Una vez más me encuentro aquí, delante de vosotros, delante de mí. Cuesta trabajo creer que a pesar de todas las tareas que tengo pendientes en el mundo, me encuentre aquí, escribiendo estas líneas que posiblemente no vayan a ninguna parte, excepto a mi interior, ya que de allí proceden. Pero la verdad, o lo que intuimos de ella en cada momento, empuja una y otra vez hasta salir fuera, fertilizar la conciencia y volver de nuevo al silencio.
¿Por qué me vienen ideas, vestigios de un saber aun no despertado, que no logro vivenciar completamente? Todo sirve a la verdad... sin serlo. Todo es real, todo es ficticio. Real porque sucede, ficticio porque no permanece. Con el eterno juego del cambio podremos vislumbrar, o al menos intuir, lo que hay detrás, lo que permanece.
Si queremos algo más de lo que este mundo cambiante puede ofrecernos, si aspiramos a saber lo que se esconde tras la transformación continua, deberemos llamar a la puerta de lo Trascendente. Pero lo Trascendente no tiene una puerta única para todos, cada uno ha de construirse la suya a base de constancia, anhelos, ideales, amor, inteligencia y voluntad.
En su construcción se deben aplicar los materiales internos humanos que sean necesarios para que esta puerta se vuelva compacta, consistente y densa, de tal manera que los nudillos de nuestra voluntad puedan golpearla y llamar. La solidez de esta “puerta” debe ir pareja con la solidez de nuestra voluntad en llamar insistentemente para que se nos abra. A veces puede que sintamos algo de dolor en nuestros nudillos, no es malo, es buena señal. Quien teme demasiado al dolor no llamará lo suficiente y las puertas no se abrirán.
Esa puerta de lo Trascendente cederá sólo ante la constancia, pues guarda el tesoro del origen del cambio, del objetivo de todo lo mudable. Esta puerta sólo existe para quien la construye, para los otros no, es una falacia y una mentira.
Verdad y mentira. Te invito a que construyas tu puerta y que la atravieses. Nada será lo mismo. Verdad y mentira se invierten. Lo que antes se tenía por real son meras sombras; lo que veíamos como sueños irreales ahora son realidades tangibles.
La inmortalidad solo es real para quien la sueña y son capaces de vivir y mantenerse en los principios eternos... para los demás es mera mentira, así es y así debe de ser.