Esta mujer afroamericana nacida de padres esclavos se negó desde bien joven a aceptar su destino. Cuando pudo conseguir su propia libertad, dedicó el resto de su vida a ayudar a otros de alcanzar la suya, convirtiéndose así en una auténtica heroína que arriesgaba su vida para enmendar las injusticias. Guiomar Huguet Panè
Con la mirada al frente y la boca cerrada por unos labios contraídos, la imagen que más reproducida de Harriet Tubman parece transmitir el máximo arrojo y la valentía de una mujer que no sólo sobrevivió a la tragedia de la esclavitud que vivió en primera persona, sino que logró sobreponerse para ayudar a otros en sus mismas condiciones a alcanzar la libertad. Su historia supera cualquier expectativa de los relatos heroicos, hasta el punto de que es uno de los personajes más célebres en Estados Unidos, habiendo vencido para ello todos los prejuicios de clase, raza y género.
En la imagen Harriet aparece a la izquierda junto a su hija adoptiva, también de pie. Las acompañan algunos vecinos así como personas acogidas en la casa que Tubman había comprado en Aubum para este propósito.
El hecho de que no se conozca la fecha exacta del nacimiento de Tubman indica la poca importancia que sus propietarios pronosticaron, equivocadamente, para esta esclava nacida entre 1820 y 1822 en Maryland.
Araminta Ross, el nombre que recibió al nacer, fue empleada como sirvienta doméstica con tan solo cinco años, pero también fueron muy precoces las primeras señales de su rechazo contra el sistema esclavista tan ampliamente extendido por Estados Unidos en el siglo XIX. A los 12 años se negó a ayudar a u supervisor a castigar a otro esclavo, y cuando este trataba de huir el esclavista le lanzo un objeto pesado que accidentalmente golpeó la cabeza de Tubman. De hecho se cree que pudo quedar afectada por algún tipo de epilepsia, pues las convulsiones y los recurrentes dolores de cabeza la acompañaron durante toda la vida. Ella achacaba las visiones a un supuesto don divino, pues Harriet profesaba una profunda fe en el Cristianismo, una creencia que posiblemente la convirtió en una persona más segura de sí misma al afrontar una vida tan llena de retos.
La primera huida
Alrededor de 1844, se caso con un hombre negro libre, John Tubman, y a partir de ese momento adopto su apellido como propio y se dio a sí misma el nombre de Harriet.
Este vínculo no fue un impedimento para que en 1849 intentara huir por primera vez junto a algunos de sus hermanos. Pocos días después, la propietaria de los esclavos huidos hizo pública la recompensa que ofrecía por cada esclavo recuperado y los hermanos de Harriet decidieron volver, obligándole a ella a seguirles. Poco después, emprendió la que sería su huida definitiva.
A pesar de que no está claro que ruta siguió Harriet para llegar a Filadelfia, en el vecino estado de Pensilvania, si se sabe que nunca hubiera alcanzado su libertad de no ser por la Underground Railroad, la llamada “red de ferrocarriles clandestinos”. Formada por un conjunto de casas seguras de abolicionistas y afines a la causa, esta organización estaba preparada para dar cobijo y acompañar a los esclavos huidos en su periplo hacia la ansiada libertad, un viaje que desafiaba la reciente establecida Ley de esclavos fugitivos y cuyo recorrido, para muchos, terminaba en Canadá, la tierra prometida.
“Serás libre o morirás”
Pero Harriet nunca quiso llegar tan lejos, sobre todo porque había dejado atrás a toda su familia y pretendía ayudarles a convertirse también en personas libres. Por ello, a finales de 1850 hizo el mismo viaje que había hecho un año antes pero en sentido inverso. Regreso a Maryland para encontrarse con su hermana y llevarla, junto a sus dos hijos, hacia el norte. Un viaje que culminó con éxito y que sería el primero de muchos que vendrían después. A lo largo de los siguientes diez años ayudó a escapar a al menos 70 personas hasta Canadá. La leyenda creció alrededor de su figura: se contaba que, como “maquinista” de la red del ferrocarril clandestino nunca había perdido un “pasajero”, y que, yendo armada con una pistola, si alguien vacilaba y se planteaba dar media vuelta ella, apuntándole, le amenazaba de la siguiente manera: “Serás libre o morirás”. Fue entonces cuando empezaron a llamarla “la moisés de su pueblo”
En abril de 1861 estalló la Guerra de Secesión e Estados Unidos y Harriet se implicó activamente a favor de la Unión. Aportó su ayuda asistiendo a los esclavos recién liberados y atendiendo a los soldados heridos, y se convirtió en una intrépida espía, pues bajo una apariencia de mujer pobre cruzaba las líneas enemigas y regresaba con valiosa información. Sus amplios conocimientos de las zonas pantanosas y las dificultades y peligros que entrañaba la convirtieron en una de las piezas clave de la operación Combahee River. Con Harriet Tubman como líder, se llevó a cabo una incursión de 150 soldados afroamericanos mediante la que se liberaron casi 700 esclavos.
A pesar del servicio prestado al país, se le negó durante años cualquier retribución a cambio, entre otras cosas porque, si bien Lincoln había abolido la esclavitud, los antiguos esclavos tardarían mucho tiempo antes de ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho por el conjunto de la sociedad.
Su firme moral y su incansable voluntad de lucha contra las injusticias la llevó a unirse a la causa sufragista ya antes de la guerra, una reivindicación que estaba tomando fuerza hacia finales del siglo XIX. Coincidió con Susan B. Anthony en varios encuentros y llegaron a trabajar juntas en alguna ocasión. También formo parte de la flamante Asociación Nacional de Mujeres de Color que poco después se distanciara de la corriente imperante por marginar a las mujeres negras.
Tras décadas de continuas demandas para conseguir una pensión, en 1899 le fue concedida una asignación mensual de 20 dólares. Pero a medida que envejecía empeoraban las consecuencias cerebrales de la herida que había sufrido de joven y en 1911 fue acogida en la residencia que había contribuido a construir, donde murió en 1913 superando los 90 años de edad.