Una vez, cierta persona a la que tomo como maestro, dijo que todo es muy simple, que en esto del sendero espiritual todo es muy sencillo y transparente. ¿Ironía del Maestro? ¿Certeza que los ignorantes no sabemos ver?
Para mantenernos vertical, ascendentes, viviendo siempre en la parte más elevada de nuestra conciencia, con la mente y el corazón más puros que podamos experimentar, tan sólo debemos dar a cada cosa su importancia y no equivocarlas, no priorizarlas erróneamente.
Si lo que más nos importa es poseer dinero, ordenamos la importancia de las cosas según un criterio determinado que se orienta entorno al foco principal de nuestro interés.
Si lo que más nos importa es nuestra familia, ordenaremos las mismas cosas con otro criterio, en otro orden. Lo mismo sucede con cualquier otro aspecto que escojamos como interés principal.
Si vemos que esto es así, que finalmente coloreamos las cosas para verlas como queremos verlas, sin importarnos cómo son en realidad, se deduce claramente que no podemos alcanzar transparencia, que no podemos dar a cada cosa la importancia que realmente tiene, simplemente porque no queremos.
Aquellos que anhelen la verdad, más allá de su verdad, deben emprender un sendero de desligamiento, de reorientación. ¿Dónde deberíamos poner el interés para ver las cosas con la importancia que le es propia?
Cuando el niño juega inocentemente con la pelota en un parque y ésta se le escapa hacia la carretera, este niño no es consciente de que puede correr algún peligro, no sabe que puede ser atropellado, simplemente corre detrás de la pelota, como esos otros “niños” de 20, 30, 40 y más años que corren detrás de esa pelota llamada dinero, placer, poder, renombre, orgullo, entre otros, sin mirar si es conveniente perseguirla a cualquier precio. Es evidente que para el niño lo más importante es su “juego”, esa es su realidad y en función de ella ordena los eventos que suceden. Su realidad construye la prioridad de las cosas. La importancia que tiene todo lo que puede observar está en función de esa realidad construida subjetivamente. Por lo tanto, no tiene nada que ver con la importancia real que puede tener todo.
Cuando empezamos a ver y sentir las cosas objetivamente, cuando ya no giran en torno a uno mismo, cuando las cosas no suceden para beneficiarte o perjudicarte, cuando ya sabemos qué son los juguetes y qué son elementos de la vida real estaremos preparándonos para poder dar a cada cosa su importancia y no otra.
“¿Que has de comer?, pues comes, pero no te solaces en ello, viviéndolo con gula ni tampoco te vayas al otro extremo. ¿Qué tienes que vestirte?, igualmente, no fantasees con la ropa que te vas a poner. ¿Qué tienes que asearte?, lo mismo, no uses tu imaginación para acicalarte, simplemente usa tu mente y concéntrate en lo que haces. Domina tu imaginación, no consiste en negarla o anularla. ¿Acaso usarías las manos para coger nubes, el fuego para enfriar, la arena para humedecer? Cada cosa se ha de tomar en la medida de su propia importancia, que es aquella que justifica su existencia y no más. En todo caso úsala para ascender.”