Mª Carmen Fernández Morante (Bilbao, 1971) fue hasta hace unos años decana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago (USC). Actualmente es la directora del Instituto de Investigación de Ciencias de la Educación de la USC. Doctora en filosofía y ciencias de la educación desde el año 2002, durante su trayectoria ha publicado diversos trabajos relacionados con las TIC y la tecnología educativa.
La profesora Morante relata los puntos positivos y negativos de la IA en la educación y afirma que si se sustituye el “aprendizaje, el leer correctamente, el explicarse correctamente, el realizar cálculos adecuados, el relacionarse, el conocer el entorno o el analizar una obra literaria y si se deja que eso lo haga la máquina, se saldrá del sistema educativo con un problema”. También en sus últimos trabajos habla de la telepresencia de alumnos con enfermedades crónicas o de larga duración, enfatizando que “son alumnos que necesitan un apoyo especial, tanto de sus compañeros como de sus profesores”, algo que les ofrece un “proyecto de investigación llamado AVATARES”, en el que trabaja con su equipo.
—Usted lleva muchos años estudiando el impacto de la tecnología educativa y la IA en la educación. ¿Por qué decidió empezar a estudiar estos temas y cómo fue su formación?
—Yo siempre quise ser profesora universitaria, dedicarme a la investigación en educación y a la formación de futuros maestros, pedagogas y profesionales de la educación. Mi formación académica incluye una licenciatura en ciencias y filosofía de la educación y soy doctora de ciencias de la educación. En mi formación de licenciatura me di cuenta de que había un ámbito que me llamaba especialmente la atención, que era el ámbito de la tecnología educativa porque yo era muy consciente de que las TIC son herramientas que iban a estar evolucionando constantemente y que podían tener un papel muy importante en la educación. Podían ser herramientas útiles para mejorar los procesos de aprendizaje del alumnado o la actividad de enseñanza del profesorado. Por lo tanto, para mí fue un elemento fundamental centrarme en un tema, que fue la tecnología digital, y en conocer las tecnologías y explorar formas de uso válidas para mejorar los procesos de aprendizaje y los procesos de enseñanza. Por esa razón elegí este tema.
Realmente, cuando yo lo elegí, en la década de los noventa, no me imaginaba que pudiera tener esta evolución tan grande. Pero sí que es verdad que hoy en día se ha convertido en uno de los temas de investigación que más crece; sobre todo el que más rápido evoluciona y, por lo tanto, el que más información necesita.
—En los años noventa, como usted dijo, nadie podía imaginarse que pudiese llegar hasta este punto la tecnología. ¿De qué modo llegó usted a pensar que estaba perdiendo el tiempo o que la tecnología no avanzaría más?
—No, nunca. Porque en aquellos tiempos fundamentalmente las tecnologías que se utilizaban en la educación eran los ordenadores y el video, la tecnología audiovisual. Pero ya empezaba Internet a tener un papel importante. Nunca pensé que perdería el tiempo ni mucho menos porque, a medida que se desarrollaba Internet, empiezas a ver cómo empieza a generar información y posibilidades de cooperar. Por eso nunca tuve esa sensación.
Pero, cuando yo me formaba como investigadora y cuando empecé a dar mis primeras clases con la profesora Beatriz Cebreiro, utilizábamos en la formación de maestros una proyección audiovisual que se llamaba “Art Futura”, que era un documental sobre una feria internacional que se celebraba anualmente y en la que se presentaban las tecnologías del futuro. En aquel momento eso era futurista, porque se veía la robótica aplicada a la cirugía y era algo impensable. Siempre digo que lo que veía en esas ediciones de “Art Futura” se ha ido realizando y materializando. Luego hemos visto “Matrix”, en la que se mostraba la realidad inversiva del futuro, pero ahora estamos viendo cosas que, aunque limitadas, siempre van yendo a más tecnológicamente, lo cual no quiere decir que se vaya a más en cuanto a mejora social. Eso lo tenemos que hacer los profesores, conseguir que estas herramientas y que cualquier tipo de tecnología ayude a aprender y a ser una sociedad mejor.
