La historia marca el fin de la Edad Media con la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453. Con la caída de Bizancio (o Constantinopla), muchos latinos huyeron a Occidente llevando consigo textos clásicos a los cuales el resto de europeos no había tenido acceso. Esto, unido a otros cambios sociales, hizo surgir, hacia el siglo XV, un movimiento cultural que buscaba recuperar el arte clásico de Grecia y Roma, al que se le llamó Renacimiento.


En el Renacimiento surgió un tipo de pensamiento en el cual el ser humano volvió a ser tomado como centro del universo y de las investigaciones, y es visto como una fuente casi inagotable de posibilidades. Este pensamiento humanista influyó en muchas áreas, incluyendo el teatro.


Durante el Renacimiento comenzó un proceso de recreación del teatro clásico grecolatino. La corriente que persigue el estilo, las reglas y las formas clásicas (es decir, las de la antigua Grecia) es frecuentemente llamada corriente clasicista. Sin embargo, al no tener conocimiento exacto de cómo eran las representaciones en las épocas antiguas, las obras clásicas se reconstruyeron nutriéndose del teatro que se había hecho durante esos años y que tenía gran aceptación (el teatro popular, especialmente).