, 22).
Así, la enseñanza sobre la dignidad humana no quedó en palabras para Frassati; se tradujo en una vida de entrega que sigue inspirando a los jóvenes cristianos a ver en cada rostro necesitado la misma imagen de Dios que él vio.
La Declaración “Dignitas Infinita” afirma que la dignidad del ser humano “proviene del amor del Creador, que ha imprimido la imagen de Dios en cada persona” y que esa dignidad “exige ser reconocida y defendida en toda circunstancia”1. El Catecismo también declara que “todos los hombres son hechos a imagen y semejanza de Dios” (CIC 225), lo que implica que la dignidad es intrínseca e inalienable, no depende de la situación social, económica o de salud del individuo.
El Papa Francisco, en la Misericordiae Vultus, señala que la misericordia “es la fuerza que reaviva la vida y constituye el criterio para reconocer a los verdaderos hijos de Dios” y que “la misericordia no es solo acción del Padre, sino el parámetro que determina nuestra propia autenticidad cristiana”2. La misericordia, por tanto, es el modo práctico de vivir la dignidad: al ver al otro como portador de la imagen divina, el cristiano se siente llamado a aliviar su sufrimiento y a acompañarlo con ternura.
En la homilía de su beatificación, el Papa Juan Pablo II describe a Frassati como “un joven cuya fe y los acontecimientos cotidianos se funden armoniosamente, de modo que la adhesión al Evangelio se traduce en una atención amorosa a los pobres y a los necesitados”2. Frassati mismo explicaba que su deseo era “devolver el amor de Jesús que recibía en la Eucaristía visitando y ayudando a los pobres”3.
Al reconocer la dignidad del pobre, Frassati no se limitó a una ayuda puntual; su vida se convirtió en una práctica constante de misericordia: ofrecía su tiempo, su compañía y su alegría, mostrando que el pobre no es “un objeto de caridad” sino un ser humano digno de respeto y amor. Esta visión coincide con la enseñanza de la Declaración de que “la dignidad humana obliga a vivir en fraternidad, justicia y paz con los demás”1, y con la idea de la Misericordiae Vultus de que la misericordia es “el fundamento de la vida de la Iglesia”2.
Reconocimiento – La dignidad humana es el punto de partida; al reconocer al otro como imagen de Dios, surge naturalmente la voluntad de ser misericordioso.
Motivación – La misericordia se presenta como la “respuesta amorosa” que la dignidad exige; sin misericordia, la dignidad queda en una mera teoría.
Acción – La vida de Frassati muestra que la misericordia se encarna en gestos concretos (visitas a los enfermos, ayuda a los necesitados), confirmando que “la misericordia es la forma visible del amor que protege la dignidad”2.
Para Frassati, la dignidad humana y la misericordia no son conceptos aislados sino una dinámica inseparable: la dignidad declara el valor intrínseco de cada persona, y la misericordia es la expresión práctica de ese reconocimiento. Su testimonio invita a la Iglesia contemporánea a vivir la dignidad del ser humano a través de una misericordia que se haga presente en cada encuentro pastoral, recordando siempre que “aquel a quien amamos como a nuestro hermano, vemos también el rostro de Cristo” (cf. Juan Paul II, 1997)4.
¿En qué medida la participación activa de Frassati en la caridad refleja la enseñanza de la Iglesia sobre la solidaridad?
La vida de Pier Giorgio Frassati constituye una encarnación práctica de la enseñanza de la Iglesia sobre la solidaridad, entendida como la virtud que lleva a los que “tienen” a acompañar y ayudar a los que “son” y que, según el Magisterio, es una expresión social del amor‑caridad cristiano.
El documento The Virtue of Sobriety explica que la solidaridad “cambia nuestras actitudes… hacia nosotros mismos y nuestros vecinos, y hacia las comunidades más remotas, con el fin de servir al bien‑común” y la define como “una virtud cristiana similar a la caridad, una firme y perseverante determinación de comprometerse a amar a Dios y al prójimo”1. El Papa Juan Pablo II, en su discurso a los representantes del Circolo San Pietro (1987), subraya que la solidaridad se manifiesta “con la elocuencia de los hechos, sirviendo al Señor en la persona de los pobres, los débiles y los marginados”2. El Papa León XIV, en la Apostolic Exhortation Dilexi te (2025), recuerda que la Constitución Gaudium et Spes declara que “los bienes externos que poseemos no son solo nuestros, sino también comunes a los demás” y que “la solidaridad es la respuesta cristiana que hace que la dignidad humana sea una realidad concreta”3.
