Y así por el estilo. Finalmente confiesan que temen afrontar las iras del quebracho, cuyas babas infernales les ocasionan pústulas malignas, muy difícil de curar. Atribuyen este mal a una vieja leyenda. Dicen que el quebracho, un día, desesperado que lo persiguieran con tanta saña, se dirigió al demonio implorando protección. Este le manifestó que no era posible evitar la destrucción en manos de los hombres, pero que en cambio le daría el poder de una secreta venganza. Esto sería: cada vez que un indio quisiera aprovechar su leña le contaminaría el alma de la “sarna”.