“¡Despierta! ¡Recuerda; ¡y guárdalo, y arrepiéntete”!
Como seres humanos somo débiles y necesitamos frecuentes recordatorios sobre la importancia de vigilar en el Espíritu.
Existen tantos factores que pueden cansarnos, adormecernos o volvernos tibios. Comenzamos a sentirnos ricos y que no necesitamos nada; cuando, en realidad, nos convertimos en desdichados, miserables, pobres, ciegos y desnudos. Nos olvidamos de que Jesús viene pronto y que vendrá como un ladrón en la noche, y muchos serán sorprendidos.
Ninguno de nosotros estamos libres de fracasar, pero no hay necesidad de permanecer en el lugar del fracaso. Jesús prometió que, “aquello que ama, son corregidos y disciplinados”. “El toca a la puerta, y está listo para entrar y cenar con aquel que le escucha y le abre la puerta”.
Padre, hoy me presento delante de ti. Espíritu Santo, límpiame y lléname. Guíame mientras leo la Palabra. Jesús, háblame, toca mi corazón, abre mis ojos, revélate a mi vida, renueva mi mente y fortalece mi fe. Amén.
A la iglesia de Sardis
1 »Escribe al ángel de la iglesia de Sardis: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes fama de estar vivo, pero en realidad estás muerto.
2 ¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable, pues no he encontrado que tus obras sean perfectas delante de mi Dios.
3 Así que recuerda lo que has recibido y oído; obedécelo y arrepiéntete. Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón.
4 Sin embargo, tienes en Sardis a unos cuantos que no se han manchado la ropa. Ellos, por ser dignos, andarán conmigo vestidos de blanco.
5 El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.
6 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
A la iglesia de Filadelfia
7 »Escribe al ángel de la iglesia de Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir: 8 Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre.
9 Voy a hacer que los de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos pero que en realidad mienten, vayan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.
10 Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.
11 Vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona.
12 Al que salga vencedor lo haré columna del templo de mi Dios, y ya no saldrá jamás de allí. Sobre él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la nueva Jerusalén, ciudad de mi Dios, la que baja del cielo de parte de mi Dios; y también grabaré sobre él mi nombre nuevo.
13 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
A la iglesia de Laodicea
14 »Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el soberano de la creación de Dios:
15 Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro!
16 Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca.
17 Dices: “Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú.
18 Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista.
19 Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete.
20 Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.
21 Al que salga vencedor le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.
22 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.»
Tómate un momento para reflexionar sobre lo que has leído y orar a Dios en respuesta.
INTERCESIÓN
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo lo recobrará? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz el mundo. Una ciudad en lo alto de una montaña no puede esconderse. Tampoco se enciende una lámpara para cubrirla con una vasija. Por el contrario, se pone en el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos. (Mateo 5:13-16)
ORACIÓN
Orar para que usted sea esa sal, luz y una ciudad en lo alto de la montaña.
Orar esto mismo para sus discípulos y por su iglesia.
Orar por un despertar espiritual en las iglesias en todo el mundo.