En la homilía de su beatificación (20 may 1990) el Papa Juan Pablo II dice que “en su existencia la fe se funde con la caridad: saldo en la fe y activo en la caridad, pues la fe sin obras es muerta” y que “el joven Frassati lo sabe, lo experimenta, lo vive”4. Frassati explicaba que “es a través de la Eucaristía que Cristo comunica su Espíritu; es a través del escuchar su Palabra que crece la disponibilidad para acoger a los demás”5. Estas palabras revelan que su participación activa (visitas a los enfermos, ayuda a los pobres, acompañamiento a los migrantes) no era un acto aislado, sino la realización concreta de la solidaridad cristiana: compartir los bienes y el amor que había recibido para que los más necesitados también pudieran “ser”.
Aspecto de la solidaridad eclesial
Acción concreta de Frassati
Evidencia
Compromiso con los pobres como hermanos
Visitas a hospitales, ayuda a los sin techo, donaciones a familias necesitadas
Homilía de beatificación (fe + caridad)4
Solidaridad como “acción de los hechos”
No solo palabras, sino “la elocuencia de los hechos” al servir a los marginados
Discurso a Circolo San Pietro (solidaridad con hechos)2
Visión de los bienes como destino común
Ofrecía lo que tenía (tiempo, recursos, alegría) sin esperar reconocimiento
Dilexi te sobre la universalidad del destino de los bienes3
Solidaridad como virtud del amor‑voluntad
Decidió “comprometerse firmemente” a acompañar a los necesitados, siguiendo la voluntad de Dios
The Virtue of Sobriety sobre la voluntad solidaria1
Copy Table
Integración de fe y obra – Su “fe que se funde con la caridad” muestra que la solidaridad no es opcional, sino una exigencia de la fe cristiana (cf. CCC 2443).
Alegría como motor de la solidaridad – Frassati vivía la ayuda con “alegría y entusiasmo”, demostrando que la solidaridad no es sacrificio amargo sino testimonio de la vida abundante que Jesús prometió (cf. Evangelii Gaudium).
Testimonio público – Al ser “ejemplo de caridad cristiana” para su generación, inspiró a jóvenes y movimientos (como los Giovani Cristiani de Turín) a seguir la misma ruta solidaria, tal como el Papa Juan Pablo II lo señaló en su discurso a los jóvenes (1990).
La participación activa de Pier Giorgio Frassati en la caridad refleja fielmente la enseñanza de la Iglesia sobre la solidaridad: reconoce la dignidad humana como imagen de Dios, entiende los bienes como de destino común y transforma esa convicción en una acción concreta y alegre al servicio de los más vulnerables. Su vida muestra que la solidaridad no es solo una doctrina abstracta, sino una virtud vivida que hace presente el amor de Cristo en el mundo.
¿Qué implicaciones éticas tiene la visión de Frassati sobre la dignidad humana para la práctica pastoral contemporánea?
La vida de Pier Giorgio Frassati constituye una encarnación práctica de la enseñanza de la Iglesia sobre la solidaridad, entendida como la virtud que lleva a los que “tienen” a acompañar y ayudar a los que “son” y que, según el Magisterio, es una expresión social del amor‑caridad cristiano.
El documento The Virtue of Sobriety explica que la solidaridad “cambia nuestras actitudes… hacia nosotros mismos y nuestros vecinos, y hacia las comunidades más remotas, con el fin de servir al bien‑común” y la define como “una virtud cristiana similar a la caridad, una firme y perseverante determinación de comprometerse a amar a Dios y al prójimo”1. El Papa Juan Pablo II, en su discurso a los representantes del Circolo San Pietro (1987), subraya que la solidaridad se manifiesta “con la elocuencia de los hechos, sirviendo al Señor en la persona de los pobres, los débiles y los marginados”2. El Papa León XIV, en la Apostolic Exhortation Dilexi te (2025), recuerda que la Constitución Gaudium et Spes declara que “los bienes externos que poseemos no son solo nuestros, sino también comunes a los demás” y que “la solidaridad es la respuesta cristiana que hace que la dignidad humana sea una realidad concreta”3.
En la homilía de su beatificación (20 may 1990) el Papa Juan Pablo II dice que “en su existencia la fe se funde con la caridad: saldo en la fe y activo en la caridad, pues la fe sin obras es muerta” y que “el joven Frassati lo sabe, lo experimenta, lo vive”4. Frassati explicaba que “es a través de la Eucaristía que Cristo comunica su Espíritu; es a través del escuchar su Palabra que crece la disponibilidad para acoger a los demás”5. Estas palabras revelan que su participación activa (visitas a los enfermos, ayuda a los pobres, acompañamiento a los migrantes) no era un acto aislado, sino la realización concreta de la solidaridad cristiana: compartir los bienes y el amor que había recibido para que los más necesitados también pudieran “ser”.
