En la sección anterior hemos revisado diversos tipos de fenómenos o procesos fonológicos. Recordemos que la fonología generativa entiende los fenómenos fonológicos como derivaciones de una representación subyacente (o fonológica) a una representación superficial (o fonética) mediante reglas. La forma subyacente de un morfema corresponde a su representación léxica o representación en la memoria de largo plazo del hablante.
La representación subyacente de un morfema consta de una secuencia de unidades fonológicas, cada una de las cuales es una matriz o conjuntos de rasgos. ¿Qué rasgos conforman una unidad fonológica subyacente? Hemos visto que hay dos propuestas alternativas: 1. Una unidad subyacente consta únicamente del conjunto de los rasgos distintivos que permiten el contraste de un morfema con otro en una lengua (propuesta similar a la noción de fonema de Trubetzkoy). 2. Una unidad subyacente consta del conjunto total de rasgos que conforman el alófono básico mediante el cual se realiza la unidad subyacente (es decir, la representación subyacente coincide con la variante básica).
Por su parte, la representación superficial de un morfema está conformada por el conjunto total de rasgos requeridos para su realización, es decir, el conjunto de órdenes al aparato fonador que el hablante controla al pronunciarlo. Si un morfema se realiza como más de un alomorfo, entonces, presenta una sola representación subyacente, pero distintas representaciones superficiales, una para cada uno de sus almorfos. Las representaciones superficiales de un morfema, por lo tanto, también se entienden como secuencias de matrices de rasgos, cada una de las cuales corresponde a un fono.
Los siguientes textos explican qué es una representación superficial definida en términos de rasgos:
Texto 1
“En la transcripción [representación; J.P.] fonética un enunciado viene representado mediante una secuencia de unidades discretas, cada una de las cuales es un complejo de rasgos fonéticos, como sonoridad, nasalidad, altura de la lengua, etc. (...) El conjunto total de rasgos es idéntico al conjunto de propiedades fonéticas que en principio se pueden controlar en el habla; representan las capacidades fonéticas del hombre y por lo tanto —podemos postular— son las mismas para todas las lenguas”.
N. CHOMSKY y M. HALLE, The Sound Pattern of English. p. 154-155.
Texto 2
“...la teoría del rasgo (...) busca la categorización, no de los fonemas o de los fonos o de las oposiciones de una lengua dada, sino de los sonidos del lenguaje humano en general (...) y entonces emplea esta categorización, en una forma más simple, para definir automáticamente un conjunto de clases, o de sonidos del lenguaje en general, o de sonidos o fonemas en una lengua particular. Implícitamente hace, por tanto, la afirmación de que casi todas las clases de fonemas que se necesita establecer al describir lenguajes particulares pueden demostrarse como naturales (...) en términos de un sistema fonético universal”.
A. SOMMERSTEIN, Fonología moderna. pp. 154-155.
La teoría fonológica proporciona el conjunto de rasgos que permiten caracterizar la representación superficial o fonética de cualquier enunciado. Esta corresponde al conjunto de las órdenes que los hablantes deben enviar a los diferentes órganos del aparato fonador. Así, por ejemplo, para articular un enunciado como hola [ola], debemos dar la orden [+sonoro] a las cuerdas vocales, lo que se implementa como la contracción de los músculos que las juntan para producir voz; también debemos dar la orden [+redondeado] a los labios, es decir, debemos abocinarlos; al dorso debemos darle la orden [+posterior] para llevarlo a la posición en que se articula el sonido [o]; etc. La producción de los siguientes segmentos de la palabra hola (es decir, [la]) requerirá otras órdenes que deberán implementarse sucesivamente.
Vale la pena insistir en que la representación superficial o fonética no representa directamente el enunciado o la producción concreta de la palabra hola, el cual, como sabemos, es un continuo articulatorio y acústico. La representación superficial [ola], en el que cada signo del Alfabeto Fonético Internacional resume una matriz de rasgos, es mental y corresponde a nuestro conocimiento de cómo articular tal palabra.
