Jesús inicia Su mensaje a las siete iglesias con palabras que todos anhelamos escuchar: “Yo te conozco”. Conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverancia. Conozco tus sufrimientos y tus pobrezas, la calumnia de tus enemigos y la persecución. Conozco tu amor y tu fe y tu servicio. Yo te conozco.
Jesús inicia Su mensaje a las siete iglesias con palabras que todos anhelamos escuchar: “Yo te conozco”. Conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverancia. Conozco tus sufrimientos y tus pobrezas, la calumnia de tus enemigos y la persecución. Conozco tu amor y tu fe y tu servicio. Yo te conozco.
Pero Jesús también conoce cuando abandonamos nuestro primer amor. Él conoce nuestros temores. Él conoce cuando nos volvemos propensos a tolerar aquello que no puede ser tolerado. Él le advierte a Su iglesia sobre las cosas que no son agradables ante Él para que podamos ser victoriosos.
Grandes cosas son prometidas a los que las superen: el derecho a comer del árbol de la vida, no ser heridos por la segunda muerte, el maná escondido, una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo, autoridad sobre las naciones, la Estrella de la mañana. “El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.
Padre, hoy me presento delante de ti. Espíritu Santo, límpiame y lléname. Guíame mientras leo la Palabra. Jesús, háblame, toca mi corazón, abre mis ojos, revélate a mi vida, renueva mi mente y fortalece mi fe. Amén.
A la iglesia de Éfeso
1 »Escribe al ángel de la iglesia de Éfeso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y se pasea en medio de los siete candelabros de oro:
2 Conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles pero no lo son; y has descubierto que son falsos.
3 Has perseverado y sufrido por mi nombre, sin desanimarte.
4 Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor.
5 ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, iré y quitaré de su lugar tu candelabro.
6 Pero tienes a tu favor que aborreces las prácticas de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.
7 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré derecho a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.
A la iglesia de Esmirna
8 »Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: Esto dice el Primero y el Último, el que murió y volvió a vivir:
9 Conozco tus sufrimientos y tu pobreza. ¡Sin embargo, eres rico! Sé cómo te calumnian los que dicen ser judíos pero que, en realidad, no son más que una sinagoga de Satanás.
10 No tengas miedo de lo que estás por sufrir. Te advierto que a algunos de ustedes el diablo los meterá en la cárcel para ponerlos a prueba, y sufrirán persecución durante diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que salga vencedor no sufrirá daño alguno de la segunda muerte.
A la iglesia de Pérgamo
12 »Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: Esto dice el que tiene la aguda espada de dos filos:
13 Sé dónde vives: allí donde Satanás tiene su trono. Sin embargo, sigues fiel a mi nombre. No renegaste de tu fe en mí, ni siquiera en los días en que Antipas, mi testigo fiel, sufrió la muerte en esa ciudad donde vive Satanás.
14 No obstante, tengo unas cuantas cosas en tu contra: que toleras ahí a los que se aferran a la doctrina de Balaam, el que enseñó a Balac a poner tropiezos a los israelitas, incitándolos a comer alimentos sacrificados a los ídolos y a cometer inmoralidades sexuales.
15 Toleras así mismo a los que sostienen la doctrina de los nicolaítas.
16 Por lo tanto, ¡arrepiéntete! De otra manera, iré pronto a ti para pelear contra ellos con la espada que sale de mi boca.
17 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré del maná escondido, y le daré también una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe.
A la iglesia de Tiatira
18 »Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene ojos que resplandecen como llamas de fuego y pies que parecen bronce al rojo vivo:
19 Conozco tus obras, tu amor y tu fe, tu servicio y tu perseverancia, y sé que tus últimas obras son más abundantes que las primeras.
20 Sin embargo, tengo en tu contra que toleras a Jezabel, esa mujer que dice ser profetisa. Con su enseñanza engaña a mis siervos, pues los induce a cometer inmoralidades sexuales y a comer alimentos sacrificados a los ídolos.
21 Le he dado tiempo para que se arrepienta de su inmoralidad, pero no quiere hacerlo.
22 Por eso la voy a postrar en un lecho de dolor, y a los que cometen adulterio con ella los haré sufrir terriblemente, a menos que se arrepientan de lo que aprendieron de ella.
23 A los hijos de esa mujer los heriré de muerte. Así sabrán todas las iglesias que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y a cada uno de ustedes lo trataré de acuerdo con sus obras.
24 Ahora, al resto de los que están en Tiatira, es decir, a ustedes que no siguen esa enseñanza ni han aprendido los mal llamados “profundos secretos de Satanás”, les digo que ya no les impondré ninguna otra carga.
25 Eso sí, retengan con firmeza lo que ya tienen, hasta que yo venga.
26 Al que salga vencedor y cumpla mi voluntad hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones
27 —así como yo la he recibido de mi Padre— y “él las gobernará con puño de hierro; las hará pedazos como a vasijas de barro”.
28 También le daré la estrella de la mañana.
29 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
Tómate un momento para reflexionar sobre lo que has leído y orar a Dios en respuesta.
INTERCESIÓN
Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse unánimes en el Templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos. (Hechos 2:42-47)
ORACIÓN
Orar por la salud y la multiplicación de las iglesias.
Orar para que que en todo lugar del mundo, en cada ciudad, pueblo, montaña o comunidad digital, haya una iglesia saludable que le sirva a miles de personas.
Orar para que todas las prácticas enumeradas en Hechos 2 sean tangibles y arraigadas en las iglesias.
Orar para los testimonios que dan las iglesias puedan traer el favor de la gente y que el Señor continúe añadiendo diariamente a aquellos que han de ser salvos.