—Usted es la directora del Instituto de Investigación de Ciencias de la Educación de la USC. ¿Cómo trabajan diariamente para fomentar el uso de la tecnología en las aulas?
—Fui la decana de la facultad hasta hace unos años y ahora dirijo el Instituto de Investigación de Ciencias de la Educación. Como decana, mi actividad día a día fundamentalmente se centraba en garantizar que los futuros maestros a los que formábamos en educación recibieran una formación de calidad y, entre esa formación está el aprender a utilizar correctamente las tecnologías cuando están con vosotros en el aula. La IA, por lo tanto, es una herramienta que hoy en día está impactando con mucha fuerza. Por lo tanto, mi tarea como decana era tratar que estas herramientas también formaran parte de la formación de los maestros. Pero ahora estoy en un rol diferente, ya no de directora de un centro, sino de directora de un instituto de investigación y el papel que desarrollo es distinto. Mi día a día es coordinar a un conjunto de grupos de investigación y de investigadores que se preocupan por distintas problemáticas de la educación. Una de ellas es la IA y las tecnologías en la educación. Ahora mismo estamos participando y colaborando en las recomendaciones de la Consellería de Educación al profesorado para que haga un uso seguro y adecuado de las herramientas de IA, pero también estamos haciendo investigaciones. Necesitamos saber cómo utilizáis vosotros la IA actualmente, para qué la utilizáis y si esos usos son buenos o no tan buenos. También necesitamos saber cómo proponeros otros usos. Es decir, que si utilizáis herramientas de IA generativas como ChatGPT o Copilot para crear imágenes, para hacer presentaciones, para ayudaros a traducir o para redactar textos, vosotros debéis usar esas tecnologías de forma segura. Primero siendo conscientes de que trabajan con algoritmos y con normas que nosotros desconocemos, y eso puede llevar a errores, lo que llamamos “sesgos”. Por lo tanto, no todo está contemplado, no toda la información con la que trabajan es verdadera, y nosotros investigamos para saber cómo trabajáis con esas herramientas y cómo podemos ayudaros a trabajar bien.
Por otra parte, si ahora estáis usando una IA de creación de imagen, tiene que ser útil para que vosotros aprendáis con ella pero, en ningún caso, que ella aprenda por vosotros. Además, si tenéis que aprender a estructurar bien un texto, es una mala idea pedirle a la IA que haga eso. Primero, tendré que saber cómo la IA me puede ayudar, pero haciendo yo la tarea de aprendizaje. Si dejamos de aprender apoyándonos en la IA, lo que hacemos es retroceder porque el aprendizaje es necesario para vivir y trabajar en el futuro. Si se sustituye el aprendizaje, el leer correctamente, el explicarse correctamente, el realizar cálculos adecuados, el relacionarse, el conocer el entorno o el analizar una obra literaria, y si se deja que eso lo haga la máquina, se saldrá del sistema educativo con un problema.
Por eso en el ICE nos dedicamos a conocer qué usos hacéis no solo vosotros, sino el alumnado de todos los niveles y otro tipo de colectivos, pero también a experimentar con las tecnologías. Ahora mismo estamos desarrollando herramientas alternativas a “ChatGPT” para ayudar en el aula. ChatGPT es un sistema de modelaje del lenguaje, pero podemos trabajar con uno que lo tengas instalado en un equipo del colegio y que esté entrenado para ayudarte a entender algo, para responder a tus preguntas o para formularte otras. Estamos intentando llevar esa IA genérica que tenéis en las redes a las que podéis acceder al contexto educativo con aplicaciones específicas que realmente sirvan para aprender y no que hagan vuestro trabajo, debido a que eso implicaría que no aprendéis.
—Durante su larga trayectoria profesional ha publicado una gran cantidad de trabajos. ¿Cuál es el que más le ha costado hacer y por qué?
—Creo que el que más me ha costado realizar fue mi tesis doctoral. Porque si en algún momento alguno de vosotros decidís hacer vuestra tesis doctoral cuando terminéis vuestros estudios universitarios, sabréis que es un trabajo al que hay que dedicarle mucho tiempo, muchas horas y mucho esfuerzo. Para mí fueron más de tres años de trabajo. Quizás fue el que más me costó porque, mientras lo hacía, aprendía a investigar. No era el más difícil, pero para hacer una tesis doctoral tienes que aprender a investigar. Tienes que aprender lo que es y cuáles son sus pasos.
