Tú eres una persona importante con un glorioso destino, y cuentas con una excelente biografía que, sobre ti, se ha escrito. Es una biografía muy diferente a las que comúnmente se escriben, ya que además de ser una historia personal en la que se han registrado tanto logros como deficiencias, te muestra cómo sobreponerte a dificultades y problemas, y cómo darle expresión a las profundas aspiraciones que yacen escondidas dentro de tu alma. La misma esboza diagramas para vivir, de manera que puedas tomar las medidas necesarias para hacer que tu vida valga la pena y sea interesante. Dicha biografía tuya se llama la Biblia, y caigas en cuenta o no de ello, tú figuras en cada página desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
La biblia fue escrita mediante símbolos y alegorías. Alguna gente sabe eso y, sin embargo, siguen leyendo la Biblia de manea literal, por lo que se pierden su mensaje de poder espiritual. El velo todavía recubre sus corazones- como comentaba Pablo. ¿Qué quiero decir con eso de “símbolo”? Según el diccionario Webster, un símbolo es un “signo de...una idea. No es la cosa en sí, sino que la representa- así como la paloma es un símbolo de la paz, y las palmas son un símbolo de la victoria. En la parábola del Buen Samaritano, no fue que un hombre de carne y hueso bajó de Jerusalén un día en particular, ni que un cierto levita en realidad le pasó al lado. Jesús narró este cuento para ilustrar un punto. De manera similar, el cuento de Adán y Eva es una alegoría para explicar grandes Verdades espirituales.
La razón de por qué mucha gente se ha alejado de la Biblia, es por haberla tomado literalmente, si bien se suponía que la Biblia fuera tomada espiritualmente, Dice esa gente: “Ese cuento de Jonás y la ballena no puede ser verdad”. Por supuesto que no lo es...en un sentido literal. Es una alegoría. Como tampoco es verdad que el Hijo Pródigo era cierto joven que se fue a un país lejano, y que regresó, y que fue agasajado por su padre. Estas cosas son parábolas y vienen a la vida y revelan diagramas para vivir cuando contamos con la llave espiritual.
ESTADOS MENTALES
Todo en la Biblia es significativo. Todos los personajes –tanto masculinos como femeninos- ilustran y dramatizan ciertos estados mentales que le podrían pasar (y le pasan) a gente en la actualidad, ya sea en New York, Paris o Tokio. La Biblia no es sólo historia antigua: es una cosa viviente para hoy.
Puede que te encuentres a ti mismo en la Biblia, pero ¿no hay garantía alguna que te sientas complacido cuando lo hagas. Sin embargo, si no te gusta la imagen que ves, siempre puedes cambiar de un personaje bíblico a otro. En esta gran obra de teatro, los actores se programan así mismos. Si no les gusta el papel en que se encuentran, siempre pueden cambiarse a otro ya que la Biblia nos da la clave para transformar la vida.
Así como cada personaje en la Biblia simboliza un estado de tu alma, así cada incidente de la Biblia denota algo que te puede pasar a ti. Abraham mudándose para Canaán; Jesús en la ribera del lago; Jesús subiendo a Jerusalén; Pablo camino de Damasco –todas éstas representan eventos dramáticos, poderosos y coloridos en tu vida hoy día, esas cosas que te hacen envejecer y te parten el corazón, o que te elevan a nuevos niveles de júbilo y logro. Son dramáticos y simbólicos diagramas de vida para mostrarte a ti cómo puedes salir de la limitación y encontrar la verdadera felicidad.
Cada nombre en la Biblia tiene un significado. En cuanto a eso, todo nombre tiene un significado. Tu nombre representa la idea de ti y tu vida. La vida de cada hombre y mujer es una parábola de las cosas que les han pasado a ellos desde que nacieron. Digamos que naciste en los Ángeles, o París, o Berlín. Asististe a ciertas escuelas o iglesias. Conseguiste tal o cual trabajo, o entraste a tal o cual profesión. Te casaste o te quedaste soltero. Viviste en un lugar en particular e hiciste ciertas cosas. La totalidad de tu vida es una parábola que simboliza la clase de persona que tú eres, y tu nombre resume esa parábola o la representa. De igual forma, cada nombre en la Biblia tiene un significado especial, representando ciertas facultades o condiciones del alma humana.
La geografía de la Biblia también es significativa. Egipto, Palestina, Asiria, Babilonia, el Mediterráneo, todos tienen significados simbólicos. Cada río, montaña, lago, desierto, etc. representan ciertos estados de conciencia.
