Un día, Jesús estaba en la sinagoga de su ciudad natal, Nazaret, y le entregaron el rollo de Isaías para que lo leyera. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido...” (Isaías 61). Cuando terminó de leer y enrolló el rollo para devolvérselo al asistente, los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes”, les dijo Jesús.
Pero no lo comprendieron: “¿No es este el hijo de José”? Cuanto más explicaba Jesús, más furiosos se ponían, hasta el punto de estar dispuestos a arrojarlo por un precipicio. Ellos no podían reconocer el Cordero de Dios.
En Apocalipsis 5, se lee que en la mano derecha del que estaba sentado en el trono tenía un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos. Había un ángel poderoso que proclamaba a gran voz: “¿Quién es digno de romper los sellos y de abrir el rollo”? El rollo es muy importante, pero no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido. Juan lloraba y lloraba. Hasta que uno de los ancianos le señala el Cordero inmolado, El Cordero, que también es el León de la tribu de Judá y la Raíz de David.
El Cordero recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre compraste para Dios gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación”.
Padre, hoy me presento delante de ti. Espíritu Santo, límpiame y lléname. Guíame mientras leo la Palabra. Jesús, háblame, toca mi corazón, abre mis ojos, revélate a mi vida, renueva mi mente y fortalece mi fe. Amén.
El rollo escrito y el Cordero
1 En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos.
2 También vi a un ángel poderoso que proclamaba a gran voz: «¿Quién es digno de romper los sellos y de abrir el rollo?»
3 Pero ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, hubo nadie capaz de abrirlo ni de examinar su contenido.
4 Y lloraba yo mucho porque no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido.
5 Uno de los ancianos me dijo: «¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos.»
6 Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
7 Se acercó y recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
8 Cuando lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios.
9 Y entonaban este nuevo cántico: «Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación.
10 De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.»
11 Luego miré, y oí la voz de muchos ángeles que estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era millares de millares y millones de millones.
12 Cantaban con todas sus fuerzas: «¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!»
13 Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: «¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!»
14 Los cuatro seres vivientes exclamaron: «¡Amén!», y los ancianos se postraron y adoraron.
Tómate un momento para reflexionar sobre lo que has leído y orar a Dios en respuesta.
INTERCESIÓN
“Cada uno tenía un arpa y copas llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios.” (Apocalipsis 5: 8b)
“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. (Hechos 4:31)
ORACIÓN
Orar por la vida de oración de los cristianos. Pedirle al Espíritu Santo que instruya a los creyentes para orar con pasión, vigilancia, fe y audacia.
Orar para que las iglesias se conviertan en iglesias que oran.
Orar para que la iglesia ayune y ore por el perdido.
Orar para que los creyentes en su iglesia sean llenos por el Espíritu y que puedan hablar la palabra de Dios con gallardía.