Respecto a mis trabajos, el más reciente que hemos publicado está siendo el que más impacto tiene y está relacionado precisamente con la IA. Hemos hecho un estudio internacional para saber qué se está haciendo en educación con las aplicaciones de IA. Es un estudio documental en el que hemos analizado miles de documentos y está siendo muy consultado porque es un tema nuevo en el que todavía no hay trabajos.
—Usted ha coordinado diferentes programas europeos en los que ha participado este centro. ¿Cuál ha sido el que mejor ha funcionado y por qué?
—El que he tenido más presente ahora mismo, fue el proyecto en el que trabajamos juntos, que fue uno llamado ATS STEM, en el que trabajamos con el profesor Sacido. Este era un proyecto que estaba orientado a cambiar la forma en la que los profesores trabajamos en el aula, y, sobre todo, también implicaba relacionarse con otros profesores. Es decir, que cuando yo aprendo literatura, al mismo tiempo desarrollo mi competencia digital y, a la vez, aprendo también aspectos que tienen que ver con el entorno geográfico o con el entorno patrimonial. Por lo tanto, este proyecto es multidisciplinar y, de hecho, vamos a seguir continuándolo con más proyectos. Era un proyecto que encajaba muy bien con la forma en la que trabaja el profesorado de este centro en 1º de la ESO y era muy importante porque nos permitía y nos permitió estar en el aula y aprender también de ello.
—Uno de sus últimos trabajos publicados habla sobre la “Telepresencia para alumnos con enfermedades crónicas o de larga duración”. ¿Qué factores le parecen imprescindibles para favorecer el proceso educativo de estas personas y por qué?
—Estamos hablando de compañeros de clase a los que un día se les diagnostica una enfermedad y tienen que estar en el hospital y fuera de clase durante mucho tiempo. Estos alumnos son pocos, pero son alumnos que necesitan un apoyo especial, tanto de sus compañeros como de sus profesores. Y justo en esa realidad es donde se desarrolla el proyecto de investigación que llamamos AVATARES. En estos casos, cuando a uno se le detecta una enfermedad y tienen que pasar una cirugía o estar en el hospital o realizar un tiempo prolongado de curación, ese proceso impacta en sus emociones y justo en ese momento es cuando más necesidad de apoyo tienen y cuando más necesitan a los compañeros. Por eso, a través de robots sociales controlados por el compañero o compañera que está en el hospital o en casa convaleciente, garantizamos y facilitamos que esté en clase aprendiendo. Porque, si no, la desconexión es muy grande y pueden pasar 9 o 8 meses sin verse. Por otra parte, es bueno también que sepamos nosotros cómo está, cómo evoluciona y cuándo va a volver. Por lo tanto, este proyecto hace eso que esos niños, desde su casa o el hospital, puedan estar presentes físicamente, llenar ese pupitre que queda vacío interaccionando a través de un robot que le permite hablar, escuchar y expresar emociones de tal manera que, si se hace un trabajo en grupo, yo podría estar en la mesa y mi compañero podría estar ahí; o, si yo me voy a hacer una actividad extraescolar o me voy al patio, me lo llevo conmigo. Se trata de evitar el aislamiento social que se produce en estos casos porque en esos momentos duros, que es cuando más nos necesita.
—Dada su larga experiencia con las tecnologías en la educación, ¿qué le recomendaría a los profesores de hoy en día con respecto al uso de las tecnologías y la IA en las aulas y por qué?
—Les recomendaría prudencia y, sobre todo, que no se dejen llevar por las presiones de las modas, porque cada vez que sale una tecnología nueva como ChatGPT hay mucha presión. Esto sucede porque la sociedad entiende que, si no usas esas tecnologías, no eres moderno o no eres innovador. La recomendación sería que todo profesor tiene que estar muy atento a cómo evolucionan las tecnologías, y debe conocer las tecnologías hay en el mundo y qué tecnologías usáis vosotros, pero tiene que ser muy prudente en su incorporación. Por lo tanto, debe incorporarlas exclusivamente cuando tenga claro para qué y cómo, porque muchas veces la presión social lleva a hacer las cosas rápido y, a veces, trae más problemas que beneficios.
