En el combate de Puente de Márquez se midieron las fuerzas unitarias del general Lavalle con las federales del general Estanislao López, quien salió victorioso.
Después del triunfo, López, conciliador, envió a Lavalle un emisario, ofreciéndole deponer las armas, previa la promesa de Lavalle de organizar la República bajo el sistema federal.
Fue elegido para desempeñar esta difícil misión, el gobernador de Santa Fe don Domingo de Oro; éste llevaba como adecán al teniente Yuspe.
Yuspe, serio y reposado, era hombre de la confianza de López. Se le consideraba como el más bravo de los jefes federales en el combate, y como el mejor guitarrero en el cuartel.
Cuando llegaron al campamento de Lavalle, Oro se encerró a conferenciar con éste, mientras afuera su edecán hacía rueda con los oficiales unitarios.
Un joven oficial de Lavalle interpretó con ligereza la actitud grave y reposada de Yuspe y, creyéndolo corto de genio, resolvió hacerle una broma.
Tomó la guitarra, como al descuido, y cantó:
López, Rosas y Quiroga
y el fraile San Juan Bautista
se están perdiendo de vista
porque ya no están en boga;
y aquel “cierto olor a sopa”
les cause ciertos temores.
“Humilde y glorioso Antonio
rogad por los pecadores”.
El cantor, al decir “cierto olor a sopa”, repetía un desplante de López, quien había pronunciado estas palabras en el momento decisivo de la batalla.
El oficial terminó su canción en medio de las ruidosas carcajadas de los unitarios.
Yuspe, serio y paciente, pidió la guitarra y, después de templar las cuerdas cantó:
López, Rosas y Quiroga
y el fraile San Juan Bautista
se están poniendo a la vista
porque van entrando en boga;
y “aquel cierto olor a sopa”
causa mal a los sicarios.
“Humilde y divino Antonio
rogad por los unitarios”.
La oportuna respuesta fue recibida con un estruendoso aplauso de todos los oficiales.
Yuspe dejó la guitarra y volvió a reconcentrarse en sí mismo, esperando que saliese Oro.