Aquí tenemos a Juan, el discípulo amado de Jesús. Ya no es un jovencito, ya su cabello es canoso. Han pasado muchos años desde la última vez que vio a Jesús. Y no es que se le haya olvidado quien era, sólo que había pasado mucho tiempo. Aún recuerda ese día cuando Jesús ascendió a los cielos y una nube lo ocultó de sus ojos. ¿Cómo es el cielo? ¿Qué está haciendo Jesús ahí, en los cielos?
Él anunció que Él iría y prepararía un lugar y luego regresaría. ¿Cómo es ese lugar? Y, ¿cuándo regresará? Juan es paciente y bondadoso. Por décadas ha testificado fielmente sobre Su Señor. Él es un hermano y un compañero fiel en el sufrimiento, pero también en el Reino. La vida aislada en Patmos, lejos de las amistades y los familiares, hace que se sienta un poco solo. Pero ahora tenía más tiempo para escribir, meditar en el Señor y orar.
“En aquel día vino sobre Juan el Espíritu y oyó una voz fuerte, como de trompeta”. Cuando se da la vuelta para ver quien le hablaba, era el que Vive, Aquel quien estuvo muerto más está vivo - su Señor Jesús. Aquel que es, que era y ha de venir, el Testigo Fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Soberano de los reyes de la tierra, el que nos ama y nos ha liberado de nuestros pecados con su sangre, el Alfa y el Omega, el Todopoderoso, el Principio y el Fin.
Padre, hoy me presento delante de ti. Espíritu Santo, límpiame y lléname. Guíame mientras leo la Palabra. Jesús, háblame, toca mi corazón, abre mis ojos, revélate a mi vida, renueva mi mente y fortalece mi fe. Amén.
Prólogo
1 Ésta es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder. Jesucristo envió a su ángel para dar a conocer la revelación a su siervo Juan,
2 quien por su parte da fe de la verdad, escribiendo todo lo que vio, a saber, la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
3 Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca.
Saludos y doxología
4 Yo, Juan, escribo a las siete iglesias que están en la provincia de Asia: Gracia y paz a ustedes de parte de aquel que es y que era y que ha de venir; y de parte de los siete espíritus que están delante de su trono;
5 y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de la resurrección, el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados,
6 al que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre, ¡a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.
7 ¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos, incluso quienes lo traspasaron; y por él harán lamentación todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén. 8 «Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.»
Alguien semejante al Hijo del hombre
9 Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
10 En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta,
11 que decía: «Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea.»
12 Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro.
13 En medio de los candelabros estaba alguien «semejante al Hijo del hombre», vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.
14 Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego.
15 Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.
16 En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.
17 Al verlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último,
18 y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno.
19 »Escribe, pues, lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá después.
20 Ésta es la explicación del misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias.
Tómate un momento para reflexionar sobre lo que has leído y orar a Dios en respuesta.
INTERCESIÓN
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:18-20)
ORACIÓN
Orar por todos los cristianos en el mundo para que la verdad de la autoridad de Jesús en los cielos y en la tierra sea tangible en sus vidas.
Orar para tengamos coraje y la fortaleza de hacer discípulos a todas las naciones.
Orar por el sentido de urgencia que debe haber en nuestras idas conforme nos acercamos al final de los tiempos.