—¿A que se refiere con esa presión social?
—Al final, el mundo de las tecnologías es un mundo de la industria y de la economía, y, cuando una tecnología sale al mercado, lo que quieren sus creadores es venderla y esto implica llevarla a casa, llevarla a la empresa y llevarla también al sector educativo. El sector educativo es un sector muy importante, entonces muchas veces esa forma de lanzar una tecnología genera muchas expectativas. Es decir, dices que puede hacer cosas que en realidad no puede. Además, implica que rápidamente el profesorado, las familias o el gobierno les están exigiendo que la usen, y esa presión funciona. Hay profesores que confunden la innovación con la moda, y son cosas distintas. Además, con estas tecnologías, sobre todo con las IA, hay que ser muy prudente porque tienen muchos elementos que desconocemos y que debemos conocer todos antes de utilizarlas en el aula.
—Sabiendo que en los próximos años el mercado laboral va a cambiar drásticamente, ¿qué estrategias deben seguirse en las escuelas para adaptarse a estos cambios?
—La primera cuestión es que las escuelas no forman trabajadores, pero sí tienen que formar al alumnado en habilidades que son imprescindibles para trabajar. Yo os daría una recomendación muy clara: hoy en día la escuela es un lugar en el que acumulas conocimientos, aprendes datos, hechos, procedimientos, pero también es un lugar donde tenemos que aportaros habilidades y ayudaros a saber hacer cosas, a comprender la realidad y a ser autónomos. Por lo tanto, la escuela tiene que identificar aquellas habilidades que son imprescindibles para el futuro e incorporarlas en el proceso educativo. Es evidente que para el mundo del trabajo la capacidad de comunicación es una habilidad fundamental. O es evidente que para trabajar el manejo de las tecnologías de la competencia digital es fundamental. Pero también es importante, por ejemplo, la capacidad de controlar las emociones de uno y de afrontar las diversidades. Todos esos elementos que son necesarios para trabajar en estas edades de la escuela van a ser también muy útiles en el mundo del trabajo. Por lo tanto, mi recomendación es que pensemos muy bien lo que tienen que aprender nuestros alumnos mientras están con nosotros y que seleccionemos y prioricemos. Todas estas habilidades se llaman claves, competencias transversales, que antiguamente se llamaban blandas porque se consideraba que no eran importantes, pero son fundamentales. Por último os recomiendo la competencia en una lengua extranjera. Sobre todo, el dominio del inglés.
—Usted es una de las investigadoras principales, junto a varios compañeros de profesión de la USC, de una página web llamada “Tecnoeduc”. ¿Qué objetivos buscan con esta iniciativa?
—Tecnoeduc es el grupo de investigación al que yo pertenezco. En la universidad la investigación se realiza en diferentes grupos. En la facultad de educación hay 11 grupos diferentes. Tecnoeduc lo dirige la profesora Beatriz Cebreiro e investiga de una manera específica en la tecnología educativa. Otros grupos trabajan en la didáctica de la lengua o el aprendizaje de las matemáticas, pero en nuestro caso nos centramos en la aplicación de las tecnologías en la educación. Es una página para hacernos visibles. Quien quiera leer o trabajar con nuestras publicaciones, quien quiera solicitar una colaboración, nos ve. Nosotros aprovechamos esta web para distribuir todos los resultados y productos que tenemos, como publicaciones, software que hacemos o apps para evaluar la competencia digital del profesorado. Por lo tanto, es un espacio donde divulgamos e intentamos, como investigadores, llegar a la gente. No quedarnos solo con el mundo científico.
—Continuando con la web ”Tecnoeduc”, ¿cómo podría esta ayudar a avanzar en el proceso de aprendizaje actual a uno más personalizado?