También se usan los números para transmitir ideas definidas y principios. Me gustaría señalar que el número seis (6) – la estrella de Davis de seis puntas- representa el Viejo Testamento. El seis denota labor, trabajo. El Viejo Testamento fue fundamentado sobre los mandamientos de Moisés, lo cual denota trabajo duro. Es una cosa externa, pero peor es nada. El Nuevo Testamento expresa el siete (“7”), y es el movimiento de la Ley a la Gracia. Pablo tiene mucho que decir en cuanto a la Gracia. Cuando entendemos las enseñanzas de Jesucristo, ya no estamos más bajo la ley sino bajo la Gracia.
Y, finalmente, las letras el alfabeto hebreo son particularmente significativas y tienen un significado bíblico que está presente de principio a fin en la biblia. Jesús se refirió a esto cuando comentó que “hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”. (Mateo 5:18 – Lucas 16:17)
La Biblia tiene una línea central –como quien dice, una columna vertebral- que cuelga de dos ideas, una en el Viejo Testamento y una, en el Nuevo Testamento, es el nombre de JESÚS EL CRISTO. Israel en el Viejo, y Cristo en el Nuevo; el uno prepara el camino para el otro, y cada uno completa y resume al otro. Estas son claves principales en los diagramas dramáticos para el vivir que se encuentran de principio a fin en la Biblia.
En el Viejo Testamento, Israel denota tanto un hombre como una nación, pero de mayor importancia es cómo se usa simbólicamente para dramatizar tu vida. Israel atañe a tu salud, tu trabajo, tu familia, tus finanzas, y a todos tus problemas personales. Estas son las cosas que están entretejidas en el cuento, y en el desarrollo de la historia de Israel en el Viejo Testamento.
El cuento de Israel comenzó con Jacob, uno de los personajes más interesantes de la Biblia. Hay algo dolorosamente familiar en cuanto a Jacob. Él se parece en gran medida a ese “yo” que tanto queremos. Él no es ni el santo ni el místico. Es el hombre corriente, el hombre de la calle, tú y yo. Era egoísta, cometió muchos errores, y pecó abiertamente. Pero Jacob es mucho más que esto, así como también nosotros somos mucho más que eso. A pesar de todos sus errores y flaquezas, Jacob no se encontraba cómodo en el error. Siempre estaba aspirando a algo más alto. Tenía un verdadero deseo de ser mejor. ¿No se parce en eso a nosotros? ¿No es ése el cuento de toda la raza humana? Nos desviamos del sendero, tenemos nuestros problemas, pero toda la distancia sabemos que hay algo mejor a lo que podemos aspirar.
Y así el cuento de Jacob –como indudablemente lo hace el resto de la Biblia- nos da verdaderas pistas en cuanto al manejo de nuestras vidas y nuestros problemas. Podríamos decir que son diagramas para vivir en cuanto nosotros actuamos y reaccionamos en ciertas maneras. El cuento de Jacob tiene todo el encanto de un cuento de hadas, empero trata de la fría realidad, ya que Jacob era una persona de verdad; y su lucha con el Ángel es un gran incidente en la historia de la raza humana.
Jacob no estaba cómodo en el error, y ésa era su virtud sobresaliente. Sólo hay una cosa que te puede mantener fuera del reino de Dios, fuera de la salud, de la felicidad y del verdadero éxito; y esto es mentirse a uno mismo y rehusar encarar las cosas. Ésta no era una de las faltas de Jacob. Él había cometido muchos errores, pero también oró muchas veces y se sobrepuso a ellos. No hay duda que cuando Jacob no estaba haciendo algo malo, ¡estaba orando! ¿Suena esto como alguien a quien conocéis?
La narrativa comienza con Jacob que regresa a su propio país. Le había hecho mucho daño a su hermano Esaú. Eso a veces pasa en las familias, que un hermano se aprovecha de otro. Jacob, con la complicidad de su madre, le había robado las “bendiciones” que, por derecho, le correspondían a Esaú. Consecuentemente, al emprender Jacob el viaje de regreso con su familia y sirvientes y rebaños y manadas, temía las represalias de parte de su hermano, lo más natural del mundo. Jacob tenía una conciencia de culpabilidad. Simbólicamente, Esaú y Jacob –que eran mellizos- representan las naturalezas inferior y superior, representando Esaú la inferior, la naturaleza animal que tiene que ser redimida y subyugada por Jacob, quien representa la naturaleza superior.