De otro lado, el siguiente texto explica qué es una representación subyacente:
Texto 3
“[N]uestra propuesta es representar cada elemento del léxico mediante una matriz bidimensional en la que las columnas representen las unidades sucesivas y las filas estén etiquetadas con los nombres de los rasgos fonéticos individuales. Permitimos específicamente que las reglas de la gramática alteren la matriz, suprimiendo o añadiendo columnas (unidades), cambiando las especificaciones asignadas a cada hilera en particular (rasgos) en cada columna, o intercambiando la posición de las columnas. En consecuencia, la matriz que constituye la transcripción [representación; J.P.] fonética puede ser radicalmente distinta de la representación que aparece en el léxico. Sin embargo, estas alteraciones implican un cierto coste, porque requieren la postulación de reglas en el componente fonológico. Estas reglas no se necesitan en el caso de que la representación léxica se pueda aceptar como representación fonética. En general, cuanto más abstracta sea la representación léxica, mayor será el número y complejidad de las reglas fonológicas requeridas para convertirla en una transcripción fonética [representación; J.P.]”.
N. CHOMSKY y M. HALLE, The Sound Pattern of English. pp. 157-158.
Como se ve, este modelo pretende dar cuenta de los distintos fenómenos fonológicos que se encuentran en las lenguas derivando, mediante reglas fonológicas, secuencias de conjuntos de rasgos (representaciones superficiales) a partir de otras secuencias de conjuntos de rasgos (representaciones subyacentes). Las reglas fonológicas permiten cambiar rasgos fonológicos de una representación subyacente, con lo que se describen los fenómenos de asimilación, disimilación, debilitamiento o reforzamiento. Asimismo, permiten elidir o insertar unidades, lo que da cuenta de los fenómenos de elisión y epéntesis. Por último, permiten intercambiar las posiciones de las unidades, con lo que se describen los fenómenos de metátesis.
Chomsky y Halle (1968) proponen que los rasgos son binarios cuando cumplen la función de distinguir un morfema de otro (como proponía también Jakobson). Por lo tanto, las representaciones subyacentes están formadas por “rasgos distintivos fonológicos” o rasgos distintivos que cumplen una función fonológica. Sin embargo, para Chomsky y Halle, los rasgos también cumplen una función fonética, en cuyo caso no son binarios, sino escalares, pues su realización fonética no es categórica, sino gradual. Esta doble función se explica en el siguiente texto:
Texto 4
“[L]os rasgos fonéticos aparecen en las entradas léxicas como marcadores abstractos de clasificación con un status muy parecido al de los rasgos de clasificación que asignan formantes [morfemas; J.P.] a categorías como “nombre”, “verbo”, “transitivo”. Al igual que estos últimos, los rasgos fonológicos indican si un elemento léxico dado pertenece o no a una determinada categoría. En el caso de las matrices fonológicas, estas categorías tienen significados como los siguientes: “empieza por una oclusiva sonora”, “contiene una vocal”, “termina en una estridente obstruyente anterior”, etc. Los rasgos fonológicos son binarios dado que son dispositivos de clasificación, al igual que todos los otros rasgos de clasificación del lexicón, ya que la forma más natural de indicar si un elemento pertenece o no a una determinada categoría es precisamente mediante los rasgos binarios. Pero esto no quiere decir que los rasgos fonéticos en los que se convierten los rasgos fonológicos deban también ser binarios. De hecho, los rasgos fonéticos son escalas físicas, por lo que pueden tomar distintos coeficientes, según determinen las reglas del componente fonológico”.
N. CHOMSKY y M. HALLE, The Sound Pattern of English. p. 160.
Lo que sostienen Chomsky y Halle en este texto es que los rasgos cumplen una doble función en las lenguas: la de distinguir unidades léxicas y la de representar las órdenes que le damos al aparato fonador al producir los enunciados. Así, por ejemplo, en el nivel léxico una lengua como el francés distingue las vocales /y/ de /i/ y /ø/ de /e/ por el rasgo binario [±redondeado], pero en el nivel de la realización el redondeamiento de /y/ es más estrecho que el de /ø/. El contraste que permite el rasgo distintivo es categórico, pero su realización es gradual y está condicionada por los otros rasgos que conforman el segmento, así como por los segmentos que se encuentran en el contexto fónico.