Aspecto de la solidaridad eclesial
Acción concreta de Frassati
Evidencia
Compromiso con los pobres como hermanos
Visitas a hospitales, ayuda a los sin techo, donaciones a familias necesitadas
Homilía de beatificación (fe + caridad)4
Solidaridad como “acción de los hechos”
No solo palabras, sino “la elocuencia de los hechos” al servir a los marginados
Discurso a Circolo San Pietro (solidaridad con hechos)2
Visión de los bienes como destino común
Ofrecía lo que tenía (tiempo, recursos, alegría) sin esperar reconocimiento
Dilexi te sobre la universalidad del destino de los bienes3
Solidaridad como virtud del amor‑voluntad
Decidió “comprometerse firmemente” a acompañar a los necesitados, siguiendo la voluntad de Dios
The Virtue of Sobriety sobre la voluntad solidaria1
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Integración de fe y obra – Su “fe que se funde con la caridad” muestra que la solidaridad no es opcional, sino una exigencia de la fe cristiana (cf. CCC 2443).
Alegría como motor de la solidaridad – Frassati vivía la ayuda con “alegría y entusiasmo”, demostrando que la solidaridad no es sacrificio amargo sino testimonio de la vida abundante que Jesús prometió (cf. Evangelii Gaudium).
Testimonio público – Al ser “ejemplo de caridad cristiana” para su generación, inspiró a jóvenes y movimientos (como los Giovani Cristiani de Turín) a seguir la misma ruta solidaria, tal como el Papa Juan Pablo II lo señaló en su discurso a los jóvenes (1990).
La participación activa de Pier Giorgio Frassati en la caridad refleja fielmente la enseñanza de la Iglesia sobre la solidaridad: reconoce la dignidad humana como imagen de Dios, entiende los bienes como de destino común y transforma esa convicción en una acción concreta y alegre al servicio de los más vulnerables. Su vida muestra que la solidaridad no es solo una doctrina abstracta, sino una virtud vivida que hace presente el amor de Cristo en el mundo.
¿Cómo se relacionó su pasión por el deporte con la doctrina católica de la corporalidad?
La pasión de Pier Giorgio Frassati por el deporte no fue un simple hobby; estuvo profundamente encajada en la enseñanza católica sobre la corporalidad, que reconoce al cuerpo como parte esencial de la persona creada a imagen de Dios y como “templo del Espíritu Santo”.
El Catecismo afirma que “el cuerpo humano comparte la dignidad de la ‘imagen de Dios’; es el cuerpo el que, animado por el alma, constituye el templo del Espíritu”1. Esa visión implica que cuidar el cuerpo y usarlo para el bien no es “vanidad”, sino cumplimiento del don divino.
Los documentos de la Dicastería para la Laicidad, la Familia y la Vida explican que el deporte “es una de las formas más eficaces para desarrollar la armonía entre la dimensión moral, física, social y psicológica del ser humano”2 y que “el cuerpo, el alma y el espíritu forman una unidad inseparable; el deporte, como ‘gimnasia del cuerpo y del espíritu’, ayuda a crecer tanto física como espiritualmente”3. Así, la práctica deportiva se entiende como un “entrenamiento del cuerpo que debe ir acompañado del cultivo de la dimensión espiritual”4.
Frassati fue descrito por Juan Pablo II como “un joven valiente alpinista y provetto sciatore” cuyo estilo de vida combinaba la actividad física con la caridad cristiana5. En la homilía de la Jornada del Jubileo de los Deportes (2025) el Papa León XIV lo menciona como “patrón de los atletas”, resaltando que “ninguno nace campeón ni santo; es el entrenamiento diario en el amor lo que lleva a la victoria final”6.
Doctrina católica sobre el cuerpo
Manifestación en la vida de Frassati
Cuerpo como templo del Espíritu – debe ser honrado y usado para servir a Dios
Frassati dedicaba su energía física al alpinismo y al esquí, pero siempre “para servir al prójimo” y “para devolver el amor de Jesús” (ver su caridad a los pobres)5.
Unidad cuerpo‑alma‑espíritu – el deporte forma la totalidad del ser
Practicaba el deporte “como gimnasia del cuerpo y del espíritu”, cultivando la fortaleza física y la disciplina interior, lo que le permitió acompañar a los necesitados con vigor y alegría2 3.
Valor del cuerpo como bien creado – la actividad física es buena cuando se orienta al bien común
En su vida, el deporte no fue un fin egoísta; al contrario, lo utilizó como herramienta para crear lazos de fraternidad, organizar actividades solidarias y acercar a los jóvenes a la fe4.
