Canción del esposo soldado

Viento del pueblo, 1937

Song of the soldier husband

Wind of the people


I have peopled your belly with love and seed,

I have prolonged the echo of blood to which I respond

and I rest above the furrow as the plough rests:

I have reached the deepest point.


Dark-haired woman of high towers, high light and high eyes,

wife of my skin, great drink of my life,

your maddened breasts jump towards me

like an unborn hind.


You seem to me to be a delicate glass,

I fear that you will break at the slightest touch,

and I will reinforce your veins with my soldier’s skin

like a bursting cherry tree.


Mirror of my flesh, sustenance of my wings,

I give you life in the death they give me, and which I do not accept.

My love, my love, I love you beseiged by bullets,

sought out by lead.


Upon the ferocious coffins, lying in wait,

upon the dead themselves, without hope nor grave,

I love you, and I yearn to kiss you with my breast

deep in the dust, my love.


When by the fields of combat I think of you,

and your face does not cool nor soothe my brow,

you come towards me like a huge mouth

of hungry teeth.


Write to me in the battle, sense me in the trenches:

here with my gun I invoke and concentrate on your name,

and I defend your poor woman’s belly which waits for me,

and I defend your child.


Our child will be born with its fist clenched,

wrapped in a clamour of victory and guitars,

and I will leave at your door my soldier’s life

with its fangs and claws.


It is necessary to kill to keep on living.

One day I will come to the shade of your far-away hair,

and I will sleep on the starched, crackling sheet

sewn by your hand.


Your unrelenting legs go straight towards birth,

and your unrelenting mouth with its untamable lips,

and whilst I am in a solitude of explosions and breakthroughs

you tread a path of unrelenting kisses.


The peace that I am forging will be for our child.

And in the end, your heart and mine will shipwreck

in an ocean of inevitable bones, and all that remains will be

a woman and a man worn out with kisses.



Verónica Ruiz


Canción Del Esposo Soldado
Miguel Hernández, 1937 (Manuel Gerena Canta Con Miguel Hernández)




He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.