Podrían decir que “eso es muy extraño. Jacob era un tipo muy malo, deshonesto, egoísta y cobarde. Era exactamente lo opuesto a lo que conforma un caballero”. Eso es verdad. Jacob era todo eso...y más. La Biblia, al presentar sus personajes, no trata de encubrir o paliar los puntos malos sólo para dar una buena impresión. Puede que eso dé con un autor que escribe la biografía de una celebridad, pero no en la Biblia. Ésta lo dice todo acerca de sus personajes, y los usa para retratar estados del alma humana.
Esaú significa rojo, la tierra roja. Denota el hombre materialista. Pero, en verdad, Esaú, no era un mal tipo. Era rudo y materialista. Puede que levantara su puño y te diera en la nariz, pero tú siempre sabías dónde estabas parado. Él era una clase ruda y obvia del individuo.
EL TALÓN
Se nos dice que el infante Jacob, al nacer, le agarró el talón a su hermano Esaú, el primogénito. El talón es siempre simbólico del punto débil en el hombre. Aquiles, el héroe de la Ilíada, tenía un punto vulnerable en su talón, al haber sido agarrado por el talón por su madre cuando ella lo sumergió en el río, las aguas del cual le hicieran invulnerable (¡qué conveniente tener un río así!). El punto donde su mano agarró el talón del niño no fue afectado por el agua, y más tarde fue conquistado al ser herido justo en dicho lugar.
En la Biblia, también, el talón denota el punto débil, y todo el mundo tiene uno, o dos, o quizás más. El talón es la parte del cuerpo que entra en contacto con el piso. El punto débil de Esaú era su amor por las cosas materiales, su disposición a sacrificar su herencia por un plato de lentejas preparado por su hermano, Jacob.
Es así como Esaú denota tu vida material, tu concepto de ti mismo como un ser material antes de que entres a la Verdad. Fíjate que no dice antes que entres a la iglesia. Dije “antes de que entres a la Verdad”. Es mucho más fácil entrar a la iglesia que a la Verdad.
Si te identificas a ti mismo de una manera puramente humana y material –v.g. Juan Pérez o María Rodríguez, cuarenta y cinco años de edad, de padre bebedor y madre que no te quería, salario anual de 10.000 dólares opero con un endeudamiento sin fin, incapaz de desenvolverte también por cuenta de un corazón débil, etc. -, entonces tú eres Esaú.
Pero Jacob, con todas sus flaquezas, es el hombre espiritual. Ésta es la razón de por qué Jacob es el Suplantador, que en hebreo literalmente significa “aquel que toma el lugar de otro”. Esto es simbolizado en la narrativa bíblica con la toma del talón de su hermano Esaú, el punto débil de Esaú. La idea espiritual. El hombre material, Esaú, es suplantado por el hombre iluminado que sabe que él es fundamentalmente un Príncipe de Dios con un gran potencial de poder espiritual.
En el principio, Jacob no tenía grandes fallas, pero algo le pasó; y ése es todo el tema del cuento. Jacob fue cambiado más radicalmente que ningún otro personaje en la Biblia. En el largo linaje desde Adán hasta Jesús, algunos personajes mejoraron tremendamente; otros, se deterioraron horriblemente; pero ninguno cambió como Jacob. Ésta es la razón de por qué él nos es tan constructivamente importante para nosotros. Nos muestra la forma de regresar a Dios, a la liberación y a la armonía.
Cuando en verdad conocemos y entendemos a Jacob, él se convierte en la figura más consoladora de toda la Biblia.
No hay falla que puedas tener que Jacob no tenía en el grado sumo. No hay debilidad que pudieras desear sobreponer ni error que pudieras desear rectificar que no se encontrara en Jacob también.
Pero entonces algo le pasó a Jacob. Él había estado lejos de casa, en un país extranjero. Dio media vuelta y emprendió el camino de regreso, lleno de miedo y temblando de que su hermano Esaú fuera a vengarse por el mal que Jacob le había hecho. Temía no sólo por su propia vida, sino también por la de su familia y sirvientes, y por la pérdida de sus vastas posesiones. Sabía que se lo estaba jugando todo.
PRIMERO LO EXTERNO
¿Qué hizo entonces? ¿Se volvió hacia Dios primero?
