Fecha de publicación: 15-may-2011 18:23:46
Antes de comenzar: ¿existe un futuro? Nadie te lo va a certificar, se presume que sí, es previsible, se puede pensar en él, pero no se tiene. Lo único que se posee es aquello en lo que no se puede pensar, el AQUI-AHORA, el PRESENTE. Parece contradictorio, lo único que existe no se puede apresar con los pensamientos, esto es así porque éstos no lo pueden abarcar, cuando quieren hacerlo ya es pasado y si juegan a imaginarlo crean el presunto futuro.
Esta acción de imaginar el futuro se convierte pronto en pasado y sin darnos cuenta los pensamientos nos "han secuestrado" del momento presente.
Pero volvamos al enfoque inicial.
A todos nos interesa saber qué ocurrirá con nuestro futuro. La mayoría ve claro que en gran parte depende de nuestro presente, lanzado como una flecha desde el pasado. Lo que muchas personas no ven ya tan claro es el porqué de aquellos acontecimientos que, a primera vista, no hemos producido nosotros, o al menos no tenemos memoria de ello. ¿Por qué nos vienen situaciones en las que aparentemente no hemos tomado la iniciativa de provocarlas? ¿Quién no ha dicho alguna vez: “cuando viene un problema no viene solo, parecen llegar en cadena, todos juntos”? Y lo curioso es que no acertamos a ver por qué nos ha tocado a nosotros, es la tan popular pregunta: “¿por qué a mí?”.
Vamos por partes. Muchos veces no se ve claro por la falta de suficiente objetividad. La poca o nula memoria de lo que hacemos en el transcurso de años es otro factor importante. También influye la poca conciencia que ponemos al vivir los momentos de la vida. Sin conciencia no hay recuerdo.
Normalmente se está tan apegado a la personalidad, a lo mío, a mí, como una hormiga pueda estarlo al suelo, de tal manera, que sólo vea gigantescos rodillos de goma negra que quieren aplastarla cuando ella va por un lugar donde, curiosasamente, ni hay tierra ni plantas. Un observador más objetivo que nuestra pobre hormiga se alzaría lo suficiente del suelo como para ver que esos rodillos son los neumáticos de los vehículos que transitan por la carretera, y que no tienen voluntad de acabar con ella, tan sólo obedecen a otra finalidad no relacionada con ella, ya que ni se han percatado de la existencia de nuestra hormiga, y ni mucho menos, sienten deseo de aplastarla.
Pero, por supuesto, esto está fuera de la conciencia de la hormiga. Nosotros somos iguales, nos falta altura de miras, visión global de lo que ocurre. Lo que sucede no necesariamente está sucediendo por nosotros, no siempre somos los protagonistas de los eventos, no somos el ombligo ni el centro de nada, más bien somos un eslabón más en la cadena de la vida. En ocasiones, lo que nos ocurre es simplemente que entramos en el radio de acción de los sucesos, éstos sólo nos salpican. Una enseñanza estoica viene muy bien en este momento: “nos sucede aquello que es propio a nuestro entorno, si vives entre ladrones lo más normal y natural será que te roben”. Los sucesos rara vez nos persiguen, rara vez van a por nosotros. Simplemente suceden, sus motivos suelen estar fuera del alcance de nuestras miras, a otro nivel que, normalmente, no tenemos ni idea. Sería necesaria una tarea interna de desdramatización, de volver a una naturalidad, sin complejos de persecución ni narcicismos egocéntricos.
Apliquemos un poco de praxis y sentido común al tema. Lo que ha de venir no ha nacido aún, luego tendrá un principio, y como consecuencia un final. En nuestra ignorancia pensamos que no dependen de nosotros, al igual que la lluvia, el viento, la noche, el día, pues bien, si a estos eventos no les damos una especial atención, puesto que vienen y se van, por qué aquellas otras que nos rozan más de cerca no les damos el mismo tratamiento, ya que también pasarán y nosotros seguiremos nuestro curso.
Más vale que nos preocupásemos de aquellas cosas que han de venir a nuestro presente directo y consciente. Pero ¿qué viene de ese prensente escurridizo que ES, pero en el que no se puede pensar?
No es necesario deducir mucho para entender que lo que realmente hacemos es "encajar" los eventos que nos vienen. A veces somos conscientes de que elegimos nuestro futuro, otras, sin embargo, parece que nos viene impuesto. Independientemente del hecho de que seas o no no capaz de entender lo que te ocurre, lo único que la VIDA te pide es tu ACTITUD, tu modo de enfrentarlo.
Si no tomamos la actitud correcta en nuestras cuestiones de índole familiar, laboral, personal, etc., estaremos construyendo una casa de paja, puesto que ni sus cimientos ni su material (la desgana, desidia, la inconsciencia o la ignorancia, el egoísmo, la pereza, el temor) son estables para soportar más peso que esa acción aislada. Todos sabemos que en la vida las situaciones se construyen una sobre otra, y si las de abajo están mal colocadas o no terminadas, las de arriba estarán en peligro y cuando se derrumben nos preguntaremos: “¿qué hemos hecho para merecerlo?”.
Recordemos hasta donde podamos el pasado, con sinceridad y sin egocentrismos, sin vanidad, con sincera humildad, sin autojustificaciones.
Centrémonos en lo que tenemos entre manos, el Aquí-Ahora. Es lo único nuestro en este momento: NUESTRA ACTITUD. El pasado fué el aquí-ahora, ni los dioses lo pueden cambiar ya, el futuro siempre será el aquí-ahora cuando suceda, pero aún está por construir.
La fábrica que produce el futuro es el hoy, los materiales provienen del pasado, pero nuestra actitud en la vida es lo que crea nuestro futuro. Seamos constructores conscientes, aprendamos las leyes.