Hace ya mucho tiempo, me encontraba observando meditadamente las ondulaciones que se producían en la superficie del mar, antes de aproximarse a la orilla. Las seguía con la mirada para verlas finalmente crecer y romper como ola. En esos momentos tuve una hermosa y extraordinaria intuición sobre una realidad bellísima que no había leído previamente en libro alguno, que nadie me había contado jamás.
Esa verdad intuida me afectó tanto, que la emoción afloró con una fuerza tal, que hasta las pulsaciones se me aceleraron rápidamente. El corazón latía con ese ímpetu por dos motivos: uno de ellos era por aquello que acababa de vislumbrar, el otro, por cómo había llegado hasta mí.
En ese momento me dejé mecer por la intuición emergida desde lo profundo de la naturaleza, como las olas. Me sentía cómo esa verdad me llevaba, sin poderla apresar, al igual que cuando estás flotando y la ola te eleva, te sientes alzado, eres incapaz de apresar la ola. Simplemente te dejas elevar y eso, te deleita de tal manera, que imprimes esa experiencia fuertemente en tu ser, en tu conciencia, pero a su vez, no quieres utilizar los pensamientos, porque ellos sólo saben limitar, capturar, y por lo tanto, empequeñecer lo que no tiene forma.
Para que la experiencia sea lo más pura posible debes dejar los pensamientos y las palabras, vivir en otro estado, desde el SER. No se puede explicar, ya que éstos no pueden entrar en ese ámbito de la realidad.
Pasado un tiempo, temí no poder reproducir esta experiencia en el futuro, ya que, al no enfundarle palabra alguna, me era difícil acercarme a esa vivencia. Pasé un tiempo desconcertado, intentando inútilmente vestirla de palabras. Parecía como si se fuese yendo de la conciencia esa intuición, no podía ni quería permitirlo ya que había sido un momento mágico.
Fue entonces, que me di cuenta de que quería atrapar la ola, y eso era imposible. Cuando así lo reconocí, me dejé mecer y la dejé ir, llenando lo más íntimo de mi Ser con el estado de elevación alcanzado por dicha ola-intuición, sin temor, con la seguridad de que vendrán más olas y me volverán a elevar nuevamente.
Ahora, mi conciencia percibe que no hay necesidad de mantener en la memoria transitoria del ego los resultados áuricos de estos momentos sagrados de intuición. El Camino me ha mostrado que lo válido es lo que queda detrás: la asimilación, el reconocimiento y el crecimiento. Estas experiencias especiales no las pierdes, por el contrario, te enriquecen y aflorarán, tenlo por seguro, en su momento oportuno. Confía.
La Vida nos propone situaciones para poder vivir estados especiales de conciencia. Una vez abierto ese estado se puede reabrir siempre que uno quiera sin necesidad de volver a experimentar la situación como condición obligada, simplemente recreándola en tu interior, desde el silencio del VACÍO se gesta la CREACIÓN. Recrea la ola y déjate mecer por ella. Cada experiencia te abre a un nuevo estado de conciencia.
Esa hermosa y maravillosa intuición me dejó profunda huella en mi Ser, esa huella es la GRATITUD, la SERENIDAD, el AMOR, y la ALEGRÍA. ¿El origen? No lo puedo ni quiero atrapar.