Pocos símbolos hay tan sugerentes, transparentes e inspiradores como el de la forja de la espada. Sin necesidad de saber demasiado en simbología tradicional, una especie de magia o encantamiento subyuga nuestra mente ante la imagen del héroe forjando su espada. Y digo subyuga porque el efecto que surte es el de un hipnotismo mental, sí, la mente deja de pensar, de analizar, el torbellino mental se calma cual lago entre altas montañas y deja entrar en el alma la enseñanza misma sin particiones ni comparaciones hijas del análisis; la enseñanza entra por pura intuición.
La forja, es algo muy especial, un ritual muy mágico, con unos elementos tales que bien vale la pena intentar atraparlos para dejarlos, de alguna manera, retratados en este papel, tal vez, quién sabe, para seguir creciendo, seguir aprendiendo las leyes de la forja, de la forja del Hombre, de la forja de un Dios.
Varios son los elementos que se necesitan, pero hoy quiero detenerme en el yunque, el mazo y la espada.
YUNQUE
Representa los obstáculos que se presentan en la vida, los problemas. No podemos pretender tener una espada maravillosa si no tenemos nada que la enderece y le de forma.
Unos dicen que sus obstáculos les atan y por ello no pueden hacer aquello que quieren. Ellos no saben que si no tuvieran esos problemas, posiblemente tampoco harían gran cosa, ya que divagarían en la indolencia y se pararían en la primera flor que les ofreciera estímulos placenteros, repercutiendo en una parada del crecimiento de la capacidad humana. Muy pocos sabrían caminar sin retos, porque en verdad, es difícil vivir, humanamente hablando, si no se tienen retos ni metas que extraigan de uno mismo lo mejor y más noble, lo auténtico. El esfuerzo tal vez haga crujir los huesos, pero ilumina el alma. Lo que da sentido al obstáculo no es el problema en sí, no es destruirlo o resolverlo, lo que le da sentido es el desarrollar la capacidad, la facultad interna de superarlo, el saberse capaz y poder dominar otra faceta que nos presenta este inmenso universo que nos sirve de hogar, y de taller de entrenamiento. Imaginaros días interminables sin nada que superar, nada que conquistar, sería un verdadero infierno donde sin retos, sin yunques estaríamos abocados a lo amorfo, al vacío, a la desesperación, al sin sentido, a lo anodino y al dolor más profundo.
Si alguno se creyera que su vida transcurre llana y plácida, que busque retos, que busque su yunque contra el que tensionar la personalidad y forjar su divina y necesaria espada de la voluntad.
MAZO
Si es verdad que todos tenemos problemas, eso no significa que todos tengamos la disposición interna de verlo como una herramienta que nos permita enderezarnos, mejorarnos y crecer. Si bien es verdad que todos tenemos yunque, no es menos cierto que no todos tengan el mazo de la intención verdadera para sacarle chispas al metal de los problemas y que nos permita de esta forma forjar esa espada de la voluntad. Hemos dicho que un obstáculo sirve para la forja cuando lo enfrentas y te hace crecer en capacidad. Tu yunque es aquel obstáculo ante el que te sientes retado, no el que hace sentirte víctima, incomprendido y desgraciado. Ese sentirse retado está representado con el mazo. Todos tenemos obstáculos y problemas, pero sólo aquellos con madera de discípulo tienen mazo, un mazo con el que hacer saltar las ígneas chispas de la vida, de aquello válido y vivo, del sacrificio que contiene en sí ese Fuego Divino, ese trabajo interior que sale y se hace visible.
ESPADA
Representaría el Poder, la Capacidad, la Voluntad. Hay que gestarla sólo con material nuestro, con nuestras propias experiencias, con nuestro propio aprendizaje, con nuestros propios errores y aciertos, aprendiendo a confiar en nosotros. Aquí no valen ideas, doctrinas, opiniones ni enseñanzas de nadie, por muy elevado que nos parezca. Los maestros forjaron su espada, la que tu no podrás usar jamás. Tienes que hacer lo que ellos hicieron, aprendieron de sus experiencias, no de sus conocimientos, y forjaron su espada, su voluntad. Tú tienes que aprender de ti y forjarte la tuya, la que no podrá heredar nadie. No imites sus espadas, aprende a construirte la tuya. No vivas de una manera u otra porque lo digan los más grandes maestros. Siente esa necesidad por dentro, y entonces, actúa.
Lo único que te es válido es lo que proviene de ti. Experimenta, recoge material y fúndelo, trabájalo en el yunque de tus problemas, golpeándolo con tu mazo de sinceridad, tesón y firmeza, para después sumergirlo alternativamente en tu fuego mental y en tu agua emocional, en tu fuego analítico y en tu agua intuitiva, en tu fuego protector y en tu agua mística.
Tu espada, la que sólo a ti te dará poderes mágicos, la forjarás trabajando tus vivencias con la mente y con el corazón, exponiéndolos contra retos que le den forma, filo, dureza, flexibilidad, nobleza y templanza. Sólo así se forja la verdadera espada del dios que llevas dentro, será la espada forjada por un dios, contra la que ningún mortal podrá hacer nada, simplemente porque ya habrás superado esa etapa.
Tan solo entonces, esa divina espada será capaz de romper el yunque que la forjó, porque se ha vuelto más fuerte que él y ya no lo necesita. No la fuerza el reto, no se tiene que demostrar nada. Se sabe. ES.
Empecemos la forja.