Emilio Alarcos Llorach, en su obra Fonología española, describe el sistema fonológico de nuestra lengua en el marco de la teoría de Trubetzkoy (1939) y en el de la teoría de Jakobson, Fant y Halle (1952). Aquí examinaremos esta última propuesta. Alarcos aplica la idea de escala dicotómica para su descripción, de modo que el resultado es una organización jerárquica de los fonemas del castellano peninsular por medio de los rasgos distintivos binarios jakobsonianos.
Ya hemos visto que las principales clases de fonemas del castellano son las vocales, las consonantes (obstruyentes y nasales) y las líquidas. Empezamos nuestra presentación con los fonemas líquidos, técnicamente, los fonemas [vocálico, consonántico] del castellano. Los esquemas han sido construidos y adaptados a partir de la exposición que realiza Alarcos.
La primera división de estos fonemas es entre las vibrantes y las laterales. La propuesta de Alarcos (y de Jakobson) es que el rasgo distintivo [interrupto (o discontinuo) / continuo] es el que divide estas dos clases. Es interesante notar que este mismo rasgo distingue las oclusivas de las fricativas, lo que muestra el grado de abstracción del rasgo y evidencia la genialidad de Jakobson para dar cuenta de dos distinciones fonéticamente dispares mediante un solo rasgo.
Esto mismo lo podemos notar en la utilización del rasgo [tenso / flojo] para dar cuenta de la diferencia entre la vibrante múltiple y la vibrante simple (o percusiva) del castellano. Se trata del mismo rasgo distintivo que hemos visto que distingue dos tipos de obstruyentes en las lenguas germánicas y en el francés: /p, t, k/ de /b, d, ɡ/. El rasgo [tenso / flojo] también se utiliza para diferenciar algunas vocales entre sí, como las de las palabras del inglés sheep /ʃiːp/ 'oveja' y ship /ʃɪp/ 'barco'.
Finalmente, la distinción entre los dos fonemas laterales es por su punto de articulación. El palatal /ʎ/ es compacto, es decir, producido en la parte posterior de la boca; el alveolar /l/ es difuso, es decir, producido en la parte anterior de la boca. Ambos fonemas son redundantemente [agudo]; dado que este rasgo no es distintivo, no aparece en el esquema.
A continuación aparece el esquema de las consonantes nasales y obstruyentes:
El primer rasgo distintivo es [nasal / oral]: el primer valor del rasgo caracteriza a las consonantes nasales y el segundo, a las consonantes obstruyentes. La distinción entre los tres fonemas nasales es de punto de articulación; de esta distinción se encargan los rasgos binarios [compacto / difuso] y [agudo / grave]. El único fonema [compacto] es /ɲ/, por lo que no requiere más rasgos distintivos para su definición. Recordemos que, como en el caso de las consonantes del francés, su realización palatal es redundante y depende del rasgo [agudo]; una lengua que tuviera un fonema nasal velar /ŋ/, en lugar de uno palatal, utilizaría el rasgo [grave] de manera redundante. Ahora bien, dado que nuestra lengua presenta dos fonemas nasales [difuso], entonces, es necesario utilizar un rasgo distintivo más, [compacto / difuso], para su definición. Como se puede observar, tanto el fonema /ɲ/ como el fonema /n/ se realizan como sonidos agudos, pero solo el primero porta el rasgo [agudo] como parte de su contenido fonológico.
Las consonantes obstruyentes son todas [oral]. La primera división en la jerarquía que muestra el esquema depende del rasgo [sordo / sonoro]. Los fonemas [sordo] se distinguen por el rasgo [interrupto (o discontinuo) / continuo]: las oclusivas versus las fricativas. Finalmente, cada una de estas se distingue por su punto de articulación mediante los rasgos [compacto / difuso] y [agudo/ grave]. Es interesante en la propuesta de Alarcos Llorach que el fonema /s̺/ es considerado compacto, al lado del fonema /x/. Lo que persigue el autor con esto es favorecer la simetría o simplicidad del sistema de fonemas por encima de sus características fonéticas; esto, sin embargo, no debe entenderse como una arbitrariedad: el autor desarrolla un largo argumento fundamentando su propuesta.
