Vamos a explorar el fascinante mundo de la fotografía estenopeica. Esta técnica es como viajar en el tiempo a los orígenes de la fotografía.
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La fotografía estenopeica es una de las formas más antiguas de capturar imágenes. Se basa en principios ópticos conocidos desde la antigüedad, pero no fue hasta el siglo XIX cuando se aplicaron a la fotografía. Es como la abuela de todas las cámaras que conocemos hoy.
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Ahora viene la parte divertida: ¡vamos a construir nuestra propia cámara!
La caja: Necesitamos una caja sólida que no deje pasar la luz. Puede ser de cartón fuerte o de lata. El tamaño afectará a cómo salga la foto final.
El agujero o estenopo: Este es el corazón de nuestra cámara. Haremos un agujerito muy pequeño y lo más redondo posible en un lado de la caja. Este será nuestro "objetivo".
Interior oscuro: Pintamos el interior de la caja de negro para que no rebote la luz.
Cuando la luz entra por el estenopo, proyecta una imagen invertida en la pared opuesta de la caja. Es como magia, pero es ciencia pura. Esta imagen se captura en un material fotosensible que colocaremos dentro.
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Estabilidad: Como no hay lente, necesitamos que la cámara esté muy quieta. Usa un trípode o apóyala en algo firme.
Tiempo de exposición: Al ser un agujero tan pequeño, la luz tarda en entrar. Las exposiciones pueden durar desde unos segundos hasta varios minutos.
Enfoque: Todo estará más o menos enfocado, es parte del encanto de esta técnica.
Primera fotografía de la historia 1824, el científico francés Joseph Nicéphore Niépce.
Carga: En un cuarto oscuro, colocamos el papel fotográfico o la película en la pared opuesta al estenopo.
Toma la foto: Abre el estenopo (que habrás tapado con cinta negra) durante el tiempo necesario.
Revelado: Vuelve al cuarto oscuro y revela tu imagen siguiendo el proceso químico adecuado para el material que hayas usado.
Recuerda, la fotografía estenopeica es un proceso lento y mágico. Requiere paciencia, pero el resultado es una imagen única que tú mismo has creado desde cero. ¡Es como ser un inventor y un artista al mismo tiempo!
Hoy en día es muy habitual y fácil la realización de imágenes utilizando recursos digitales como nuestros móviles o incluso la Inteligencia Artificial, recreando nuestro entorno de una manera fiel en pocos segundos, pero ¿cómo se realizaba esto antes de la invención de la técnología y los medios digitales?
Un poco de História
Antes de empezar, os voy a hacer una pregunta:
¿Creéis que la gente siempre ha podido hacer fotos como ahora, con el móvil?
Desde que el ser humano existe, siempre ha tenido ganas de contar cosas con imágenes. Mucho antes de que existieran las cámaras, ya se dibujaba en las paredes de las cuevas. Las pinturas rupestres eran una forma de explicar cómo vivían, qué animales cazaban o qué era importante para ellos.
En el fondo… era una manera de decir: “Esto es lo que veo y esto es lo que me importa”.
Con el paso del tiempo, las imágenes siguieron evolucionando. Otro momento clave fue la invención de la imprenta, que permitió copiar dibujos e ilustraciones muchas veces. Gracias a eso, las imágenes dejaron de ser algo solo para reyes o personas ricas y empezaron a llegar a mucha más gente.
Ahora os lanzo otra pregunta:
¿Sabéis cómo funcionaba una cámara antes de existir las cámaras de fotos?
Antes de la fotografía existía la cámara oscura: una caja cerrada donde la luz entraba por un pequeño agujero y proyectaba la imagen del exterior, pero… había un problema: la imagen desaparecía. No se podía guardar.
El gran descubrimiento fue encontrar materiales que reaccionan a la luz, como las sales de plata o de hierro. Gracias a eso, la luz podía “dibujar” sobre papel o metal. Así nacieron los primeros procesos fotográficos antiguos, como el daguerrotipo, el calotipo… y también la cianotipia.
La cianotipia es uno de los procesos más especiales y mágicos, porque utiliza productos químicos que reaccionan con la luz del sol y crean imágenes de color azul intenso. No hace falta una cámara complicada: basta la luz, el tiempo… y un poco de paciencia.
Hoy en día hacemos fotos en un segundo y las vemos al instante en una pantalla. Pero cuando trabajamos con procesos antiguos como la cianotipia, volvemos a los orígenes de la fotografía y entendemos algo muy importante:
que una fotografía no es solo apretar un botón, sino luz, tiempo, experimentación y sorpresa.
Y ahora sí… vamos a convertirnos en fotógrafos y fotógrafas como los de antes 🌞
La cianotipia fue inventada en 1842 por el científico inglés Sir John Herschel, que buscaba un método sencillo para copiar notas mediante sales de hierro fotosensibles y luz. La botánica Anna Atkins aplicó de inmediato este proceso a la ilustración científica, creando libros de algas y plantas que mostraban el enorme potencial documental y estético de la fotografía.
La cianotipia es una técnica fotográfica antigua que crea imágenes de color azul intenso usando sales de hierro sensibles a la luz (ferricianuro potásico y nitrato férrico amonio, sin necesidad de cámara ni laboratorio complejo.
Funciona con luz ultravioleta: se sensibiliza un papel o tela, se colocan objetos o negativos encima, se expone al sol y luego se lava con agua, apareciendo la imagen azul.
Funciona con luz ultravioleta: se sensibiliza un papel o tela, se colocan objetos o negativos encima, se expone al sol y luego se lava con agua, apareciendo la imagen azul.
Kit de cianotipia (las dos soluciones ya preparadas) o los químicos por separado.
Soporte poroso: papel grueso, cartulina acuarela, tela de algodón, incluso madera sin barnizar.
Recipiente o jeringas para mezclar, brocha o rodillo, guantes y protección de mesa.
Cristal plano y pinzas para sujetar los objetos, cubetas o bandejas con agua para el revelado.
Preparar la mezcla
Mezclar en partes iguales las dos soluciones del kit en un recipiente opaco y en ambiente sin sol directo.
Sensibilizar el papel o la tela
Con la brocha, extender la solución sobre el soporte, creando una zona rectangular amplia.
Dejar secar en la oscuridad (armario o caja) hasta que esté bien seco.
Componer la imagen
Colocar sobre el área sensibilizada hojas, plumas, siluetas recortadas o transparencias con dibujos.
Cubrir con un cristal para que no se muevan los objetos.
Exponer a la luz
Sacar al sol unos minutos (entre 5 y 20, según la intensidad de la luz); la emulsión cambia de tono verdoso a gris‑amarillento cuando está lista.
Revelar en agua
Lavar el papel o tela con agua corriente durante varios minutos hasta que deje de salir color amarillo.
Al secar, aparece el azul intenso en las zonas donde dio la luz y quedan blancas o muy claras las zonas que taparon los objetos.