Se reclutaba a las mujeres desde dos procedimientos: como tributo a que estaban constreñidas las etnias o nacionalidades que componían el Tahuantinsuyo, de las cuales se preferían a las féminas mejor dotadas y a las de familia noble (de los curacas, incluso también las ñustas eran reclutadas); y por entrega o donación que hacían al Estado los propios padres, por lo general curacas o grandes jefes, incluso el mismo Inca. El encargado de seleccionar a las futuras acllas era el “Apopanaca”, que: “(…)era juez o comisario nombrado por el Inca, que soo entendía en este negocio de recoger niñas, guardarlas y enviarlas al Cusco cuando estaban en edad(…); discurriendo por los pueblos de su jurisdicción, tenía potestad de señalar todas las que a él le pareciesen hermosas y de buena traza o disposición, desde ocho o nueve años para abajo (…)” (Cobo Historia del Nuevo mundo , Libro XII, Capítulo XXXIV).