En lo que respecta a las obstruyentes [sonoro], podemos observar que el rasgo [interrupto (o discontinuo) / continuo] no es distintivo para ellas. Esto se condice bien con el hecho de que, como hemos visto, estos fonemas del castellano se articulan oclusivos o aproximantes de acuerdo con el contexto fónico en el que se encuentran. Los rasgos distintivos que los caracterizan son compartidos por el resto de fonemas, lo que contribuye a la simplicidad del sistema. Se trata de los rasgos binarios correspondientes a los puntos de articulación: [compacto / difuso] y [agudo/ grave].
La jerarquía de rasgos de las vocales o fonemas [vocálico, no consonántico] que vamos a presentar no corresponde exactamente con el análisis de Alarcos Llorach, pero incluye una propuesta que se encuentra desarrollada en Contreras y Lleó (1982) y que, de alguna manera, ya estaba prevista en Jakobson, Fant y Halle (1952). En esta obra, se utiliza el rasgo [compacto / difuso] para diferenciar las vocales bajas y medias (compactas) de las vocales altas (disfusas). Con la finalidad de distinguir de manera binaria estos tres niveles de altura vocálica, los autores mencionados proponen dividir este rasgo en dos: [compacto / no compacto] y [difuso / no difuso] (con lo que ya no serían doce los rasgos distintivos universales, sino trece). El siguiente esquema presenta la organización jerárquica de los fonemas vocálicos del castellano de acuerdo con este modelo de rasgos distintivos.
La vocal baja se caracteriza por el valor del rasgo [compacto], es decir, que la energía se concentra en una región relativamente central del espectro, lo que se aprecia en que los formantes 1 y 2 están muy cerca el uno del otro. Las otras vocales son no compactas porque no presentan esta propiedad acústica: en el caso de /i/ y /e/, su formante 1 está debajo del centro y su formante 2, encima del centro; en el caso de /o/ y /u/, el formante 2 está cerca del centro, pero el formante 1 está por debajo del centro.
Para distinguir las vocales [no compacto] se echa mano del rasgo [difuso / no difuso]. Las vocales difusas son aquellas en las que la energía está cerca de los extremos del espectro: el fonema /i/ presenta sus formantes 1 y 2 en el extremo inferior y en el superior, respectivamente, y el fonema /u/ presenta ambos formantes cercanos al extremos inferior, sobre todo, el primero. Los fonemas /i/ y /u/ contrastan con /e/ y o/ porque los formantes de estos últimos se encuentran relativamente más cerca del centro del espectro que los de los primeros; por lo tanto, los fonemas /e/ y /o/ son [no difuso]. El fonema /a/ también es [no difuso], pero en su caso este valor del rasgo es redundante.
Por último, los miembros de los pares [no compacto, difuso] y [no compacto, no difuso] se distinguen por el rasgo [agudo / grave], de modo que los fonemas anteriores /i, e/ son agudos y los posteriores /u, o/, graves.
Como se ha podido notar, los rasgos que sirven para distinguir los puntos de articulación de las consonantes son los mismos que se utilizan para diferenciar los timbres de las vocales. Esto muestra un notorio contraste de economía y simplicidad con respecto a la cantidad y diversidad de rasgos de la descripción fonética tradicional, como labial, dental, postalveolar, palatal, etc., para las consonantes, y alto, medio, bajo, anterior, etc., para las vocales. La economía y simplicidad, sin embargo, hace necesario que los rasgos presenten un mayor grado de abstracción.
En las secciones anteriores, hemos examinado la propuesta de los rasgos distintivos de Jakobson. Principalmente, hemos visto de qué manera permite la descripción de los sistemas fonológicos que funcionan sincrónicamente. En la siguiente sección, veremos que la propuesta jakobsoniana pretende dar cuenta de las propiedades de los sistemas fonológicos, pero también de la manera en que estos son adquiridos por los niños.