Cayó la palabra petrificada
en mi pecho vivo todavía.
No importa, de hecho estaba preparada,
fuera como fuera, lo superaría.
No es hoy para mí día de calma:
necesito acabar con la memoria,
necesito petrificar el alma,
necesito recomenzar mi historia,–
si no… el caliente susurro del verano,
tal fiesta viene a mi ventana abierta.
Lo había presentido ya lontano–
un día radiante y la casa desierta.
1939 Verano