—Fundamentalmente a través de una de las líneas de investigación de nuestro grupo, que tiene que ver con el diseño de escenarios flexibles del aprendizaje, puesto que todos los proyectos o iniciativas que desarrollamos en esta línea están enfocadas en experimentar con la creación de materiales interactivos o con herramientas colaborativas. Incluso a diseñarlas y programarlas.
En ese sentido, nosotros trabajamos muy estrechamente con el Centro de Supercomputación de Galicia. El CESGA tiene una área de e-learning, y hay un equipo de investigadores que tienen capacidad de diseñar tecnología. Por ejemplo, ahora mismo estamos trabajando con robots sociales, y algunos alumnos que están en prácticas realizan sus pequeños bocetos y diseños.Os hablaba antes de una alternativa a Chat GPT para trabajar de forma segura en el aula y con textos y materiales controlados por el profesor. El CESGA nos da ese apoyo técnico y hacemos un tanteo en el que diseñamos, desarrollamos experimentos y, una vez que vemos que funcionan, los ponemos a disposición de aquellos profesores o alumnos que lo quieren. Lo que intentamos es desarrollar herramientas, aplicaciones y métodos alternativos a los comerciales. Sobre todo, intentamos que esas herramientas impliquen formas diferentes de trabajar en el aula, como estáis haciendo aquí.
—¿De qué modo “ArtFuturo” le ha ayudado a dar clases en su carrera?
—Es muy importante, ya que ahora hablamos de Inteligencia Artificial, pero el audiovisual es muy importante en la educación. Para mí era fundamental porque me permitía ayudar a que el alumnado comprendiera que la tecnología no era estática, sino que era algo que evolucionaba continuamente y que, además, era impredecible. Este documental planteaba visiones futuristas con tecnologías que todavía no estaban desarrolladas y que se estaban empezando a inventar. Por lo tanto, a mí me servía como un recurso en el aula que abriera la mente de mis alumnos y les ayudara a comprender el ámbito de la tecnología. Hay que estar aprendiendo siempre, porque la tecnología se desarrolla de una manera vertiginosa, pero también hay que estar frenando ese empuje social del que hablábamos antes para tener siempre el control.
—La IA está avanzando a una velocidad que no era previsible hace no mucho tiempo. Si dentro de unos años se usara solo esta tecnología en la educación, ¿de qué forma sería esto un problema para el alumnado y el profesorado?
—Esperemos que no sea así, pero sí que hay que tomar el control sobre la Inteligencia Artificial. Es evidente que no es nueva, ya que no es algo que haya surgido hace dos años, sino que se lleva trabajando en ella desde la década de los setenta. Sin embargo, en este momento sí que ha habido un salto cualitativo en algún tipo de aplicaciones, como las que trabajan con el lenguaje y las que nos responden y nos ayudan a elaborar cosas como imágenes. Pero sí que es verdad que se van a producir más avances en este ámbito. Lo que tenemos que ser capaces es de que estos avances, primero, no sustituyan a las otras tecnologías, porque uno de los criterios con los que trabajamos siempre es que para aprender hay que trabajar con múltiples recursos, no solamente con uno. Así, cada recurso y cada tecnología nos va a ayudar para algo.
Por lo tanto, yo creo que la Inteligencia Artificial no va a ser la única herramienta, pero probablemente en todas las herramientas habituales se va a incorporar. Por lo tanto, va a estar muy presente. Pero es importante que distingamos, y que sigamos teniendo muy claro cada tecnología, lo que nos va a aportar, para qué nos va a servir, y sobre todo que tengamos claro que la IA va a estar, pero no puede sustituir nuestra inteligencia, no puede hacer las cosas por nosotros. Simplemente, debe estar para ayudarnos a hacer las cosas más rápidas, pero nunca resolverse sin que medie un criterio humano las cosas.
—Si en algún caso la IA sustituyese a los actuales profesores, ¿de qué modo podría la gente estudiar mejor con la ayuda de la IA?
