Se trata de un libro de contenido ligero donde el autor aboga por ampliar el uso de señales (que no señas) para el desarrollo del juego del dominó dejando atrás el dominó convencional. Digo señales, pues la seña debe ser entendida como trampa, ilegal por tanto en el juego, al no haber sido convenido previamente su uso en la partida, adquiriendo la pareja que la utiliza, de forma ilegal, una ventaja sobre la rival.
En este sentido diferencia los tipos de dominó en: Convencional (admitido por las actuales federaciones, en donde la única señal válida es la pensada, excluyendo la pensada en falso), Con pensada en falso (permitiendo el uso de la pensada aún teniendo una única opción por jugar, de esta forma podemos ampliar el convenio de pensada sobre otros aspectos que no sea únicamente la mera posibilidad de varias opciones de juego), Con indicaciones de movimiento (dominó con doble tiempo donde añadimos, a la señal de la pensada, el gesto de colocación de la ficha rápido o pausado sobre la conveniencia del palo que se abre con la ficha que se juega), Con tecla o golpeado (consistente en jugar la ficha provocando un golpeo o varios sobre la mesa en función de las fichas restantes en posesión del palo que se abre, originario de Cuba), y Con señas o código (utilizando cualquier sistema no convenido ni conocido previamente por la totalidad de los jugadores, incurriendo en trampa).
Dentro del dominó convencional, y en cuanto al uso de tácticas o estrategias, no son muchas las presentadas dejando sobre estas líneas algunas de ellas:
Respecto de la salida, desaconseja salir con doble a fallo, debiendo elegir el doble con mayoría de juego (más acompañado), salvo tener la seguridad de que el mismo esté a salvo (con al menos otras cuatro fichas del mismo palo), aún pudiendo optar por esta opción como jugada más agresiva. También reconoce como válida la salida “Almodovar”, por ficha mixta de ambos dobles, cuando estos vengan acompañados de otros dos, y detrás de una larga pensada. Defiende también el autor la pensada en la salida, de forma que se saldrá con larga pensada cuanto mayor sean los problemas en el levante del salidor y sin pensada en manos sin fallos y sin dobles tras el descarte inicial.
En cuanto al respeto de la mano por el jugador C en su primera jugada, no tapar la salida por doble y jugar sobre la mixta colocada por B, el autor introduce tres excepciones: matar la salida presentando su juego fuerte si con la otra opción queda a fallo de dos palos, matar la salida para no dar falla y mucho menos si esta es grande, matar la salida para no correr los dobles posibles en manos del salidor (matando la salida, dejando palo por debajo de la misma y dando otro por debajo para que pueda acostar sus dobles menores).
El uso de la ficha falla queda limitado a dos ocasiones: para correr un doble que presumimos en manos contrarias (daremos la falla dejando bien acompañadas el resto de fichas) o evitar un cierre adverso (dejando bien protegida la ficha del palo rival con otras para que no nos la puedan sacar).
El resto del libro se completa con alguna partida didáctica, algunos problemas de dominó a modo de los planteados en ajedrez (juega el jugador “X” y gana), y un glosario de términos generalmente utilizados.
Dejar claro que el autor propone el ampliar la comunicación dentro del juego del dominó como variantes a reconocer dentro de las federaciones, de cara a disminuir el uso de señas ilícitas y suplir la necesidad de comunicación entre compañeros, si bien, a mi juicio, cualquiera de estos convenios, de una parte no eliminaría la posibilidad de hacer señas y tomar ventaja de forma ilegal, y de otra podría plantear otra serie de problemas, pues si aceptamos, por ejemplo, el dominó de doble tiempo, donde por ejemplo un jugador puede jugar rápido, en el gesto no en el tiempo, para indicar que el juego le conviene, y luego al terminar la partida se demuestra que no tenía más fichas del palo así abierto, ¿qué serie de penalizaciones se deberían de imponer por haber inducido a error a las deducciones que puede haber hecho la pareja contraria por esta forma de jugar?. En mi modesta opinión el juego de dominó debe jugarse, y defenderse, de acuerdo a las reglamentaciones actuales, donde sea el desarrollo del propio juego la base para la deducción de fichas ocultas en manos del compañero y contrarios. Cualquier otra forma de jugar, no deja de ser eso, otro tipo de juego y no constituye la base y filosofía del dominó por parejas, donde los juegos se compenetran entre compañeros de acuerdo al desconocimiento de las fichas por jugar que no son propias, aún con la posibilidad para el jugador audaz de deducir con cierto nivel de certeza, o con absoluta seguridad, las fichas, o algunas de estas, en manos del resto de jugadores.