No. Actuó como muchos de nosotros actuamos: comenzó por re-arreglar sus asuntos externos. Dividió sus rebaños. Puso a las doncellas adelante, gente que él pensaba que no importaban mucho. Los puso de primero en la línea de peligro. Tomó, entonces, la esposa que no quería mucho, Lía, y la puso en segunda fila. Y entonces, a la esposa que quería, Raquel, y a su hijo favorito, los puso en un lugar seguro. ¿Cuán parecido a nosotros! Siempre tratamos de organizar la cabalgata de forma tal que las cosas que nos importan estén algo más seguras que las que no.
Entonces, envió adelante a sirvientes con regalos para apaciguar a su hermano. Esbozó planes muy elaborados para que no todo se perdiera. Y esto es lo que la mayoría de la gente hace: escriben cartas, se entrevistan con gente, hacen averiguaciones, corren de un lado para otro, agotándose. Hacen las cosas externas primero.
LA LUCHA
Finalmente Jacob, que en lo más hondo tenía una real añoranza por Dios, recuperó la lucidez: Decidió volverse hacia Dios. La Biblia dice “Y Jacob se quedó solo”. Lean el Génesis 32:24-32. Sólo son nueve versículos, pero es una obra maestra literaria.-“...Jacob se quedó solo” Esta es una frase que dice mucho. Cuando quiera que se suscite la gran pugna, siempre te encontraras solo encarando el problema. Esa es tu prueba. En ese momento, aparentemente rodeado por los terrores del infierno, si te vuelves hacia Dios, te vas a encontrar con el Ángel luchador. Es algo que en realidad vale la pena. Habrás dado un gran paso adelante en el sendero espiritual, y te encontrarás siendo un nuevo hombre o mujer. Bueno, Jacob se quedó solo esa noche. La oscuridad o la noche es uno de los más grandes símbolos bíblicos, significando lío y limitación. Las pugnas siempre se dan en la noche oscura del alma, en la negritud y desesperación. “Y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba”. Más tarde se nos dice que era un Ángel, pero al principio parecía un hombre.
Nuestros problemas nunca son sublimes. Siempre afectan la vida aquí en el plano humano. Es sólo más tarde, cuando la cuestión ha concluido, que toma una forma angélica, y podemos recordar el problema como si fuera un mal sueño. La lucha duró toda la noche, simbolizando el hecho que, a veces, las dificultades requieren de mucha oración y de muchos tratamientos, hasta que veamos la luz del amanecer.
“Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré si no me bendices”. Con todas sus fallas, Jacob tenía una verdadera fe en el poder de Dios. Él no aceptaría nada menos. Estaba prácticamente exhausto, habiéndolo perdido todo salvo su fe en Dios, pero no por eso aflojaba.
Cuando viene la hora oscura y tenemos que luchar, aparentemente solos, es ése el momento en que si nos aferramos a la Verdad, si luchamos con nuestra idea de Dios, es que vamos a obtener nuestra más íntima liga con Dios, y que daremos nuestro mayor paso adelante.
“Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”
La lucha terminó; el problema fue resuelto. Esaú, su hermano, alma buena y generosa que era –rudo, burdo, arisco, crudo, honesto- le perdonó, y Jacob quedó a salvo. Pero tampoco Esaú hubiera podido hacer esto si antes Jacob no le hubiera hecho frente al Ángel. El que Jacob le hubiera agarrado el talón a su hermano Esaú también profetizó el hecho que cuando Jacob fuera redimido, también lo sería Esaú. El alma que se ilumina, el alma que acepta a Dios, redime al cuerpo.
Más importante que esto, Jacob sabía que nunca más tendría que hacerle frente a este problema. Como resultado de su experiencia, cayó en la cuenta de la irrealidad de la materia y de la totalidad de Dios –o, como lo dice la Biblia en su fraseología oriental, “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel”.
Jacob había cambiado. Tenía un nuevo nombre. Tan pronto como se cambia a sí mismo mediante la oración, cambia el nombre interno de uno. Ahora, no sólo es cuestión de cambiarse el nombre. Sea que te llames Pedro Martínez o Luisa López, el hecho que te cambies el nombre sólo afectaría a los recaudadores de impuestos y a tu casero, pero no cambiaría el verdadero tú. Uno no cambia al hombre interno cambiando el hombre externo.
Jacob se convirtió en Israel, e Israel es uno de los nombres más significativos de la Biblia. Es la idea central que atraviesa toda la Biblia, comenzando en el capítulo 11 del Génesis con el llamado de Abraham y terminando con el Apocalipsis.