Recién había volado al cielo don Vincenzo Tani y el Señor quiso remplazarlo con un alma para que lo sustituya, al igual cándida y dotada de virtudes todavía más altas: don Giovanni Merlini, nacido en Spoleto el 28 de agosto de 1795.
Había oído hablar tanto de Gaspar y de los santos sacerdotes de San Felice, que sintió el deseo de ir al Convento, sin tener intención alguna de permanecer allí. Pero apenas conoció a Gaspar quedó fascinado, y Gaspar de él: el Santo lo miró, lo amó y le dijo: "Quédate conmigo, serás misionero, y en el nombre de la Sangre de Cristo, salvarás a muchas almas". Don Giovanni se quedó. A la escuela de tan grande maestro, dispuestos sólo a obedecerle e imitarlo, alcanzó las más altas cimas de la perfección, suficiente para ser considerado incluso superior a él.
Gaspar le nombró, tan joven, su secretario; se lo llevó a la predicación y, en caso de impedimento, se hacía reemplazar por él en las Misiones más importantes y delicadas. En L'Aquila, en Abruzzo, autoridades y pueblo en espera de Gaspar quedaron decepcionados y enojados con la aparición de aquel curita colorín y delgado, ¡pero cuando lo oyeron!
La sabiduría y la santidad de don Giovanni resulta especialmente en el papel de guía que supo jugar, aunque muy joven, frente a María De Mattias, la futura fundadora de lasAdoratrices de la Sangre de Cristo. Vio en ella el gran carisma e hizo de ella una joya de santidad. ¡Hoy la veneramos en los altares como Santa!
Otro acontecimiento importante de su vida, fue el apostolado para la conversión de los bandidos de la Ciociaria. Logró cautivarlos en la confianza hasta el punto que, en la noche, hombres tan feroces se recaban a abrirle el alma, dispuestos a seguir las recomendaciones. En los Archivos de la Congregación se conserva una famosa carta que le escribieronlos bandidos, en la que se declararon dispuestos a rendirse y pedían, a través de él, intercesión de Gaspar para obtener clemencia del Papa.
Las llamas que ardían en don Giovanni y lo encendían en místicos ardores, eran la Sangre de Cristo y la Virgen. Su vida está llena de episodios maravillosos. Fue el segundo sucesor de Gaspar en el gobierno de la Congregación y la condujo por una gran expansión en Italia y en el extranjero; perfeccionó las Reglas y supo traducirla en actos de sabiduría yfirmeza el espíritu. Obtuvo del Papa Pío IX la extensión de la Fiesta de La PreciosísimaSangre a toda la Iglesia, y a aquel gran Papa le era tan querido, hasta el punto de quererlocomo consejero en algunas circunstancias puntuales.
A pesar de ser sordo, en conversaciones del espíritu con aquellos que se confiaban en él, en la dirección espiritual y en el confesionario, lograba escuchar bien. Leía con agudeza en el secreto de las conciencias, preveía el futuro y daba consejos más adecuados por el bien espiritual de los que escuchaban. ¡Siempre resultaban ser exactos! Las maravillas por él realizados no bastan con los dedos de las manos para contarlos; sanótoda enfermedad y en particular, quién sufría de ceguera.
En Sonnino, el pueblo salvado por Gaspar de la destrucción, nido de los más feroces bandidos, lo llamaban “el santo que no se moja”, porque había sido visto varias veces caminando a toda prisa por las calles del pueblo bajo una lluvia torrencial, sin paraguas, tal vez olvidado por correr rápidamente a la cabecera de los moribundos. Los sonninensescurioseaban detrás de las ventanas para mirarlo.
- ¿Quién es ese sacerdote tan loco - preguntaba quién no lo conocía – que camina por ahí sin un paraguas en con este mal tiempo?
- ¡Es don Giovanni, el santo misionero, que no se moja! - Respondían.
Y los incrédulos, que fueron a ver por sí mismos se vieron obligados a admitir ante el asombro: - ¡Es cierto!
Víctima de un atropello del carruaje de un anticlerical, murió en Roma el 12 deEnero de 1873. En esos últimos instantes, los que rodeaban su cama, tuvieron la certeza de que él tuvo la visión reconfortante de la Virgen. De hecho, murió con el rostro brillante y mirada hacia arriba, exclamando: - ¡Señora mía, esperanza mía!
De él, el elogio más grande mientras ambos estaban en vida, lo hizo el mismo don Gaspar, en alusión a su alto grado de santidad: “¡El Mirlo vuela alto, muy alto! Don Giovanni es un hombre de santidad y de milagros".