El camuflaje es el arte de ocultarse. De fundirse con el entorno para que nadie pueda verte. Echa un vistazo a esta polilla, por ejemplo...
¡Por todos los cerdos silbadores, ten cuidado de no pisar a esa pobre criatura!
¡Está ahí, delante de tus narices!
¿Te has fijado en cómo se confunde entre las hojas que la rodean? Si fueras un pájaro hambriento de polillas que volara por allí, pasarías de largo ante ella.
Eso es un buen camuflaje.
Por supuesto, si cogiéramos esa polilla y la colocáramos sobre un muro de ladrillo, el pájaro podría verla con claridad.
Lo cual nos lleva a la regla más importante del camuflaje. ¡Analiza tu entorno!
Imagina que estás en el campo, rodeado de rocas, arbustos y hierba. La forma más sencilla de camuflarte es usar lo que te rodea.
Primero, piensa en el color. ¿Con qué vas vestido? Si son prendas en colores verdes, grises o marrones, habrás empezado con buen pie. Pero si vistes con colores llamativos tendrás que disimularlos de alguna manera.
Venga, revuélcate en ese charco de barro.
¿No? ¡Ja, apuesto a que lo harías si fuera una cuestión de vida o muerte!
Ahora restriégate el barro por la cara y por los brazos en franjas irregulares. Y haz lo mismo con las piernas. Si no te gusta el barro, utiliza el hollín de ese árbol quemado.
Eso está mejor. Y ya que te pones, embadúrnate también las hebillas de las sandalias. Y guárdate el broche en el bolsillo. Cualquier objeto brillante podría delatarte.
¿Qué dices? ¿Que por qué usamos franjas irregulares en lugar de cubrirnos toda la piel por igual?
Echa un vistazo a Morg.
Pongamos que la estuvieras observando desde cierta distancia.
¿Cómo sabrías que es un ave? Por su silueta, ¿verdad? Por el contorno de su cuerpo.
Lo mismo ocurre con los humanos. Así que debemos cambiar el contorno de nuestro cuerpo para resultar menos visibles. Las franjas irregulares en la piel te ayudan a conseguir el efecto. Pero también vamos a coger un puñado de estas ramitas y unas briznas de hierba, y a pegárnoslas a la ropa y al pelo. ¡Cuanto más, mejor!
Muy bien. Ahora alguien podría pasar por delante de nosotros sin vernos..., a no ser que nos movamos. Un movimiento brusco puede echar a perder el mejor de los camuflajes.
Fíjate en lo que está ocurriendo a tu alrededor. ¿Está soplando el viento? ¿Se mueven los arbustos? Si es así, tú también podrás moverte.
Despacio. Con cuidado. En silencio. ¡No hagas ruido!
Y de vez en cuando, párate y escucha. ¡Usa todos tus sentidos para descubrir qué está ocurriendo a tu alrededor!
Bien. Ya le estás pillando el tranquillo.
Ahora, ponte a practicar. Y no regreses hasta no estar seguro de que podrás despistarme tres veces seguidas.