Fecha de publicación: 13-may-2011 5:19:50
Un soleado día de primavera en un hermoso páramo me hizo escribir esto, para retratar lo invisible a través de palabras de manera que puedan servir de puente para entender lo que viví allí. Cuando te envuelve la paz, es un momento mágico, especialísimo, yo incluso diría que sale fuera de la esfera humana, al no estar condicionado por la eterna lucha del ser humano entre sus distintas naturalezas.Cuando un momento de PAZ te llega, te envuelve, produce en ti la necesidad de expandirte en ella, de inspirarla hasta lo más profundo, como si del más sagrado perfume se tratara. Toda tu alma se quiere abrir para que entre más y más de esa paz, y sin embargo esto no lo piensas sino que simplemente sucede, no se puede evitar, como tampoco se puede evitar que una gota de agua, al entrar en contacto con la arena se expanda a través de ella. Por otro lado no te atreves a pensar, no sea que tus pensamientos ahuyenten este momento de paz.La Paz genera por sí mismo múltiples estados. Por una parte engendra quietud, pero no una quietud monolítica, rígida y yerma, sino una especie de movimiento suave, rítmico y armonioso de todo nuestro ser, una relajación natural y profunda, pero no estática. La paz no da la quietud de la roca, sino la armonía del junco mecido por la suave brisa.
Por otra parte la paz te hace entrega de la llave que abre la puerta mágica e invisible del universo. A través de la paz llegas al silencio, ese silencio que te permite oír todo lo que pasa a tu alrededor, a los miles de seres que te rodean. De esta manera, al no emitir tú nada que perturbe lo que te rodea, la paz te permite recoger las suaves y sutiles ondas que emite el universo a través de cada uno de sus hijos, en cada uno de sus estados vibratorios. Esto genera más paz, pues te llegan sensaciones de todo, es ahora cuando percibes lo que tantas veces te han dicho de que no estás solo en el universo, ahora es cuando puedes vivir esa enseñanza para dejar de ser teórica y pasar a ser práctica. Y te llegan sensaciones del árbol sobre quien diriges tu conciencia, del ave que canta en su rama, de los peces que transitan el arroyo, de la familia de conejos que se acercan a beber, de las serpientes que merodean los juncos, de la tortuga que te observa con miedo, de las hormigas que transitan el suelo, de las flores hermosas, de sus insectos, de las plantas bellas en su humildad. Todo te comunica algo individual, sin palabras, por vibración. Este momento se convierte en un estado sagrado de comunión con todo. Incluso te sientes capaz de poder responder a estas sutiles vibraciones al mismo nivel y establecer la comunicación en los dos sentidos con cada ser.
Al ofrecerte la paz esa seguridad y ese convencimiento de que no estas solo y de poder oír lo inaudible, te abre otro camino, el del conocimiento por contacto directo con las leyes, no por su estudio teórico. Ya en este estado dejas de creer para comenzar a saber. La intuición se te desarrolla a niveles impensables. Empiezas a ser capaz de entender lo que sucede y por qué. Comienzas a encontrar belleza en todo. Y llegarás a la conclusión de que nada podría ser de otra manera sino de la que es, puesto que ha llegado hasta ahí por las leyes que tu mismo hubieras creado si supieras todo sobre las interrelaciones entre los seres vivos y su dinámica, en cada uno de sus planos vibratorios.
La paz te trae el siguiente pensamiento: todo está en buenas manos. Y te entregas humildemente a lo que ha de venir, con paz, con esa paz tan profunda que te ha hecho ser, al menos por unos momentos, algo más que un ser humano.