El campo de concentración esta atestado de soldados y labores que cumplir para hacer más llevadero el estado del encierro impuesto.
Con total libertad este muchacho de Reggio Calabria, había improvisado su propia quinta que abastecía en parte al campo de concentración.
La regaba cuando venían los tanques, y la tierra areniza de formación volcánica era fértil como la hermosa novia que lo esperaba a su regreso, era cálido como las caricias y los besos de esa mujer que durante seis largos años, vio solo en sueños.
Todos los días al alba veía su huerta semi destruida, donde faltaban hortalizas de manera copiosa.
Se imaginaba siempre atrapar a su enemigo, maquinaba por las noches, como sería su planeada venganza.
Un día tras otro se sucedía en los destrozos.
Pensó no acostarse y al alba temprana sorprender al ladrón y darle su merecido.
Una noche tras la carga que le servía de refugio vio a un mono mediano bajar de ese árbol con prontitud, meter sus manitas de experimentado ladrón en la tierra y llevar a su regazo el producto del hurto furtivo.
Comenzó a arrojarle piedras en la complicidad de las sombras.
El animal se perdió encaramándose en un árbol frondoso.
Él se quedó, una vez más, haciendo guardia largamente.
Pasado el momento de exasperación ve asomarse al animal que en ambos brazos alimentaba con su prodiga ubre a dos hermosos y pequeños monos que eran sus hijitos.
Ahí descubrió que era una mona, madre, que robaba, para alimentarse y tener leche.
Se pasó su espesa mano por la frente, y balbuceando en su primitivo dialecto una frase, que vino a decir: Ma sí, volvé cuando quieras.
Relatos con solera/ Cuentos en cadena / La segunda guerra mundial/ 1º de septiembre 1939-2 de septiembre 1945/ pag. 101,102