Fecha de publicación: 15-may-2011 20:01:05
Hoy he visto un pequeño arroyo corriendo a través de su cauce. Todo era verde intenso, un gran manto verde vivo cubría la aparente llanura. Verde y agua limpia corriendo, frío en la piel, sensación interna de querer expandirte, de anhelar ser pleno, grande, inmenso, la naturaleza entera dentro de ti, todo cabe en ti, abarcarlo todo, convertirte en naturaleza. Sentir el verde dentro, sentir el vivificante fresco dentro, el olor a hierba tan dentro de ti ... y ese arroyo de aguas puras, limpias, cristalinas, frías y transparentes sentirlo correr por las venas, por el alma ... ser UNO con TODO. No pensarlo ... saberlo y sentirlo. Ser UNO ... Después de estar largo tiempo fundido con la naturaleza, abrazado íntimamente con ella, después de hundirme profundamente en el centro, regreso a mi alma, a lo que en este momento puedo ser o entender que soy. Desde ella, el pináculo, la parte más elevada de mi que he podido despertar, recapacito sobre el agua del arroyo corriendo por su cauce. Parece una gran y perfecta llanura, yo no sabría decir hacia dónde está el desnivel, sin embargo, el agua corre, yo no distingo lo alto de lo bajo cuando es tan poca la diferencia, no distingo el origen del destino, ... en cambio el agua, en su simplicidad, sí. Ella sabe hacia dónde ir, ella siente hacia dónde ir.¿Cuántas veces en la vida, en los sueños, en los anhelos, en las aspiraciones, estamos perdidos sin orientación ni rumbo, en una anarquía a la que enfundamos el falso traje de la libertad? Muy a pesar nuestra, hemos de reconocer que sólo tenemos, la mayoría de las veces, libre albedrío, sin libertad real. Nos movemos por caprichos, rara vez con conocimiento y menos aún por verdadera intuición. El agua sabe muy bien hacia dónde tiene que ir, se sabe atraída hacia el centro de la madre Tierra, y baja todo lo que puede hasta llegar al mar, donde acaba su trayectoria temporal, uno de sus infinitos ciclos, pues sabe que, de alguna manera, volverá a estar en el aire, en la montaña, en el llano, en el mar ..., sin embargo hay algo que traspasa todos sus ciclos: la atracción hacia el centro de la Tierra. Esto es invariable, es eterno. Lo que no cambia es su tendencia.
¿Hacia dónde dirigimos las aguas de nuestra vida?, ¿por qué cauces las hacemos discurrir? Nosotros pasamos por ciclos, al igual que nuestro arroyo: alegría, tristeza, gozo, dolor, hastío, esperanza, miedo, valor ..., pero, atravesando todo esto debe haber una tendencia única para todos los diferentes estados, si no es así, es porque tenemos varios centros de gravedad y estamos disipando nuestras aguas vitales. Busquemos el único centro ... sin pensar demasiado, sin estudiar en exceso, sin entrar en la frenética lucha que nos hace rebotar en las paredes de la alegría y el dolor. Lo único que se necesita es estar en calma, sereno, desprendernos del apego a lo cómodo, a las modas, a los prejuicios, a los temores, .... en una palabra, deshacernos de todo lo que, en nuestro fuero interno, sabemos que no somos, al menos, desapegarnos de ello, no sentir su necesidad, liberar al corazón de la armadura del temor, liberar la mente del yugo de la ignorancia.
Cuando sepamos sentir dolor sin temor a ello, cuando sepamos sentir alegría sin apego a ella, cuando lleguemos a la naturalidad del agua, a su desnudez pura y cristalina, sólo entonces se reflejará en nosotros sus propiedades, y veremos a través de nuestra mente y nuestro corazón, ya transparentes, el centro de nuestro mundo, sintiendo lo que nos atrae, sintiendo nuestro destino.
Percibiremos que nosotros no somos el centro de nada, sino que esa mágica, celeste, telúrica, imparable fuerza de atracción que siente todo el universo converge hacia ese centro único, irremediablemente, irrevocablemente, eternamente, en la vida y también más allá.
Que mi alma sea capaz de alcanzar y mantenerse en el centro del TODO, en lo UNO.