En la práctica común de la fonología generativa, sin embargo, las representaciones fonéticas o superficiales no recogen las variaciones de grado de la pronunciación, sino que presentan las magnitudes correspondientes a los rasgos ―digamos, nasalidad o aspiración― solo con el valor máximo (+) o con el mínimo (–). La representación superficial se propone como el input de reglas de implementación fonética, las cuales se encargan de mapear los rasgos a los órganos articuladores correspondientes en la medida o grado adecuado de acuerdo con las características de cada lengua. Esta idea esta recogida en el siguiente texto de Gussenhoven y Jacobs (2017):
Texto 5
La representación fonológica superficial que resulta en última instancia de la gramática fonológica consiste en alguna configuración de rasgos y estructuras fonológicas. De la traducción de esta representación discreta a actividad fisiológica cuantitativa (…) se encargan las reglas de implementación fonética (Pierrehumbert 1980, 1990; Keating 1990). Estas toman representaciones fonológicas como input y producen como output señales acústicas continuas. (…) [Las reglas de implementación fonética no son universales; J.P.]. La misma sílaba fonológica es pronunciada siempre ligeramente diferente por hablantes de lenguas diferentes. Por ejemplo, una sílaba como [kis] se pronunciará típicamente con una [k] un poco más adelantada en francés que en español o en holandés, mientras que [s] presentará fricción de menor frecuencia en español que en francés y quizá en holandés. No se debe entender que la implementación fonética proporciona outputs invariantes propios de cada hablante. No es un algoritmo “automático”, sino un complejo conjunto de procedimientos articulatorios cuya ejecución se encuentra bajo el control del hablante (Kingston and Diehl 1994). Los hablantes realizarán ajustes con el fin de preservar la distintividad de los contrastes fonológicos, dependiendo del ruido ambiental o la distancia del oyente.
C. GUSSENHOVEN y H. JACOBS, Understanding Phonology. p. 119.
Estos autores ofrecen el siguiente esquema para representar el papel de las reglas de implementación fonética. La representación superficial (surface representation) es el output de las reglas fonológicas, es decir, es el resultado de la derivación a partir de la representación subyacente. A su vez, la representación superficial es input de las reglas de implementación fonética (phonetic implementation rules), cuyo output es un programa articulatorio (articulatory programme), es decir, una secuencia de órdenes dirigidas a los músculos que ponen en movimiento los órganos del aparato fonador.
Por su parte, Cohn (2011: 22) menciona los siguientes casos como evidencia de que los mismos rasgos se implementan fonéticamente de manera diferente en lenguas distintas: alargamiento de vocales antes de sonidos sonoros, patrones de entonación, nasalización y coarticulación de vocal a vocal. De hecho su tesis doctoral (Cohn 1990) es un estudio comparativo sobre el rol de las reglas fonológicas y fonéticas en la nasalización en tres lenguas: sondanés, francés e inglés.
Otro caso en el que los mismos rasgos distintivos no se implementan fonéticamente de manera idéntica en lenguas diferentes es el del timbre de las vocales. Cohn (2011) presenta el caso de las vocales [i, e, o, u] del inglés, el griego y el castellano, que ha sido estudiado por Bradlow (1993). Si bien, en su representación superficial, cada una de estas vocales recibe la misma descripción en términos de los rasgos [alto], [bajo] y [posterior], su realización es sistemáticamente distinta en cada lengua, lo que demuestra que las reglas de implementación fonética también son parte del sistema fonológico propio de una lengua.
La siguiente figura tomada de Cohn (2011) muestra que, por ejemplo, el rasgo [+alto] del fonema /i/ se implementa fonéticamente con un formante 2 de mayor frecuencia en inglés, de frecuencia intermedia en castellano y de menor frecuencia en griego. Asimismo, el rasgo [-posterior] (o [-retraído]) del fonema /e/ se implementa fonéticamente con un formante 1 de menor frecuencia en inglés, de frecuencia intermedia en castellano y de mayor frecuencia en griego.
En resumen, los fenómenos fonológicos se entienden en la fonología generativa como el paso de una representación fonológica a una representación superficial debido a la aplicación de una o más reglas fonológicas que operan modificando rasgos o segmentos. A su vez, las reglas de implementación fonética toman como input una representación superficial y derivan un programa articulatorio que se manifiesta como un continuo articulatorio y acústico. Las realizaciones de los rasgos muestran diferencias sistemáticas en distintas lenguas, por lo que puede afirmarse que las reglas de implementación fonética también son parte del sistema fonológico.
En la siguiente sección, estudiaremos con más detalle el rol que cumplen los rasgos en las reglas fonológicas y, en la subsiguiente, veremos que, en una derivación, las reglas fonológicas se pueden aplicar de manera sucesiva y en un orden determinado.