El 28 de abril de 1858, Buenos Aires imprimió nuevamente sus sellos postales. Esta vez los puso en circulación y la imagen que contenían era la de un sol y un barco de paletas a vapor. En 1862 aparecen las estampillas llamadas "escuditos", que contenían el nombre definitivo del país. Luego, siguió una serie de sellos de excelente elaboración. Estaban grabados en acero, que reemplazaba al cobre utilizado hasta ese momento. Las planchas de impresión procedían de Francia e Inglaterra, así como la impresora, las tintas y la perforadora. Su viñeta mostraba la efigie del primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia, y constituyeron a lo largo del tiempo una emisión clásica de jerarquía internacional.