—Yo creo que la IA no puede sustituir a los actuales profesores. Cada vez que sale una tecnología nueva como las redes sociales o las plataformas teleinformáticas siempre se dice que va a sustituir al profesor. Y no. El profesor es un elemento fundamental en el proceso de aprendizaje y, por lo tanto, no, quien diga que la Inteligencia Artificial va a sustituirlo no sabe lo que está diciendo y, además, comete un error. Sin embargo, es verdad que el profesor tendrá que convivir en los espacios educativos con esta herramienta y tendrá que dominarla. Tendrá que tener el control sobre ella para utilizarla conforme sus propósitos o sus objetivos y para sacarle el mejor provecho. Por lo tanto, si la IA llega a sustituir a los profesores, tenemos un problema.
—En el uso de la tecnología y la IA en las aulas, ¿cuáles son los principales retos de aquí en adelante?
—El primer reto fundamental es la formación en competencia digital del profesorado y del alumnado. Ese es un reto fundamental porque el estar formados para las tecnologías es una garantía de que, a medida que van surgiendo nuevas tecnologías, vosotros tendréis las herramientas necesarias para estudiarlas, investigarlas y utilizarlas bien. La formación en competencia digital del alumnado y el profesorado no es la formación de ChatGPT, sino la formación en elementos importantes que van a servir para cualquier tecnología: la ética, la protección de datos, la comunicación y la colaboración. Tenéis que conocer el lenguaje y tenéis que saber que detrás de la Inteligencia Artificial hay algoritmos, reglas que toman decisiones; y esas reglas las desarrollan personas que pueden no coincidir con tus reglas o con tu forma de ver las cosas.
Por otra parte, otro reto importante son noticias como las de hoy en la prensa donde hay iniciativas de prohibición de la tecnología en las escuelas. En este sentido, lo que hay que hacer es ayudaros como alumnos, sobre todo, cuando estáis fuera de la escuela, que son los momentos en los que usáis de forma más intensiva y de otra manera las tecnologías. Hay que ser responsable con ellas y debéis protegeros porque vosotros habéis nacido en un tiempo en el que las tecnologías también forman parte de la vida diaria, pero eso no quiere decir que tengáis la capacidad para usarlas bien. Por lo tanto, es importante que os ayudemos a ser autónomos y a utilizarlas con seguridad y competencia digital. Algo que debe hacer el profesorado también.
Por último, otro elemento fundamental para que las tecnologías funcionen en el sistema educativo es dejar hacer a los profesores, que son los que más saben. Se debe respetar su criterio y recurrir a ellos a la hora de tomar decisiones.
—Usted mencionó que en un futuro la IA podría ayudar a los profesores. ¿De qué manera o cómo podría hacer esto?
—La IA es un concepto muy amplio, pero hay distintos tipos de IA. Si hablamos de IA generativa, es la que nos permite crear cosas: crear imágenes, crear presentaciones o crear textos. Pero también tenemos la IA discriminativa, que ayuda a diferenciar. Esta es la que se utiliza mucho hoy en día en la medicina, ya que nos permite analizar imágenes, como las radiografías, durante varios meses y durante varios años. Permite analizar de una manera super eficaz la evolución de los campos.
Sin embargo, en educación yo creo que la que tiene ahora más potencial es la otra, la generativa. Ahí va a haber múltiples aplicaciones como Chat GPT, que permite trabajar con el lenguaje. Yo creo que estas herramientas pueden ayudar a generar tutores digitales que os ayuden en vuestro propio estudio personal, y que yo puedo entrenar mediante un prompt, o crear un bot en un entorno cerrado y controlado con un sistema y con una serie de materiales os ayuden y os generen preguntas para aprender, de manera que vosotros podáis ir respondiéndolas y podáis ir valorando y aprendiendo de forma autónoma.
“Yo creo que estas herramientas de IA pueden ayudar a generar tutores digitales que os ayuden en vuestro propio estudio personal”
—Como ya sabemos, la IA puede ser muy perjudicial o muy beneficiosa, pero, ¿cuáles serían los principales problemas y ventajas si la IA se implantara completamente en el sistema educativo?
