Aceituneros

Viento del pueblo, 1937

Olive pickers

Wind of the people


Andalusians of Jaén,

proud olive pickers,

tell me from your soul: who,

who raised up the olive trees?


They were not raised up by nothing,

nor by money, nor by the master,

but by the silent earth,

by work and by sweat.


Together with pure water

and together with the planets,

these three gave beauty

to the twisted trunks.


Rise up, silver haired olive tree,

they said at the foot of the wind.

And the olive tree raised

a powerful hand as its foundation.


Andalusians of Jaén,

proud olive pickers,

tell me in your soul: who

suckled the olive trees?


Your blood, your life,

not that of the exploiter

who grew rich on the

generous wound of sweat.


Not that of the landowner

who buried you in poverty,

who trod on your brow,

who made you bow your head.


Trees which your effort

brought into the broad light of day,

provided the bread

eaten only by someone else.


How many centuries of olives,

with your feet and hands kept captive

from sun to sun and moon to moon,

weigh down on your bones!


Andalusians of Jaén,

proud olive pickers,

my soul asks: to whom,

to whom do these olive trees belong?


Jaén, rise up bravely

on your stony, moon-like land,

do not be a slave

along with all your olive groves.


Within the clarity

of the oil and its aromas,

they proclaim your liberty

the liberty of your hillsides.



Bartolomé Roca







Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.