Cuando Jesús tomó el rollo en sus manos, todos en el cielo miraron con suspenso para conocer lo que estaba escrito en el. El Cordero inmaculado abrió sello tras sello, revelando el juicio de Dios:
Primero - el caballo blanco, el jinete era un vencedor que llevaba un arco y una corona. Segundo - caballo de color rojo como el fuego. Al jinete se le permitió quitar la paz de la tierra. El tercero - un caballo negro. El jinete tenía una balanza en la mano. Él trajo hambruna a la tierra. El cuarto sello - un caballo amarillento. Su jinete se llamaba Muerte. El Hades le seguía de cerca, y juntos mataron una cuarta parte de la tierra. El quinto sello revela los que habían sufrido el martirio por causa de su testimonio. Y el sexto sello produjo un gran terremoto, fue tan grande que el sol se oscureció y la luna entera se tornó roja como la sangre las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra. El firmamento se enrolló como un pergamino y todas las montañas fueron removidas.
Los reyes y príncipes de la tierra, los ricos y los pobres, los esclavos y libres, reconocía que había llegado el día de la ira de Dios. “¿Quién podrá mantenerse en pie”?
Padre, hoy me presento delante de ti. Espíritu Santo, límpiame y lléname. Guíame mientras leo la Palabra. Jesús, háblame, toca mi corazón, abre mis ojos, revélate a mi vida, renueva mi mente y fortalece mi fe. Amén.
Los sellos
1 Vi cuando el Cordero rompió el primero de los siete sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes, que gritaba con voz de trueno: «¡Ven!»
2 Miré, ¡y apareció un caballo blanco! El jinete llevaba un arco; se le dio una corona, y salió como vencedor, para seguir venciendo.
3 Cuando el Cordero rompió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que gritaba: «¡Ven!»
4 En eso salió otro caballo, de color rojo encendido. Al jinete se le entregó una gran espada; se le permitió quitar la paz de la tierra y hacer que sus habitantes se mataran unos a otros.
5 Cuando el Cordero rompió el tercer sello, oí al tercero de los seres vivientes, que gritaba: «¡Ven!» Miré, ¡y apareció un caballo negro! El jinete tenía una balanza en la mano.
6 Y oí como una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: «Un kilo de trigo, o tres kilos de cebada, por el salario de un día; pero no afectes el precio del aceite y del vino.»
7 Cuando el Cordero rompió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que gritaba: «¡Ven!»
8 Miré, ¡y apareció un caballo amarillento! El jinete se llamaba Muerte, y el Infierno lo seguía de cerca. Y se les otorgó poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por medio de la espada, el hambre, las epidemias y las fieras de la tierra.
9 Cuando el Cordero rompió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sufrido el martirio por causa de la palabra de Dios y por mantenerse fieles en su testimonio.
10 Gritaban a gran voz: «¿Hasta cuándo, Soberano Señor, santo y veraz, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra muerte?»
11 Entonces cada uno de ellos recibió ropas blancas, y se les dijo que esperaran un poco más, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a sufrir el martirio como ellos.
12 Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto,[3] la luna entera se tornó roja como la sangre,
13 y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval.
14 El firmamento desapareció como cuando se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar.
15 Los reyes de la tierra, los magnates, los jefes militares, los ricos, los poderosos, y todos los demás, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de las montañas.
16 Todos gritaban a las montañas y a las peñas: «¡Caigan sobre nosotros y escóndannos de la mirada del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero,
17 porque ha llegado el gran día del castigo! ¿Quién podrá mantenerse en pie?»
Tómate un momento para reflexionar sobre lo que has leído y orar a Dios en respuesta.
INTERCESIÓN
“Y daré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso del Señor. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho el Señor, y entre el remanente al cual él habrá llamado”. (Joel 2:30-32)
ORACIÓN
Orar por la salvación de aquellos que aún no conocen al Señor.
Orar por su familia, hijos, hermanos y hermanas y parientes.
Orar por sus amigos no salvos, colegas y vecinos.
Orar por cada uno por sus nombres. Pedirle al Espíritu Santo que elimine las barreras espirituales que aún les impidan creer en Jesucristo como su Salvador y Señor.