—Creo que hay dos problemas importantes. El primero sería que todas las decisiones las tomara la IA y que no las tomara quien realmente las tiene que tomar: el profesorado, el alumnado, la dirección escolar o las familias. Uno de los primeros problemas es que la IA tiene que estar controlada y no debe decidir. En Europa las normas sobre la IA ya dicen eso, que no se pueden tomar decisiones importantes para las personas sin que participe una persona. En otros países como Estados Unidos esto no es así, y te pueden despedir en el trabajo o te pueden aprobar y suspender en función de lo que dice una IA. Por lo tanto, es importante que la IA esté controlada y que no pueda tomar sola decisiones que afectan a las personas. La segunda cuestión tiene que ver con la protección de los datos personales. Vuestros datos personales, al igual que los míos, son muy cotizados en la industria de las tecnologías porque con ellos se hace negocio. Si yo sé lo que te gusta y cuáles son tus necesidades, a través de la redes sociales estoy continuamente, de alguna forma, intentando modificarte la conducta. Esto es grave, pero lo más grave es que nuestros datos personales sean utilizados, se filtren, se cedan o que nosotros voluntariamente los cedamos cuando hagamos uso de una tecnología de IA. Es decir, que cuando uso Chat GPT o cuando uso Copilot hay que ser muy conscientes de que estamos dando datos personales cuando instalamos en la tableta una herramienta de estas porque estamos dando datos personales que mañana pueden ser utilizados en contra de nuestra libertad. Porque hay datos personales que no hay porque compartirlos, o que, si los comparto, lo hago con quién quiera. No sé si escuchasteis hace un tiempo que hubo un problema con una empresa que estaba ofreciendo dinero por grabar la retina. La retina es un elemento anatómico tan personal como la huella digital y rápidamente en España y en Europa se intervino porque ese dato permite identificarte personalmente sin ninguna duda, igual que el código genético. Si no tenemos el control de esos datos y los tienen otros, estamos situándonos en una posición de inseguridad importante. Por lo tanto, hay que controlar los datos personales y estar muy atentos cuando usamos estas herramientas para no ceder datos personales y, por lo tanto, protegernos.
—Específicamente, ¿cómo cree que podría mejorar la educación con las herramientas que mencionó anteriormente como los robots o las herramientas online?
—Los robots con los que nosotros trabajamos, los de telepresencia, no tienen Inteligencia Artificial. Pero vosotros posiblemente habéis visto robots con Inteligencia Artificial, como puede ser Piper, un robot humanoide que aparece en las ferias y que baila contigo. Ese robot tiene Inteligencia Artificial y un sistema operativo que está programado para hacer cosas como bailar contigo, contestarte y acompañarte. En cambio, los robots con los que yo estoy trabajando ahora, no tienen Inteligencia Artificial. Son como un avatar físico. Pueden ayudar de muchas formas, sobre todo con el alumnado con diversidad o con el alumnado que está enfermo, facilitando su conexión y facilitando su inclusión mientras no puede estar en el aula. Esto lo hemos visto en Valencia durante la DANA y también hemos usado en los hospitales estas tecnologías. Nos decían las administraciones que después de la DANA algunos niños sufrieron una experiencia muy dura, algo que les generó pánico, y les cuesta ir a la escuela. Los padres y madres están solicitando que les dejen un poco más de tiempo para volver, porque fueron situaciones tan traumáticas las que vivieron, que tienen pánico. Por lo tanto, una herramienta como esta nos podría ayudar a esa reincorporación gradual. Por lo tanto, lo importante es que tengo que conocer la tecnología y tengo que pensar cómo me puede ayudar a resolver un problema.
—¿En qué podrían ayudar algunas plataformas a los profesores para impartir sus clases y cambiar el método tradicional?
—El método tradicional es aprender escuchando, aprender acumulando información, y el método que queremos es aquel en el que aprendes haciendo. Para eso es muy importante que seleccionemos bien los profesores y las plataformas que utilizamos. Si las plataformas que utilizamos, como las de la universidad, replican y reproducen la enseñanza tradicional, estamos haciendo lo mismo y no cambiamos las cosas, sino que seguimos haciendo lo mismo. Por eso es importante elegir plataformas que permitan hacer cosas de un modo diferente. Para conseguir esto es muy importante que la selección de las plataformas esté bien pensada y elegida y que aprovechemos sus funcionalidades y herramientas para proponer en el aula cosas diferentes.