Responsabilidad de cuidar el cuerpo – “Glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Cor 6,20)
Frassati vivía la “elocuencia de los hechos” al combinar su entrenamiento con la ayuda a los pobres, demostrando que el cuidado del cuerpo se traduce en servicio al hermano4.
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Deporte como oración del cuerpo: seguir el ejemplo de Frassati invita a ver la actividad física como una forma de alabanza, donde cada paso, cada ascenso, es una oportunidad de reconocer a Dios en el propio cuerpo.
Formación integral: los programas pastorales pueden integrar el deporte para promover la “armonía” entre cuerpo, alma y espíritu, tal como lo propone la enseñanza eclesial.
Testimonio de caridad: el deporte se convierte en medio de evangelización cuando se practica al servicio de los más vulnerables, siguiendo la ruta que Frassati abrió al combinar la pasión atlética con la solidaridad.
En síntesis, la pasión de Pier Giorgio Frassati por el deporte encarna perfectamente la doctrina católica de la corporalidad: el cuerpo, dignificado por ser imagen de Dios, se emplea con alegría y disciplina para crecer integralmente y para servir al prójimo, convirtiendo la actividad física en auténtica expresión de fe.
¿Qué legado dejó la Acción Católica de Frassati en la Iglesia contemporánea?
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El legado de San Pier Giorgio Frassati (1901-1925) en la Acción Católica y la Iglesia contemporánea es profundo y vigente. Se le considera un modelo de santidad laical que demostró que la vida cristiana plena y heroica es posible en medio de las actividades cotidianas, el deporte y el compromiso social y político.
Frassati fue miembro activo de la Acción Católica Italiana y de otras organizaciones católicas. Su contribución clave a la AC y a los jóvenes católicos se centra en:
Integración de la Fe y la Vida: Fue un ejemplo luminoso de cómo vivir la fe con coherencia, uniendo la espiritualidad profunda con el activismo social. Mostró a los jóvenes de la AC que su fe debía impregnar todas las esferas de su vida, desde sus estudios de ingeniería hasta su militancia política.
Espiritualidad Sólida: Ancló su servicio en una intensa vida de piedad. Su práctica constante de la Comunión diaria, la Confesión frecuente, la lectura de la Biblia y la Adoración Eucarística (que él consideraba su "autopista al Cielo") se convirtió en un estándar y una fuente de inspiración para la formación de los laicos en la AC.
Compromiso con el Prójimo: Su amor por los pobres y marginados fue el rostro visible de su fe, identificando a Cristo en los necesitados. Su servicio incansable, que lo llevó a morir por una poliomielitis contraída al atender a enfermos, elevó el nivel de la caridad práctica dentro de los movimientos laicales.
Ideal del "Hombre de las Bienaventuranzas": El Papa Juan Pablo II lo llamó el "hombre de las Bienaventuranzas", ofreciéndolo a la juventud como un modelo de cómo la vida cristiana auténtica conduce a la alegría genuina y a la felicidad.
Su influencia trasciende la Acción Católica y resuena en toda la Iglesia, especialmente para los laicos y los jóvenes:
Patrono de los Jóvenes y las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ): Juan Pablo II lo designó como patrono de los jóvenes de las JMJ, reconociendo en él un modelo accesible y cercano que alienta a las nuevas generaciones a "mirar hacia lo alto" (su lema: Verso l'alto).
Modelo de Santidad Laical: Frassati desmitificó la idea de que la santidad es exclusiva de sacerdotes o religiosos. Representa el ideal del laico comprometido que busca la perfección en su estado de vida, siendo un "santo social" que luchó por la justicia social y los principios cristianos en la política y el mundo.
Unión de Caridad y Justicia: Su legado subraya que el amor cristiano no es solo asistencial, sino que debe ir de la mano con la búsqueda de la justicia social. Su militancia en el Partido Popular Italiano y su defensa de la enseñanza social de la Iglesia muestran cómo la caridad se traduce en compromiso cívico.
Espíritu Alegre y Aventurero: Demostró que la santidad no es sinónimo de tristeza o aburrimiento. Su gusto por el deporte, la montaña y la amistad (la famosa Compagnia dei Tipi Loschi o "Compañía de los Tipos Raros/Alegres" que él fundó) muestra una espiritualidad dinámica y gozosa, desafiando el cliché del cristiano apagado.
En esencia, Pier Giorgio Frassati legó a la Iglesia un testimonio de coherencia radical: ser un laico ordinario que eligió vivir de una manera extraordinariamente evangélica, haciendo de la Eucaristía la fuente de una caridad incansable y de un compromiso total con Dios y con el prójimo.