El uso de la escala pentatónica en el altiplano andino.
La escala pentatónica, como su nombre lo indica está compuesta por cinco sonidos (penta = cinco, tónica = sonidos) y está presente en todas las culturas y practicas musicales del mundo. Su origen se desconoce. Los músicos antiguos, que no conocían la escala de siete notas (diatónica) afinaban sus instrumentos aerófonos y cordòfonos con estas cinco notas, de tal manera que se produjera un sonido lo más agradable posibles para el oído humano.
Los instrumentos más antiguos encontrados en cuevas de Alemania datan de 30.000 de antigüedad, estos fueron flautas neandertales de hueso, cuyos orificios coinciden perfectamente con las notas de una escala pentatónica.
Existe la creencia de que la escala pentatónica es algo innato en el ser humano y que la tenemos programada en nuestra mente. Así lo sostuvo Bobby Mc Rerrin, cantante y director de orquesta estadounidense, afirmando que la escala pentatónica está grabada en nuestros genes.
Lo cierto es que la escala pentatónica es sorprendentemente común en todas las culturas y es una de las primeras escalas inventadas por la civilización.
La escala pentatónica debido a la disposición de sus notas es muy adecuada para la improvisación. A partir del siglo XX el jazz y el rock han hecho uso de esta escala de forma habitual empleando casi en forma exclusiva los patrones de las escalas pentatónicas mayor y menor, siendo esta última generalmente la más popular.
El descubrimiento de la pentatonìa en la música del altiplano
Los estudios sobre la música de los andes surgieron hacia finales del siglo XIX, gracias a la confluencia de intereses globales y locales. El descubrimiento de la llamada música incaica se debe a un accidente durante los preparativos para un concierto en la ciudad de Cusco el año 1897 con motivo de una conmemoración de la independencia del Perú. Entre los números elegidos se encontraban algunos fragmentos del drama indígena anónimo “Ollantay”, que se basan en melodías andinas tradicionales, más armonizadas a la usanza de la música erudita europea. Puesto que la tonalidad de mi menor en la que estaba compuesta la pieza resultaba muy alta para la soprano, el compositor cusqueño José Castro, que la acompañaba al piano, decidió bajarles medio tono, advirtiendo entonces que las melodías se movían exclusivamente entre las cinco teclas negras del piano. Tras comparar dichas piezas con otras provenientes del área andina, Castro advirtió que la mayoría mostraba la misma estructura melódica: una escala pentatónica similar a la diatónica mayor, pero que excluía los semitonos de la misma. (Castro 1938:836; ver ej.1).
El supuesto carácter menor de la pentatonía incaica recibió pronto adscripciones de género, pues, como en el caso de los astros “Sol” y “Luna”, las cualidades sonoras de los modos fueron interpretadas en función a concepciones culturales sobre lo femenino y lo masculino. Las connotaciones de género en música tienen larga data. McClary y Citron han hecho manifiesta la medida en que el imaginario occidental plagó de connotaciones eróticas y concepciones de género ciertos tipos de melodías y modos (McClary 1991: 124, Citron 1993: 120-164). Con relación a los últimos, sabemos que, desde el Renacimiento, el menor recibió connotaciones femeninas por su carácter supuestamente triste y emocional, mientras que el modo mayor fue considerado como viril y alegre (McClary 1991: 11; Wheelock 1993: 207).
Esta pentatonia musical no es exclusiva de los andes peruanos, también fue utilizada por las diferentes culturas de Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina y suroeste de Colombia. En ellas era frecuentemente utilizada la escala pentatónica, que contiene las notas presentes en varios instrumentos, como por ejemplo, la quena.
La quena es la flauta más popular de Hispanoamérica y, posiblemente, así la considera el gran musicólogo argentino Carlos Vega, el más famoso de los instrumentos aborígenes americanos.
La quena es un instrumento aerófono, tipo flauta recta o longitudinal, hecha de caña, o de hueso (tibia o costilla de llama; hueso de ciervo o de jaguar; ala de cóndor o de pelícano), o calabaza, arcilla, metal o piedra, generalmente con cinco orificios, correspondientes a las cinco notas de la escala pentatónica; escala que no sería la única, al introducir los españoles la escala de siete notas, que daría lugar a la aparición de quenas diatónicas.
La quena se extiende principalmente por Perú, Bolivia y norte de Argentina.
Es de señalar que en las culturas más antiguas, por ejemplo a la de los incas, existieron escalas diferentes a la pentatónica. En este sentido, André Sás ha examinado los instrumentos "nazcas" del Museo Nacional de Arqueología, de Lima (Perú), que cuentan con una antigüedad de unos 1.500 años, en los cuales se pueden ejecutar semitonos y hasta intervalos menores que el semitono.
Nicolás Slonimsky se preguntó qué pudo motivar a los incas a desechar las escalas más evolucionadas de la "cultura nazca" en favor de la humilde escala pentatónica.
Surge espontáneamente -dice- la explicación de que la "cultura inca", que sucedió a la "nazca", a la "chimú" y a la de "Tiahuanaco", encontró que los ricos recursos melódicos de la "nazca" resultaban inadecuados a los austeros ideales de la raza inca, quien redujo deliberadamente el número de tonos a cinco. Tal hipótesis -añade- tiene sus atractivos y tendería a probar que el arte musical inca no era simplemente la expresión instintiva de un alma inculta, sino una selección racional del medio melódico más adecuado a las necesidades concretas del rito ceremonial del pueblo.
Finalmente, Slonimsky hace referencia al número "cinco", simbólico de la mano, con un posible significado en el orden conceptual de los incas: la mano de Pachacamac -el Zeus de los incas- aparece en algunas de las esculturas de oro y de piedra del arte incaico.